Enriqueta de La Cruz
Periodista y Escritora
Tiene una voz envolvente esta mujer argentina y una sonrisa limpia. Y posee unos conocimientos profundos de derechos humanos que te expone, así, cálidamente, con sencillez, verdades como puños. Verdades que están ahí para que reflexionemos muy seriamente. Su conversación no puede dejar indiferente. Ella, nacida en la Ciudad de Buenos Aires, es abogada, escritora, poeta; ella, que fue profesora y dice que se está dando el gusto de no trabajar (porque es jubilada), no para de hacer cosas. Aspira a un socialismo con libertad, donde el Estado se ocupe de los derechos humanos, donde sepa que ese asunto no es una elección a su arbitrio, sino que es su primera obligación. Pertenece a la Asociación de Abogados de Buenos Aires, que es una de las asociaciones implicada activamente en la defensa de los derechos humanos y en el respaldo a la querella por los crímenes del franquismo. Esta asociación se ha presentado recientemente en el juzgado pertinente como Amicus Curiae. Y forma parte de la Plataforma de apoyo a la querella. Alicia es comprometida hasta cuando escribe. Sus dos novelas cortas: Alguien escribe por Juan y La novela de Cecilia, que he tenido el placer de leer antes de escribir esta entrevista, nos plantean muchas preguntas necesarias.
Te has interesado por muchas cosas en tu vida, Alicia, y has hecho muchas cosas, bueno, sigues haciéndolas. ¿Qué destacarías?
¿Las dos cosas más interesantes de mi vida? Una es el Derecho y otra es la Literatura. Probablemente tendría que haber estudiado Letras y dedicarme a la Literatura. Pero no ha sido así. Del Derecho me interesa el tema del “conflicto de valores”. Y en estos años en que he dejado de trabajar y he podido dedicarme a las cosas que me gustan, he abordado los temas de la bioética y del medio ambiente, que responden a una temática que enfrenta específicamente dilemas. En el dilema no hay una solución que satisfaga completamente: tomas un camino y, al mismo tiempo, puede ser que el otro lo tengas que vulnerar de alguna forma. La bioética te plantea el problema de la vida, de la muerte, del derecho al nacimiento o desde cuándo uno es persona, o el aborto, o el derecho a la vida del feto, problemas de trasplantes, de genomas. En el ámbito ambientalista ha surgido un nuevo sujeto de derecho que hay que resguardar. Hasta ahora era el hombre, incluso antes de nacer con el derecho a una herencia que se concretaba en el momento del nacimiento, si lo hacía con vida; pero ahora hay un nuevo sujeto, que entró ya en el campo de mira de los que tienen que legislar, que es el ser humano futuro. Hay que pensar en las generaciones venideras. Por eso tenemos que conservar el planeta de alguna forma. Además, surge el principio precautorio.
¿Qué es eso?
No sabes si algo va a ocasionar un daño seguro, pero, por las dudas, se prohíbe ese algo, se reglamenta o, por lo menos, se advierte sobre ese algo. Un ejemplo es el de los alimentos transgénicos, ¿qué hacemos con ellos? No sabemos aún, pero por si acaso… En estos dos campos que te digo, el Derecho ha tenido que esforzarse en buscar, ver cómo legisla nuevos valores y se encuentra a veces con conflictos.
Campos apasionantes los que se abren, sí. Y de los Derechos Humanos en general, ¿qué me dices? Porque eres vicepresidenta de la Comisión de DH de la Asociación de Abogados.
Ahí me voy a extender… Pertenezco a la Asociación de Abogados de Buenos Aires que es una asociación que trabaja mucho por los derechos humanos y que apoya la querella argentina por los crímenes del franquismo. Estuve en la Comisión de Bioética y Medioambiente, pero ahora estoy directamente en la de Derechos humanos porque abarca todo.
Y bien…
En Derecho tenemos dos campos. Uno es el campo en que el Estado debe retroceder ante los derechos que tiene que reconocer a la gente: por ejemplo, a circular con libertad, a elegir autoridades, a expresar opiniones por los medios de comunicación; es decir, el campo de la libertad de la gente. El Estado no tiene que ser opresor, dictador, tiene que reconocer derechos como los derechos de género también sobre los que se está legislando… Pero, después, hay otro campo en que el Estado tiene que ser activo. Sabemos que el hombre es el lobo del hombre y se cometen muchas injusticias y más si estamos en el capitalismo donde el lema, cuando es un capitalismo neoliberal, es “sálvese quien pueda”; “como pueda y quien pueda”. El Estado ahí no puede ser una organización social donde el lema sea ése; debe estar implicado con los sectores más desprotegidos, con los que han quedado rezagados, con los que han quedado excluidos. Ahí es donde tiene que intervenir el Estado, no ser pasivo. Y ahí es donde está muy flojo todo, porque sigue habiendo miseria, sigue habiendo exclusión. Y ¿qué es una organización social donde hay excluidos, donde hay miserables? ¿Dónde están los derechos elementales del hombre?
Claro, es que…
Es que para que el hombre pueda tener una vida digna, tienen que ser cubiertos sus derechos, por ser hombre (no ciudadano), sino simplemente por ser hombre. Solamente estamos proclamando esos derechos, pero vemos que la gente está durmiendo en la calle, está pidiendo limosna; incluso en países, como el mío, donde se está trabajando bastante por los derechos humanos. Y hay que cubrir esos derechos desde los dos puntos de vista o dos campos que hemos visto: los liberales y los sociales. Y en este campo social también hay conflictos, porque hay gente que dice que como trabaja, tiene derechos y como otros no hacen nada, pues no tienen los mismos derechos. Pero, claro, hay que ver cómo nació, cómo vivió, etc., esta otra gente, qué recibió de la sociedad. Quizá se alimentó mal y tiene un problema de debilidad, quizá no tiene fuerza para hacer el trabajo que justamente más fuerza necesita, quizá no tiene una educación como para acceder a los otros trabajos como informática, porque no lo pudo preparar la sociedad y se encuentra realmente fuera de la oferta de un trabajo digno. Entonces el Estado tiene que implicarse y promocionar a la gente que queda fuera. Tiene que implicarse con grupos que tienen problemas de acceso a los derechos. Por ejemplo, en el caso del la ley del cupo femenino para ocupar cargos políticos -que tiene que ver de cierta forma con la exclusión- las mujeres habían quedado muy rezagadas y no era posible ganar puestos: había que imponer ciertos privilegios, que en realidad no son privilegios sino algo para equiparar, como pasa con otros casos: minorías étnicas, etc. El Estado tiene que” legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen la igualdad real de oportunidades y de trato y el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos…” como dice nuestra Constitución.
Sí, porque incluso cuando hay normas y leyes… Ahora, se están saltando a la torera, como decimos en España. Aquí, en el país en que estamos hablando, pasan cosas ya muy delicadas y contra el propio sentido común. ¿Qué haría falta en Derecho para impedir que se haga caso omiso de la ley, para ir hacia delante pero haciendo caso al Derecho y no solo cuando interesa a los poderosos?
Habría que tener conciencia del mundo que hemos aprobado. De lo que hemos aprobado. Por ejemplo, hemos aprobado la Convención de Derechos Humanos, Económicos, Sociales y Culturales que dice en uno de sus artículos algo importante. Dice que el hombre tiene derecho a la vida, a una alimentación sana, a la salud, a educarse, al acceso a la cultura y dice que el Estado debe proveer esos derechos en forma progresiva hasta el máximo de sus recursos disponibles. Pero sólo con una interpretación abierta, progresista, se puede avanzar para trabajar en contra de la exclusión. Porque el Estado puede alegar: ahora no puedo esto o lo otro porque tengo que hacer una autopista, o pagar la deuda externa. Pero por eso son importante los expertos, para interpretar eso; el comité de expertos, que se reúne todos los años y emite observaciones del pacto. Y dónde hay que apoyarse es precisamente en eso del “máximo de recursos disponibles”. La prioridad es ésa: que no haya miseria, exclusión, tratar de hacer una sociedad más justa y más equilibrada… Ahí es donde debe poner el Estado el máximo de los recursos disponibles.
Ya, eso pensamos nosotras, pero quizá debería haber algo más coercitivo para los propios Estados y que no se escapen en estas cuestiones tan graves… Porque, vale, se están haciendo nuevas leyes constantemente y observaciones, pero donde ya hay algo, es tan amplia la posibilidad de interpretación, el margen, que los Estados se pueden escapar… Quizá es el momento histórico, otra vez, de sentarse en una mesa y poner barreras, definir unos mínimos que no se los salte ni el gato.
Claro, porque luego está el “qué hacemos en la práctica”. Para mí lo mínimo es la urgencia que tiene el hombre para su existencia, lo que casi roza su vida animal: la comida, el cobijo, la habitación, su salud. Eso no tendría que estar vulnerado. En un mundo justo no tendría que haber ninguna persona que esté por debajo de ese nivel. Yo no hablo de que vivan todos iguales, aunque a mí no me gusta el capitalismo. Es muy difícil que se cambie el sistema completamente. Pero hay que ir progresando hacia un socialismo con libertad donde el Estado se ocupe de esas cosas y sepa que eso es algo que no puede elegir, sino que es su primera obligación. Y después tendrá otras. Pero, en la práctica, hay que cambiar la cabeza de la gente y eso no se hace de un día para el otro. La ley le puede decir muchas cosas y es bueno que las diga porque tiene mucho que enseñar y, de alguna manera, está haciendo una docencia. Cuando ponemos una ley avanzada sabemos que tal vez se van a buscar de momento las vueltas para no cumplirla, pero tiene que estar ahí esa ley abriendo camino y después el juez tiene que abrir su cabeza también. Por ejemplo, en mi país, un juez, el juez Gallardo, dijo que hasta un pájaro tiene su nido, cuando tuvo que pronunciarse con motivo del desalojo. Desde la Asociación a la que pertenezco acabamos de mandar una carta al jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires porque está desalojando lugares y le da a la gente para un hotel un tiempo pero después esa gente se queda sin nada y hay mucha carencia de viviendas. Y tiene que construir un número de viviendas y anda muy atrasado en la construcción pese a que recibe plata del gobierno nacional. Cambiar la cabeza de los jueces. Empezar desde la facultad, enseñar y remarcar todo esto. Cuando yo estudiaba no se hablaba de derechos sociales, se hablaba más de la propiedad y la libertad; ahora, sí se habla, pero también depende de lo que piense cada uno y de su orientación política…
Se llama mundialmente la atención sobre esto, es verdad y se han extendido las protestas. Tú has estado en escenarios importantes como el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Cuéntanos.
Sí, han sido muy importantes porque justo se habló de eso, de que estos derechos no son una cosa de declaraciones y nada más; que para que realmente digamos tenemos un pacto, tenemos una Convención, hay que cumplirlos. La actividad jurisdiccional tiene en sus manos mucho, y yo he visto ejemplos de que es proactiva. Por ejemplo, en vez de decir tiene que hacerse tal cosa, firmar la sentencia y quedarse tranquilo en su escritorio, el juez tendría que conseguir que le vengan a rendir cuentas, a ver cómo se está cumpliendo la sentencia. En mi país hubo un fallo, en Paraná, dos niñitas desnutridas… Se lleva el caso al juez y el juez ordena al supermercado de la zona que se les provea alimentos, una canasta familiar por un tiempo gratis. ¿Cómo se cobraba el supermercado? Pues lo descontaba de los impuestos que tenía que pagar al Estado. Otro ejemplo: en nuestro país hay un riachuelo contaminando pero hay una comisión y La Corte, que dijo que había que prohibir tirar ya más basura, les fue dando un plazo y citaba a las empresas a ver cómo estaban transformando su manera de sacarse todos los residuos. Y las empresas iban cada tanto a rendir cuentas. Los jueces tienen que ser activos y tienen que preocuparse no solo de dictar las sentencias sino también de supervisar su cumplimiento.
Tenemos todos que ponernos serios porque no puede ser que vivamos en el siglo en que hay un desarrollo brutal, un desarrollo tecnológico y de todo tipo como el que tenemos, con grandes superficies creciendo como setas y enriqueciéndose, y consentir que haya personas que pasen necesidad, cuando todas esas empresas cuando llegan a los países se benefician de ayudas por hacer sus negocios. A mí me parece una burla, por ejemplo, que se pongan unas voluntarias a recoger comida en las puertas de los supermercados y grandes superficies cuando simplemente habría que recoger la cantidad enorme que sobra a las multinacionales de la alimentación y a las grandes superficies, y distribuir todo eso bien. Vale ya de burlas y de que nos quieran ver recogiendo del contenedor basuras, o comiendo lo caducado, y vale ya de paripés que recuerdan a la caridad de siempre…
Todo lo que se tira, sí, hay que cambiar la cabeza de la gente, pero es lo más difícil, fíjate que el hombre ha llegado a descubrimientos increíbles, el genoma humano, la energía nuclear, pero no ha podido todavía encontrar cómo vivir bien, en forma organizada y solidaria.
Es muy importante lo que dices. También sorprende que el hombre, con toda la información que tiene de lo que está pasando, no se haya tirado al monte. Me sorprende, por ejemplo, que no estemos todos ya en la calle con todas las cosas que están pasando aquí en España, que es burla sobre burla. Hay movimientos juveniles, pero queda mucho camino para que todo eso sea eficaz. ¿Por dónde hay que continuar?
Desde ya, pacíficamente, porque ya vimos que pasa con las rebeliones armadas. Yo no estoy a favor de eso; entiendo que las injusticias te llevan a esa rebelión, pero derramar la sangre es terrible. Yo creo que la juventud se tendría que organizar, que hay que empezar desde los colegios a enseñar derechos humanos. Trabajando en Enseñanza Media, me enteré de que, en general, los orientales enseñaban de otra forma. Una forma no competitiva, no interrumpir al compañero cuando habla, dejarle terminar tranquilamente. Y yo lo hacía: pedía que se dejara hablar, aunque fuera a alguien que no hubiera estudiado. Les decía: “quizá se le ocurra una idea interesante que no esté en los libros todavía”. Lo hacía como para enseñarles que lo importante es el pensamiento, no para aprobar que no se estudiara o la irresponsabilidad de no estudiar. Que lo importante es escuchar al otro, no querer sobresalir. No hay que fomentar que unos digan que lo hicieron mejor que los otros. Eso, desde chicos, y enseñarles que el ser humano tiene sus derechos.
Ojalá fuera así, vamos por el camino contrario y así nos va.
La mayoría de la cárceles están llenas de chicos que han sido de vida miserable, de villas; no nos podemos engañar. Hay otros que tal vez sean ladrones, pero están también los más humildes. Entonces: enseñanza en todos los niveles y todos a colaborar, a implicarnos… Mi padre era médico y cuando veía a un trabajador que no podía ir a trabajar y tampoco podía faltar porque no estaba legislada la licencia por enfermedad, tenía que ayudar. Los médicos se tienen que ocupar también de la política, del derecho a la salud. ¿Qué hacen los médicos sabiendo mucho, si no pueden aplicar lo que saben?: sin recursos no pueden trabajar y esto es política del Estado.
Todos tenemos que implicarnos, desde las distintas profesiones.
Claro. Tiene que ser holístico. Los derechos humanos tienen que abarcarlo todo.
Pues volviendo a mi país y lo que pasa. Tu Asociación ya nos has dicho que apoya la querella por los crímenes franquistas. Y hay una plataforma también…
Sí, yo colaboro con la Plataforma de apoyo a la querella argentina por los crímenes del franquismo. La Plataforma la forman muchas asociaciones. Entre ellas, La Asociación de Abogados de Buenos Aires, la de Abogados Laboralistas, El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Servicios de Paz y Justicia, Federación de Sociedades Gallegas, Asociación Argentina de Actores, la Comisión Provincial sobre la Memoria, la Secretaria de Derechos Humanos de la CTA, la Agrupación Federico García Lorca, Mujeres de Artes Tomar, Enlaces Territoriales por la Equidad de Género, en fin, todas esas y muchas más.
Y, ¿qué es lo que hacéis exactamente?
Nos reunimos, estamos al tanto de lo que pasa para seguir apoyando desde allí.
Y creo que la Asociación de Abogados ha dado un paso más…
Sí, se ha presentado en el juzgado pertinente como Amicus Curiae, que quiere decir que apoya la querella, y expone sus argumentos.
Y ¿cuáles son esos argumentos?
En realidad, comparte los argumentos jurídicos de la presentación de la querella o sea que son crímenes que respondieron a un plan sistemático de exterminio de un grupo de personas con ideas políticas y sociales similares y por lo tanto son pasibles de la imprescriptibidad y de la jurisdicción universal;o sea en cualquier sitio del mundo pueden ser juzgados.
Pues me alegro mucho de esta solidaridad que os agradezco.
Estamos alerta también a lo que pasa en nuestro país respecto a los derechos humanos, a lo que pasa con los juicios contra el terrorismo de Estado que se están haciendo realidad gracias a este último gobierno; esto es muy importante. Se está condenando y, por ejemplo, ahí tenemos el caso de Videla, que estuvo mucho tiempo preso en su domicilio (a tres cuadras de mi casa, lamentablemente), luego pasó a una cárcel común… Y, bueno, la Asociación de Abogados está abierta a cualquier tema que se nos quiera acercar.
Pues insisto, gracias por estar ahí para todos los que os necesitamos. Pero díme, hemos dejado para el final la literatura; has escrito poesía, creo; novela… También ahí comprometida…
En realidad, me he dedicado más a la poesía: Una vez una voz fue la primera publicación, de la Universidad de Buenos Aires, en colección que se llama “Libretas del Rojas”. Exigencias del ausente, del 2005, la editó Alhucema Ediciones. Y participé en antologías de la Casa de la Poesía, que las hizo la Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y en otras que hicimos “Gente de Lunes”, un grupo que nos reunimos los lunes, (de ahí el nombre) y que hemos publicado también. Tuve la suerte de escribir con dos compañeros más un libro de cuentos que se llama Del cristal con que se cuente, en 2004, y hace tres años publiqué dos novelas cortas: La novela de Cecilia y Alguien escribe por Juan. Fue un placer escribirlas. Las dos novelas tienen que ver con quién está escribiendo. Y no son novelas que traten especialmente de derechos humanos pero sí los rozan. En La novela de Cecilia describo el encuentro de un nieto con su hermana y con su abuela. Me puse en su lugar y lo escribí. Fue escrita hace cinco años y hace poco se produjo el encuentro de la señora de Carlotto con su nieto suceso que fue muy emotivo. Y en la segunda, escrita hace diez años, se habla de uno de los caídos por la represión; se hace una reflexión sobre esto. Otro tema que insinúa esta novela es el de la eutanasia, derecho que creo que tendría que reconocerse, el derecho a una muerte digna.
Y sigues…
El plan ahora es publicar otro libro de poesía. Tengo mucho escrito. También hice un trabajo sobre la exclusión social que fue premiado y presenté un trabajo sobre salud en Cuba, sobre la necesidad de una bioética para América. Fui con la Asociación Americana de juristas, a la que pertenezco, y que está presente en toda América.
Pues he leído estas dos novelas cortas que has citado y debo decirte que me han emocionado mucho y son muy buenas; las recomiendo porque verdaderamente hacen pensar, y están escritas con mucho corazón, mucha sensibilidad. Son pura poesía en prosa. Además se plantean los eternos misterios del arte de escribir, esas cosas que nos pasan a los escritores que parece que nos llevan de la mano los personajes. Y no desvelo más…Háblanos de otra obra colectiva en la que has participado: El guardián de los vientos. Es un ensayo, ¿verdad? Tiene un nombre precioso.
Es una obra en la que participan varios profesionales, entre ellos, médicos psicólogos, abogados, que abarca temas de bioética como el genoma humano, la Declaración sobre Genoma Humano y Derechos Humanos (UNESCO-1997) embarazos múltiples, cuidados paliativos; en general reflexiones interdisciplinarias sobre Ética en Medicina.
Pues, no, no has estado ociosa precisamente y ahora tampoco paras. Quizá quieras hacer algo más aún…
Tendrían que ayudar a los jóvenes a colaborar, organizarlos para colaborar. Yo ya estoy jubilada y me estoy dando el gusto de no trabajar para dedicarme a las cosas que me gustan, pero si el Estado me pidiera unas horas de colaboración solidaria en algo y fuera obligatorio, yo lo haría. Ahora colaboro de alguna forma, pero sería una idea buenísima. Si a los militares que viven en mi barrio que están ahí jugando tantas horas al futbol, que hacen marchas y todo eso, se les organizara para trabajar, para ir a una villa, enseñar unas horas, por ejemplo, sería estupendo. Si la juventud se organizara así sería estupendo y no estarían solo con la droga, con el no saber qué hacer.
Es decir, tu propones no solo dejar la solidaridad a un acto voluntario, que ya hay mucha gente solidaria que colabora, sino que dices que hay que ir a algo más…
Sí, a organizar esa solidaridad.
Pues, sí, sería estupendo. Muchas gracias, Alicia, y que tengamos pronto entre nuestras manos otro libro de esos maravillosos tuyos y otro panorama más claro, con Justicia y con los crímenes franquistas condenados. Mucha salud y mucho ánimo con ese proyecto genial de un mundo de socialismo con libertad que comparto plenamente.


