Garzón en Cataluña: Sostenella que no enmendalla

Jordi Cuevas Gemar * || Licenciado en Derecho e Historia || Secretario de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista||
Vicente Serrano** ||Miembro de la Junta Directiva de la asociación Alternativa Ciudadana Progresista||

Cuando se hizo público que IU suspendía su protocolo de colaboración con Esquerra Unida i Alternativa a causa de las reiteradas deslealtades de J. J. Nuet, y que el coordinador general de IU, Alberto Garzón, celebraría una asamblea para presentar su nueva plataforma Esquerra Unida Catalunya en la población barcelonesa de Sant Adrià de Besós –patria chica del magnífico escritor Javier Pérez Andújar–, algunos pensamos que esta medida llegaba tarde y que era, además, claramente insuficiente. Pero, tras asistir, con más reservas que expectativas, a dicha asamblea –que no fue asamblea sino mitin–, hemos podido comprobar que la propuesta de Garzón para Cataluña es aún más decepcionante de lo que habíamos llegado a imaginarnos.

Desde luego, llegaba tarde: como poco, cuatro años tarde, pues ya se tenía que haber afrontado el problema en 2015, cuando Nuet pactó con Podemos, a espaldas de Izquierda Unida, sus listas en Cataluña para las elecciones generales –en aquellos días en que Pablo Iglesias aún decía en público lo del pitufo gruñón y lo de las indeseables mochilas de los comunistas–, y la presencia de Izquierda Unida en el Congreso quedó reducida, a causa de esa traición, a dos tristes diputados.

En aquel momento, un amplio sector de la militancia de Esquerra Unida i Alternativa denunció –denunciamos– abiertamente la situación, y ofrecimos nuestro esfuerzo militante a Alberto Garzón para que IU pudiese presentar listas en las cuatro provincias catalanas. Pero Garzón, entonces, prefirió irresponsablemente renunciar a que Izquierda Unida pudiese tener representación en Cataluña, y siguió dándole palmaditas en la espalda a su buen amigo Joan Josep Nuet, desoyendo aquel viejo consejo de filosofía oriental que nos daba, hace años, el grupo humorista argentino Les Luthiers: “Si alguien que dice ser tu amigo te clava un cuchillo por la espalda… desconfía de su amistad”.

En aquel momento, la decisión de Garzón nos resultó, a muchos, absolutamente incomprensible. Aunque, más tarde, por fin la entendimos: Garzón necesitaba los votos de Nuet en el Consejo Federal de Izquierda Unida para imponerse, y desalojar del poder, al entonces aún Coordinador General Cayo Lara: el último auténtico líder que ha creído de verdad en el proyecto de Izquierda Unida.

Aunque podríamos remontarnos aún más atrás: hasta la II Asamblea de EUiA de octubre del 2000, en la que el antecesor de Nuet, Jordi Miralles, se hizo con la Coordinación General mediante procedimientos poco claros (o sea: mediante tremendo pucherazo) para poder meter a la organización, como convidada de piedra (sin ningún poder real ni capacidad de influencia alguna, pero con un cómodo sillón para sus reales posaderas), en los gobiernos tripartitos de PSC, ERC e Iniciativa per Catalunya. (Posteriormente, Miralles fue defenestrado y condenado al ostracismo por el propio Nuet, cuya ambición personal nunca ha sabido de lealtades.) O incluso hasta la propia fundación de EUiA en 1998, cuando quienes propugnaban –propugnábamos– la constitución de una federación de Izquierda Unida en Cataluña fuimos injustamente excluidos de los órganos de gobierno de la organización, contraviniendo los acuerdos previamente alcanzados, y a pesar de haber sido unos de los más decididos impulsores del proyecto.

Pero, decíamos: además de tarde, decepcionante e insuficiente.

Ciertamente, más de 250 personas abarrotaban el salón de actos del Centro Cultural de Sant Adrià para asistir al acto de Alberto Garzón. Pero calificarlo, como hizo en su presentación Cristina Simó, de “día histórico” puede resultar incluso patético: sobre todo, si se compara con la convocatoria de hace 22 años, que logró movilizar a miles de militantes para la creación de una auténtica alternativa de izquierdas en Cataluña. Oportunidad perdida para haber creado la federación catalana de IU.

Los mismos prejuicios que en aquellos años lo impidieron –miedo a ser acusados de sucursalistas, mantener una organización diferenciada en Cataluña (cosas de la tradición y nada que ver con el federalismo), defender el significante vacío del “catalanismo popular” (que nos trajo la inmersión lingüística), etc.– hoy se han mantenido. Si las expectativas eran pocas –crear la federación catalana de IU–, la decepción, en cambio, ha sido enorme.

Ninguna autocrítica, ningún propósito de enmienda. Perseverancia en los reiterados errores de varias décadas.

Hablar de la larga orfandad de una alternativa de izquierdas en Cataluña, como también hizo Simó, tiene un corolario: EUiA nunca fue la organización de izquierdas que necesitábamos en Cataluña. Podríamos decir que esa fue la única autocrítica que pudimos oír en todo el acto… aunque nos parece, más bien, que debió de tratarse de un lapsus linguae traicionero.

Joan Mena y Nuria Lozano, en sus respectivas intervenciones, reiteraron el mismo discurso: recuperar EUiA, mantenerse en la tradición política del catalanismo popular, seguir trabajando dentro de Catalunya en Comú, situarse equidistantes en una supuesta guerra de banderas y repetir ciertos memes sobre la desigualdad y las injusticias sociales que cualquiera de los asistentes podría haber suscrito: incluso Nuet, el gran artífice del desencuentro.

El diputado de En Comú Podem Joan Mena –contumaz defensor de la inmersión lingüística y del actual modelo educativo en Cataluña, y uno de los promotores del primer “referéndum” independentista del 9N– afirmó sin ambages que el objetivo de las personas allí reunidas no debía ser crear una federación catalana de IU, sino “recuperar EUiA dentro de los acuerdos de su VII Asamblea”; asamblea en la que se aprobó, bajo la influencia de sus sectores más nacionalistas –y por si alguien necesita que se le recuerde–, “la necesidad de abrir un Proceso Constituyente en Cataluña, así como de establecer alianzas entre federalistas, soberanistas e independentistas, para avanzar hacia la República Catalana libremente federada.”

Tras lo cual afirmó, en una velada pero muy insuficiente crítica al transfuguismo de Nuet, que “EUiA no nació para ser el apéndice de la socialdemocracia catalana, ERC”. (¿”Socialdemocracia catalana”, los nacionalpopulistas radicales de ERC? ¿Ése es el concepto de socialdemocracia que se tiene, realmente, en Izquierda Unida o en el PCE? Lo de definir a ERC como “socialdemocracia catalana” demuestra una vez más la enajenación/desconocimiento/buenismo/ingenuidad de una dirección política desnortada. Y acabó rematándolo con la afirmación de que el Estado de las Autonomías había fracasado por “el inmovilismo” del Estado –es decir, no por la deslealtad ni la insolidaridad reaccionaria del nacionalsecesionismo–, y que la alternativa frente a eso no podía ser otra que “el blindaje de la soberanía de los pueblos del Estado.”

En una línea muy parecida, la miembro del Consejo Político Federal de Izquierda Unida Nuria Lozano se mostró estentóreamente indignada por el hecho de que, desde sectores nuetistas, a los promotores de la iniciativa de reconstituir el referente catalán de Izquierda Unida se les hubiese comparado “con los del 155”, o con Ciudadanos. Dirigió también algunas críticas a ERC y PDeCAT “por hacer políticas de derechas” (pero ninguna crítica al desafío procesista a la legalidad vigente, ni a la fractura social que el Procés ha generado en Cataluña), y reiteró que “Catalunya en Comú es la apuesta estratégica de la izquierda catalana, y se han equivocado quienes la han dado por muerta.”

Cuando intervino, por fin, Garzón, lo hizo para decir que habían venido desde IU Federal “a apoyar la iniciativa de los compañeros y compañeras de Cataluña” (es decir: que nadie creyese que IU intervenía motu proprio para poner orden en su casa; seguimos con la retórica de siempre de la organización nacional soberana). Y criticó (de nuevo, en velada alusión a Nuet) “ciertas actitudes personales que entorpecen la defensa de los derechos públicos”, al tiempo que siguió defendiendo “la confluencia con personas de otras tradiciones políticas distintas a las nuestras (¿Con quiénes? ¿Con nacionalistas, con populistas…?), porque eso es lo que debe caracterizar a la izquierda”.

Y ni un ápice de autocrítica: tan sólo se refirió de pasada al “tacticismo de algunos dirigentes” (sin nombrarlos, J. J. Nuet o Elisenda Alemany), y eso fue todo: no criticó nada del proyecto, ni hizo ninguna autocrítica hacia sus propias decisiones, de cómo ha apoyado sistemáticamente durante los últimos cuatro años a esos “líderes oportunistas”, “tacticistas”, a los que ahora atribuye toda la responsabilidad de “los momentos difíciles que ha pasado la organización en los últimos meses”.

Ni una palabra de disculpa ante los compañeros y compañeras a los que él mismo había dejado tirados hace cuatro años, muchos de los cuales estábamos en la sala en ese mismo momento, y a los que ahora venía a reclamar la reconstrucción de EUiA, que no de Izquierda Unida en Cataluña.

Y para acabar, cómo no, una nueva referencia al “reto territorial”, y un ataque tópico al “españolismo rancio que se expresa políticamente en PP, Ciudadanos y VOX” (pincelada gorda y totum revolutum), que se retroalimentaría con el “independentismo unilateral, que a veces actúa como ese españolismo reaccionario” (seguimos a vueltas con la falsa equidistancia), y frente al cual lo que hay que hacer es “reconocer la plurinacionalidad de España, en una República Federal que respete las identidades para no extender el odio” (pero, ¿es que el actual modelo de Estado no ha respetado, acaso, la “identidad catalana”? ¿Y qué hay de la “plurinacionalidad” dentro de Cataluña, y del respeto a la identidad de quienes nos sentimos españoles, andaluces, extremeños, o ciudadanos del mundo, a la vez que catalanes?)

En resumen: que la supuesta asamblea no tuvo nada de asamblea, se quedó en la categoría de mitin de los de andar por casa. Una mesa con cuatro ponentes a los que aplaudir y punto. Un mitin para no cambiar nada, para perpetuarse en los mismos errores que han llevado a IU a la casi irrelevancia política, a ser muletas de una pseudo izquierda peronista/populista que inicia su declive una vez el tsunami del 15M deja de tener fuerza, una vez los poderes mediáticos que lo auparon consideran que mejor volver al clásico bipartidismo PP y PSOE.

Tarde, mal y decepcionante. Mucho nos tememos que seguiremos huérfanos de izquierda en Cataluña. Y para tan parco viaje, no es menester tanta alforja.

Parafraseando a Cervantes:

Garzón, incontinente,
caló el chapeo, requirió el micrófono
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

 

Barcelona, 05 de julio de 2019


* Jordi Cuevas Gemar

Militante de Esquerra Unida i Alternativa y del PSUC Viu desde la constitución de ambas organizaciones, en 1997/1998, y hasta su salida de las mismas en 2018, por la situación de subalternización y la falta de un discurso propio de la izquierda catalana ante el desafío antidemocrático, autoritario e insolidario representado por el Procés.

** Vicente Serrano Lobato

Participó en la Asamblea Constituyente de EUiA, número 2 en la lista alternativa “Corriente Federal” que obtuvo un 10% de votos y presencia en el Consell Nacional y en la Comisió Nacional de EUiA. Fue miembro de su primera Permanente (Ejecutiva) y fue expulsado antiestatutariamente de la misma. En la segunda Asamblea abandonó EUiA por el sesgo nacionalista que tomaba la formación. Nuet fue el redactor del protocolo de corrientes internas de EUiA que pretendió y consiguió laminar la “Corriente Federal”.

 

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1 comentario de “Garzón en Cataluña: Sostenella que no enmendalla

  1. Pilar Ruiz Palacios
    9 julio, 2019 at 12:26

    Desde luego la democracia, no existe ni en la izquierda ni en la derecha. Por que esta tan dividida la izquierda? Debería de ser una unida, lo mismo que la derecha, dos grupos, dos firmas de pensar diferentes que se reunieran para debatir las mejores opciones para el progreso y bienestar de la sociedad y siempre contando con la participación de esta. Lo único que se ve es una lucha entre partidos para ver quien llega al poder

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