Mauthausen, la voz de mi abuelo

María Rosa de Madariaga ||

Historiadora ||

Mauthausen. La voz de mi abuelo es el testimonio de Manuel Diaz Barranco, a través de su nieta Inma González. El 5 de mayo, fecha en que los países europeos celebran todos los años la liberación del campo de Mauthausen, la Fundación Domingo Malagón, junto con el Foro por la Memoria Democrática, organizó este año, como lo lleva haciendo desde 2009, un homenaje a los deportados españoles al campo de concentración nazi de Mauthausen. El acto tuvo lugar delante del monumento erigido en su memoria en el Jardín de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid.

En esta ocasión, la Fundación Domingo Malagón quiso que un experto en la materia, Benito Bermejo, nos hablara de lo que significó, para miles de españoles republicanos, la deportación a los campos de concentración de la Alemania hitleriana; el hambre, la miseria, los trabajos forzados, los malos tratos, las vejaciones, a los que fueron sometidos por sus carceleros. Muchos de ellos no vivirían para contarlo. Jamás regresaron.

En este emotivo acto de homenaje y recuerdo a esos deportados, los organizadores del acto tuvieron la inmensa fortuna de estar acompañados de un nieto y una nieta de deportados. Él, el nieto, David Ortiz, profesor de segunda enseñanza, pero músico por afición, deleitó a los asistentes al acto interpretando al violonchelo, dos piezas musicales, el Cant des Ocells, de Pau Casals, y la Canción de los deportados, y ella, la nieta, Inma González, actriz, leyó unas sentidas palabras sobre cómo había descubierto a los 25 años quién había sido su abuelo, a través de unas grabaciones sonoras, que le hicieron unos jóvenes periodistas, y que su madre le entregó.

Como en tantos otros hogares españoles, en el caso de Inma se evitaba hablar de la guerra, a veces porque era demasiado doloroso; otras, por miedo. Como dijo Inma en sus palabras ante el monolito de la Ciudad Universitaria de Madrid, es fundamental darles voz a estos protagonistas de nuestra historia reciente, víctimas del franquismo y del nazismo, grandes desconocidos para una gran mayoría y los grandes olvidados de la democracia española. Pero reproduzcamos sus palabras:

Mi abuelo, Manuel Díaz Barranco, llegó al campo de Mauthausen el 30 de noviembre del 40, con 19 años. Allí conoció a Rafael Castillo, hermano de mi abuela, y a José Castillo, padre de mi abuela, que murió el 17 de febrero del 41 en este campo.

Mi abuelo conoció a mi abuela en el campo, por una foto que recibió Rafael de ella después de un envío de 25 palabras muy vigiladas que los nazis dejaron hacer a los prisioneros. Cuando mi abuelo vio a Carmen en aquella foto le dijo a Rafael que con ella se casaría y desde entonces se empezaron a llamar “cuñaos” dentro del campo. Se agarró al amor y al sentido del humor para sobrevivir a aquel infierno.

Mis abuelos se conocieron en Francia, después de la guerra y la liberación de los campos, se casaron y allí nació mi madre. Pasados unos años pudieron volver a España, a la Línea de la Concepción, de donde era mi abuelo. Ahí nacieron algunos hermanos más de mi madre, pero mis abuelos no estaban a gusto con la España de Franco y decidieron volver a Francia, y mi madre quedó aquí con la hermana de mi abuelo. Así que toda la familia de mi madre está en Francia. Aunque tenemos un contacto continuo basado en el amor, estamos marcados por la distancia.

En mi casa no se hablaba del tema, mi tía abuela, con quien quedó mi madre y que siempre ha vivido con nosotros, había estado casada con un falangista. Yo sabía que mi familia estaba en Francia por el exilio de la Guerra de España, pero poco más. Con 25 años mi madre me entrega unas grabaciones de una entrevista que le hacen unos jóvenes estudiantes de periodismo a mi abuelo y es, en ese momento, cuando conozco su historia completa. Cuando volví a verlo en una visita que le hicimos mi madre y yo, estaba muy enfermo y al poco tiempo murió. No tuve la oportunidad de hablar directamente con él de este tema.

Gracias a esas grabaciones conocí en profundidad a mi abuelo. En dicha entrevista cuenta su huida de España tras la sublevación de Franco y el periplo que le llevó recorriendo Europa hasta el campo de concentración. Su huida a nado de La Línea de la Concepción a Gibraltar, su paso por el Ejército republicano, la dura estancia en los campos de refugiados en Francia, cómo fue apresado por el ejército nazi, su llegada a Mauthausen, el trabajo en las canteras, el campo de exterminio de Gusen, la comida llena de gusanos, los piojos, el frío, el recuento, los andrajos, las muertes por agotamiento, las ejecuciones…

Y todo esto lo cuenta con sencillez, sin dramatismo. Es el discurso en primera persona de alguien que ha presenciado el horror pero que no fomenta el odio. Alguien con la capacidad de ponerse en el lugar del otro, con la capacidad de perdonar. Pero es un discurso que nada tiene que ver con la impunidad y con el olvido.

Personalmente, creo que, si verdaderamente queremos que la historia no se repita, tenemos la responsabilidad de trasmitir lo que pasó”.

Y fue así cómo Inma decidió dar voz a su abuelo, transmitiendo el testimonio de este superviviente de Mauthausen a partir de sus propios recuerdos grabados por él mismo antes de morir.

La obra Mauthausen. La voz de mi abuelo, escrita y dirigida por Pilar G. Almansa, que ha sido candidata a los premios Max 2019 a mejor espectáculo revelación y mejor autoría revelación, e interpretado por Inma González, nos sumerge en el universo concentracionario del horror y la muerte, en el abismo insondable de lo irracional. Hemos querido preguntar a Inma González qué fue lo que la impulsó a dar vida al testimonio de su abuelo, con cuyo fin hemos procedido a hacerle una breve entrevista.

Inma González: Lo verdaderamente impactante

Inma, dices que en tu casa nunca se hablaba de la guerra de España ni del exilio, y que no fue hasta los 25 años, cuando, al escuchar las grabaciones sonoras de tu abuelo, quisiste ponerle voz. ¿Qué fue lo que realmente te impresionó de su relato? ¿Qué fue lo que más te impactó de su vida y sobre todo de su internamiento en el campo de Mauthausen?

Descubrir que mi abuelo había estado en un campo de concentración fue lo verdaderamente impactante. La edad a la que le tocó vivir todo esto. El sentido del humor a la hora de contarlo, sin dramatismo, sin asomo de odio. Y la historia de amor dentro del campo. Mi abuelo conoció al hermano de mi abuela, Rafael, en el campo. Sorprendentemente, les dejaron hacer un envío de 25 palabras a España, 25 palabras muy vigiladas. A mi abuelo no le contestó nadie, pero al hermano de mi abuelo le enviaron unas fotos. En una de ellas estaba mi abuela y mi abuelo le dijo a Rafael que con ella se casaría, y empezaron a llamarse “cuñaos” dentro del campo. Sin duda, dentro del horror y la oscuridad, siempre hay un rayito de luz al que agarrarse”.

¿Podrías describirnos en unas palabras los aspectos que has querido sobre todo poner de relieve? ¿A cuál de los sufrimientos que padeció tu abuelo ha sido para ti más doloroso ponerle voz?

“La verdad es que no ha sido un proceso doloroso, más bien ha sido liberador. Quizás el aspecto más relevante sea el sin sentido de la guerra. Las cosas, aparentemente importantes, se juegan en los despachos, los pueblos y sus gentes son los que las padecen. Hablamos de nuestra historia reciente, pero también, tristemente, del presente”.

¿Crees que este descubrimiento de la vida de tu abuelo ha influido en tu visión de las cosas y del mundo?

“Claramente. En su momento me hizo descubrir una parte de nuestra historia reciente para mi desconocida. Poco sabía de los españoles deportados a los campos de concentración nazis. Y a niveles más profundos, sigo removida y conmovida, y absolutamente asombrada con la capacidad del ser humano de hacer el mal, pero también con la fortaleza y la solidaridad”.

¿Crees que el teatro puede servir de instrumento pedagógico para explicar una realidad, denunciar unos hechos y difundir los valores democráticos?

Sí, claro que sí. De hecho, este espectáculo fue pensado desde un principio para llevarlo a institutos. Y precisamente por ese cuidado que hemos puesto en situar muy bien, todo el tiempo, al público juvenil, hemos conseguido un espectáculo que llega y conmueve a todos los públicos”.

Después de estar en cartel durante meses con esta obra en Madrid, las representaciones cesaron en la capital el 22 de junio, ¿a qué otras ciudades de España tienes proyectado llevar La voz de mi abuelo? ¿Para cuándo piensas volver a Madrid? ¿Será de nuevo en “nave 73”?

“Posiblemente, volvamos a Nave73 en octubre. Y en estos momentos, la distribuidora a+ soluciones culturales, está trabajando duro para conseguir gira por España. El próximo 23 de agosto estaremos en la Feria de Teatro de Castilla y León, en Ciudad Rodrigo”.

 

 

 

 

 

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