Selectividad y desigualdad

enCandela

Julián Arroyo Pomeda||

Catedrático de Filosofía de Instituto||

La desigualdad social reina entre nosotros, por lo que el próximo gobierno se propone corregirla como uno de sus objetivos.

Cuando las cosas se plantean mal desde un principio, necesariamente tendrán que acabar mal. La LOMCE ha sido la ley de educación que más controversias levantó por causa del terco fanatismo del ministro Wert, que la impuso gracias a la mayoría absoluta de su partido político. Una vez aprobada, le hicieron desaparecer y el nuevo ministro Méndez de Vigo tuvo que tragarse los marrones pendientes. Uno de ellos, nada menor, fue el asunto de las reválidas que dicha ley contemplaba para superar el Bachillerato, teniendo que retroceder en uno de sus puntos fundamentales.

A toda máquina se vieron obligados a organizar el Acceso a Universidad en el Curso 2016-17. El decreto fue firmado por Méndez de Vigo el 22 diciembre de 2016. Si los nervios están siempre a flor de piel cuando se trata de exámenes, aquí se dispararon, porque a comienzos del segundo trimestre de dicho Curso todavía no se sabía cómo iba a ser la prueba. Alumnado y profesorado echaban chispas entonces. Al final, todo quedó prácticamente como estaba en la PAU (prueba de Acceso a la Universidad, o Selectividad). Fue “el parto de los montes” de Horacio: Parturient montes, nascetur ridiculus mus (“parirán los montes, nacerá un ridículo ratón”). Tanto ruido para esto.

A pesar de la Orden para determinar características, diseño y contenido de la prueba, nada terminó siendo simple y fácil de entender. En cuanto al nombre fue “evaluación de Bachillerato para el acceso a la Universidad”. Obsérvese que solo Bachillerato y Universidad aparecen con mayúsculas. También se trata de un examen, pero el nombre debió parecer fuerte y se cambió por ‘evaluación’. El Bachillerato actual tiene dos cursos, pero la prueba sólo contempla el segundo curso y las materias se organizan en dos bloques: el obligatorio de cuatro (Historia de España, Lengua Castellana, Literatura II e Idioma extranjero, más una de la modalidad elegida, con 10 puntos máximos) y el optativo (dos materias optativas, con 4 puntos). La calificación máxima es de 14 puntos. Finalmente, las Comunidades adaptaron el nombre: EvAU (evaluación de Acceso a la Universidad), EBAU (evaluación de bachillerato para el Acceso a la Universidad). Para evitar el lío la gente sigue hablando de Selectividad.

Este año es el tercero que se aplica la prueba y, claro, ya se sabe que al tercer día resucitó: se intensifica el debate. El problema es el de la igualdad para los estudiantes. Se hacen 17 exámenes diferentes con distintos criterios de corrección, aunque los márgenes estén muy ajustados, y en días diferentes. Parece que no hay un trato igual ni tampoco justo. Si el contenido de cada prueba por materia no es el mismo, las calificaciones tampoco pueden ser las mismas, sino que existirán variaciones. Los criterios de corrección ortográfica tampoco lo son: se puede penalizar una falta con 0,25 puntos, con 0,50, o con 0,1, por ejemplo. Son desiguales también los niveles sociales y económicos de cada Comunidad Autónoma, lo que es otro factor distorsionador de los resultados. Claro que este último no puede arreglarlo ninguna prueba, se trata de otra historia. Luego están las diferencias de recursos en centros públicos, concertados y privados, la ratio de alumnos por aula, el barrio en que se sitúan los centros, etc.

¿Qué hacer entonces? Algunos abogan por una prueba única y en las mismas fechas, lo que no resulta fácil, ya que esto es competencia de las Universidades. Sin embargo, existe distrito único en todo el país para cursar la carrera deseada, por lo que se puede exigir un examen único, de lo contrario se provoca desigualdad. Se podría decidir a nivel nacional o estatal, aunque luego la prueba la ponga cada Universidad. Se cedieron las competencias a las Comunidades, pero esto no es de hierro, porque también se podrían recuperar si es necesario. Otra cosa es que políticamente no convenga o que un Estado centralista y unitario difícilmente se corresponde con la España plural de la actualidad.

Compararse con los estudiantes de todo el país abre horizontes más ricos que sí solo lo haces con los de la propia Comunidad. En un caso empobrece y en el otro enriquece. En todo caso habrá que hacer una reflexión, cuyo mejor momento sería plantearlo en la nueva Reforma educativa del próximo gobierno. No debe esperarse más, porque hay que garantizar la igualdad.

El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.