Valoración del pensamiento como sexto sentido

enCandela

Julián Arroyo Pomeda||

Catedrático de Filosofía de Instituto||

Veamos algunos matices o consideraciones críticas del libro de M. Gabriel, El sentido del pensamiento.

Empezando por la conclusión de que hay que construir una filosofía europea, Gabriel se muestra un brillante expositor con muchas energías juveniles, pero también muy lanzado. Tal filosofía está ya hecha y tiene más de veinte siglos. Otra cosa es que haya que extenderla o completarla. Para ello, Kant sigue siendo la clave de bóveda. Sin embargo, Gabriel dice que él ha superado a Kant en la interpretación del mundo. Esto es claramente un pecado de exceso.

Que la realidad no sea únicamente la naturaleza creo que va de suyo, pero ésta es una base imprescindible. Los humanos no actuamos siempre con la naturaleza, sino al margen de ella y aun contra ella, lo cual constituye una aberración de la que la naturaleza misma no tarda en vengarse por ser de justicia. Y sólo en la naturaleza es donde debe anclarse el respeto a la totalidad de seres vivos que viven en ella. Otra cosa es que también ellos piensen. Para aceptar esto habría que ofrecer hechos y datos argumentados que aquí no se dan.

Nadie negará que no seamos nuestro cerebro, pero de aquí a rechazar la filosofía de la mente de los últimos años va un paso gigantesco. Lo que habría que hacer es dialogar con el neurocentrismo desde la filosofía, partiendo de una base empírica necesaria. Sin la estructura cerebral no se puede hablar de la mente, del alma, de la conciencia, ni de nada. El eurocentrismo no es una amenaza, sino que podría ayudar mucho a comprender la libertad.

Sospechar de las neurociencias y remitirse a la antigüedad clásica solamente podría sugerir que la conciencia se mueve por otros derroteros. Sin embargo, su base biológica es innegable. Querer tanto a Platón no debe impedirnos caer en la cuenta de que el dualismo sigue al acecho. La teoría funcionalista continúa importando mucho.

La teoría del pensamiento de Gabriel es una postura que me parece respetable, pero tampoco es la única. La importancia que concede a los “campos de sentido” también tiene gran interés, pero sin olvidar que no se trata más que de una expresión o concepto para entender la realidad sin necesidad de darle tanta exclusividad.

La cultura occidental ha sido siempre reacia a estudiar la mente como un fenómeno natural, es decir, biológico. Desde Descartes, especialmente, lo material y lo inmaterial (creencias, pensamientos, deseos, sentimientos, etc.) que es subjetivo y mental y de difícil explicación. Sin embargo, los procesos mentales requieren para su explicación raíces biológicas y dependen de la estructura y funcionamiento del cerebro y de las combinaciones genéticas. No todo queda aquí, sino que hay que contar también con lo sociocultural que vuelve a modelarlo. El órgano de la mente es siempre el cerebro y de la actividad de las regiones cerebrales se genera la mente. Que a todo esto se denomine ahora ‘sexto sentido’ es lo de menos, pero sin olvidar la complejidad de su funcionamiento, que solo las neurociencias podrán ir explicando gradualmente.

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