Industrias audiovisuales y cultura: ¿Pérdida y erosión de valores culturales?

Estacio Valladares ||

Sociólogo ecuatoriano ||

Si bien varios autores han llamado la atención sobre determinadas tendencias en los hábitos sociales de consumo y en el ámbito político-económico de los productos audiovisuales (J. Majó. 2009; E. García y C. Arnanz. 2008; y F. Campos-Freire. 2013), estas transformaciones operadas no aparecen suficientemente articuladas o explicadas en el contexto de la globalización capitalista y de las dinámicas de transición de las industrias culturales a las industrias creativas.

El sector audiovisual constituye el eje primordial de las dinámicas económicas ocurridas en las denominadas industrias creativas o de entretenimiento, que a su vez han sido sustentadas por el impresionante desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo desde el último tercio del siglo XX que revolucionaron las tecnologías de la información y la comunicación[1].

De ahí que exista una racionalidad y una lógica, que se influencian de manera mutua y convergente, entre las tendencias ocurridas en el sector audiovisual en los ámbitos tecnológicos, de consumo o político-económicos. Aunque dicha racionalidad y lógica implique graves impactos sobre los paradigmas que se han manejado acerca de la cultura y las industrias culturales.

Tanto las concepciones de cultura, incluidas en varias declaraciones o convenciones regionales o mundiales[2] -en las que el denominador común es el reconocimiento simbólico, la identidad y la diversidad- como el alcance de las industrias culturales, han sido diluidas en el proceso de transición de las industrias culturales a industrias de entretenimiento o creativas, producido en las décadas de los años 80 y 90 y asociado al despliegue y desarrollo del capitalismo de las tecnologías de información y comunicación.

Esta pérdida de sentido, que es la otra connotación que tiene el término de lo “líquido” popularizado por el sociólogo polaco Ziggmunt Baumam, tiene consecuencias, por lo menos en tres aspectos clave:

1) El alcance de culturas de entretenimiento o creativas, ensancha la idea tradicional de bienes culturales pero disminuye las posibilidades de identificación de la cultura con bienes simbólicos tradicionales como libros, películas y libros (Daniela Szpilbarg, 2014).

2) El término de industrias de entretenimiento o de ocio, anula toda singularidad y legitimidad de la cultura como el de “contenidos digitales” que borra todos los lazos de creación simbólica en internet con la cultura y su papel intrínsecamente social, “como si la cultura fuera generada por máquinas y redes, sin autores ni sociedades” (E. Bustamante, 2009: 21).

3) Las denominadas industrias creativas han perdido toda complejidad cultural y problematización democrática y se orientan exclusivamente al ámbito del mercado y la renta a corto plazo (E. Bustamante. 2009).

 

Algunas tendencias de la industria audiovisual relacionadas con la cultura

En lo que sigue, discutiré algunas tendencias observadas y analizadas en el sector audiovisual que tengan implicaciones, fundamentalmente en la concepción de la cultura como elemento simbólico, de identidad y diversidad en los ámbitos de España y Europa, aunque intentaré hacer referencias al contexto de América Latina.

 

Pérdida de espacio de la televisión pública

El modelo de televisión pública tiende a perder espacio frente a la televisión privada. No es que solamente el modelo en el que se asentó la televisión pública europea desde mediados del siglo pasado haya sido costoso e ineficiente en términos de su relación inversión/calidad (J. Majó. 2009), sino que, debido a determinadas presiones originadas desde el sector privado, se le fue despojando de la capacidad de sostenibilidad económica.

La televisión se financia y sostiene, fundamentalmente con venta de tiempo publicitario. En España, la reducción publicitaria en la televisión pública que fue traspasada “voluntariamente” a los canales privados, constituyó una reivindicación largamente solicitada por los operadores comerciales agrupados en la Unión de Televisiones Comerciales Asociados (UTECA) (E. García y C. Arnanz. 2008).

Al disminuir las posibilidades de una fuente de financiación, la televisión pública profundizará aún más el modelo de ineficiencia del que partió y desestimulará la producción de programas de tratamiento cultural, reduciendo el coste de producción lo que impactará en su calidad.

Las dificultades de financiamiento de la televisión pública son extensivas al resto de países europeos y se han expresado, paradójicamente, en un contexto de incremento del consumo familiar de televisión y del número de canales (F. Campos-Freire. 2013)[3].   Por otra parte, es probable que, como analiza Joan Majó, crezca de manera paralela a las dificultades de financiamiento de la televisión pública el desinterés de la administración gubernamental por conservarla (2008). La posibilidad de privatizar algunas cadenas televisivas públicas estaría entre los escenarios futuros.

Tendencialmente, se ampliará una oferta televisiva caracterizada por contenidos de “entretenimiento” basados en la combinación de la invasión del mundo cotidiano traducido como espectáculo[4] y modalidades de recuperación acelerada de las inversiones a través de canales de pago, televisión generalistas, IP-TV y cable, y otras modalidades de la televisión privada que serán innovadas y estimuladas por los cambios tecnológicos que se incrementarán de manera incontenible.

 

Transformaciones tecnológicas y pretensiones de colonizar el Internet

La rentabilidad de las empresas de telecomunicaciones, públicas y privadas, avanza al ritmo que las transformaciones tecnológicas operadas en los campos de la comunicación e información. La tecnología 4G de aplicación en dispositivos de la telefonía móvil, está controlada por grandes operadores estatales y consorcios privados que ofertan opciones multicanal adaptadas a la pequeña pantalla de los teléfonos (E. García y C. Arnanz. 2008); en tanto que el Internet constituye el escenario privilegiado de grandes empresas transnacionales que presionan a los Estados para intervenir en un espacio no colonizado de múltiples y dispersas experiencias y actividades de individuos y colectividades de la denominada sociedad civil (E. García y C. Arnanz. 2008).

Las nuevas formas de información y comunicación independiente que ha desplegado el desarrollo de las TIC, abre oportunidades insospechadas para el desarrollo de iniciativas culturales, de intercambio y de creación horizontales entre internautas, usuarios de Internet o participantes de redes sociales. Se ha profundizado el alcance del concepto de “prosumidor” como aquel sujeto con capacidad no solo de recibir información de manera pasiva, sino de generar y reaccionar de forma dinámica.

Sin embargo, el despliegue y uso cada vez más masivo de las TIC plantea interrogantes relacionadas con el hecho de que el acceso a una mayor cantidad de información no va de mano simultáneamente con mayores y mejores niveles de comunicación. La calidad y el conocimiento crítico y contextualizado podrían verse seriamente restringidos[5].  

 

Cine y diversidad cultural

Varias son las tendencias que explican las nuevas realidades que enfrenta la industria cinematográfica. El sistemático descenso de asistencia a salas de exhibición en España, Europa y, en general, en todo el mundo debido a la generalización de consumos y dispositivos digitales (E. García y C. Arnanz. 2008; A. Rubio Alcover. 2008), apenas compensado actualmente por la afluencia de segmentos jóvenes; la penetración y colonización del mercado europeo y latinoamericano por parte de las majors norteamericanas debilita las posibilidades de producción y exhibición de cinematografías nacionales y regionales (A.Rubio Alcover. 2008; L. Bonet. 2002); el desarrollo de propuestas basadas en las superproducciones y películas familiares e infantiles y el paulatino traslado del talento y esfuerzos de los grandes estudios hacia las series de televisión (E. García y C. Arnanz. 2008).

Me interesa, finalmente, examinar la relación entre cine y diversidad cultural a partir de los aportes del estudio de Carmina Crusafon (2013) del programa europeo de apoyo a la industria audiovisual Media en 20 años de aplicación (1991-2011).6

Sus conclusiones en este aspecto son contundentes y reflejan más una retórica oficial que la consecución de los objetivos culturales propuestos. La inversión de aproximadamente 100 millones de euros anuales del programa ha tenido un impacto mínimo en el conjunto de la industria audiovisual europea si se piensa que solamente el Centre National de la Cinematographie de France dispuso de más de 700 millones de euros en el 2011 (Ibid).

Por otra parte, el programa Media ha incidido mínimamente en la difusión del audiovisual europeo sin que haya podido contrastar la tendencia creciente de las producciones estadounidenses en la cuota de mercado europeo y latinoamericano (C. Crusafon. 2013). La nueva propuesta para la continuación del programa Media que se denominará Creative Europe, tanto en sus objetivos como en sus instrumentos de financiamiento está integrada en las categorías de las industrias creativas, marcadas por el énfasis mercantilista y en la minimización del papel de la cultura a favor de elementos como la creatividad y la innovación (Bustamante. 2011. Citado por C. Crusafon. 2013).

Todo esto, en un contexto como el de Europa, atravesado por la presión de movimientos de diásporas y por las dificultades para instalar procesos de diálogo intercultural, y de una probable radicalización de conflictos entre la defensa de lo particular y de lo diferente, que traen las culturas que emigran, con los valores y rasgos culturales comunes de los ciudadanos receptores de la inmigración.

 

Notas:

1 Fritjot Capra (2003). Las conexiones ocultas. Implicaciones sociales, medioambientales, económicas y biológicas de una nueva visión del mundo. Especialmente el subtítulo referido con las precisiones del conjunto de innovaciones e inventos en las áreas de la electrónica: ordenadores, microelectrónica y telecomunicaciones (pgs. 175-178).

2 Entre otras, pero para efectos de este artículo destaco a la “Declaración de México sobre Políticas Culturales” de 1982; la “Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales” de la UNESCO de 2005; y a “La Declaración de Friburgo” de 2007.

3 Según este autor el incremento de consumo pasó de 228 minutos en el 2010 a 235 minutos en el 2011, así como del número de canales que llegó a 8.900 en el 2011

4 Aunque debo reconocer que no soy la persona más adecuada para opinar sobre la calidad de contenidos televisivos, dado que apenas veo uno o dos programas relacionados con editoriales informativos, algunas veces que me he encontrado zapeando me ha ganado la frustración de constatar una generalizada programación derivada del exitoso modelo norteamericano “gran hermano” en los canales nacionales.

5 De ahí la necesidad de pensar políticas culturales de “nueva generación”, si vale el término, para contribuir a decodificar los mensajes, ideas e imaginarios que se instalan en la sociedad. Medidas que, a la par de la entrega de computadoras a escuelas y colegios para su ampliación y generalización, incluyan en los currículos educativos materias relacionadas con el aprendizaje de lectura de contenidos e imágenes de la información que circula en el internet y en las redes sociales, podrían tener una importancia fundamental.

6 Este programa, en sus múltiples versiones y ediciones que fue adoptando a lo largo de este período (Media I, Media II, Internacional, Media Mundus), tuvo entre sus objetivos fundamentales apoyar a la formación de profesionales, desarrollo de proyectos productivos, distribución y promoción de películas y programas audiovisuales y apoyo a festivales de cine, bajo el entendido de que el sector audiovisual europeo es un reflejo de su identidad y patrimonio y que sus productos pueden ser relevantes para la promoción lingüística y cultural (C. Crusafon. 2013).

 

Bibliografía:

Bustamante, Enrique. 2009. “De las industrias culturales al entretenimiento. La creatividad, la innovación. Viejos y nuevos señuelos para la investigación de la cultura”. En: Revista Académica de la Federación Latinoamericana de las Facultades de Comunicación Social. Diálogos de la Comunicación No. 78.

Bonet, Luis. 2002. “Industrias Culturales y desarrollo en Iberoamérica”. En: Néstor García Canclini. Diagnóstico y Propuestas para el desarrollo cultural. México, Santillana. Ed. Iberoamérica.

Campos Freire, Francisco. 2013. “El futuro de la TV europea es híbrido, convergente y cada vez menos público”. En: Revista Latina de Comunicación Social Número 068 (pgs. 89-118).

Capra, Fitjot. 2003. Las conexiones ocultas. Implicaciones sociales, medioambientales, económicas y biológicas de una nueva visión del mundo. Barcelona. Ed. Anagrama.

Crusafon, Carmina. 2013. “La construcción del mercado audiovisual europeo: balance de dos décadas de políticas públicas”. En: Sistema y Sociedad. Número 20, julio-diciembre (pgs. 161-189).

García, Eduardo y Arnanz, Carlos. 2008. “El mercado de los medios audiovisuales en España. La incertidumbre del cambio”. En: Revista TELOS Número 75. Abril-junio.

Majó, Joan. 2009. “La televisión pública: financiación y contenidos”. En: M. Francés i Doménech (coord.). Hacia un nuevo mundo televisivo (pgs. 227-240). Barcelona. Editorial Gedisa, SA.

Rubio Alcover, A. 2008. “La producción cinematográfica y televisiva de ficción: aspectos generales”. En: J, Marzal Felici. Teoría y técnica de la producción (cap. 7, pág. 229-266). Valencia. Editorial Tirant lo Blanc.

Szpilbarg, Daniela. 2014. De la industria cultural a las industrias creativas: un análisis de la transformación del término y sus usos contemporáneos”. En: http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1851-94902014000200007&script=sci_arttext

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*