Crónica Popular ||
El viernes 13 de noviembre dejó en París el mayor atentado terrorista en suelo europeo – 132 muertos y 350 heridos – después de que el 11 de marzo de 2004 varios trenes de cercanías fueran explosionados simultáneamente en Madrid, segando la vida a 193 personas e hiriendo a otras 1.400. Si entonces España fue ensangrentada vilmente, ahora Francia ha sido de nuevo el blanco del terrorismo yihadista menos de un año después de que el mismo irracionalismo asesinara a otras doce personas, un policía y once periodistas, tratando de acabar a tiros y al grito de «Al·lahu-àkbar» (‘Dios es [el] más grande’) con la libertad de expresión que desde 1969 ejercía la publicación satírica Charlie Hebdo.
Aquel 7 de enero de 2015, Crónica Popular condenó el sangriento atentado titulando la amplia información que proporcionó a sus lectores con el lema que en todo el mundo alzó su voz contra quienes la querían acallar: Je suis Charlie. No mantuvimos entonces ninguna duda en nuestro rechazo tajante al terrorismo y sentimos un profundo desprecio por aquellos pocos que, desde la izquierda, hicieron público un vergonzoso y lamentable Je ne suis pas Charlie…Tan vergonzoso y lamentable como quienes lo escribieron en algunos foros de Internet, dejando al descubierto su escasa altura política y moral. Hoy igual que ayer, quienes hacemos este semanario expresamos resueltamente nuestra más firme condena de esta nueva masacre yihadista, reivindicada por el autoproclamado Estado Islámico, cuyos comandos dispararon sus kalashnikov contra cientos de gentes indefensas al tiempo que alababan a su dios, en nombre del cual se convirtieron en vulgares y cobardes asesinos. Hoy, quienes formamos el equipo de Crónica Popular decimos con millones de personas Todos somos París…
Nadie nos podrá acusar de “islamofobia”. Desde Crónica Popular defendemos abiertamente el laicismo, medimos por el mismo rasero a todas las religiones (“la eliminación de la religión como ilusoria felicidad del pueblo es la condición para su felicidad real”, decía Marx) y denunciamos la miseria religiosa. Todas las miserias religiosas. No incurrimos en el vergonzante anticlericalismo de que hacen gala quienes no son capaces de abandonar la ideología de la pequeña burguesía criticando acerbamente al catolicismo en el que fueron educados en su niñez al tiempo que mantienen una complaciente y sospechosa “comprensión” y respeto para unas u otras interpretaciones del islamismo. Y, a partir de ahí, con la misma rotundidad que denunciamos el nacionalcatolicismo que amparó bajo palio al dictador Franco y sacralizó sus crímenes como una moderna Cruzada condenamos sin ambages el fundamentalismo que campa a sus anchas con el sello de Al Qaeda, Estado Islámico o cualquier otro sobrenombre como una fuerza de choque financiada e impulsada primero en Afganistán contra la Unión Soviética, luego contra Irak y Libia y ahora contra Siria.
Porque, en definitiva, tampoco nos situaremos al lado de quienes pretenden ahora mostrar ante el mundo su faz hipócrita poniéndose al frente de las manifestaciones de condena. Ni el Estado Islámico ni Al Qaeda existirían sin el apoyo y financiación que se brindó a estas organizaciones criminales desde EE.UU. Arabia Saudí, la Unión Europea y su brazo armado, la OTAN, en una calculada operación diseñada con un claro objetivo: eliminar los restos de gobiernos progresistas árabes que quedaban en Oriente Medio, y poner en un serio aprieto con ello a Rusia, que, junto con China, es el gran enemigo del imperialismo anglogermánico. Aunque en esta operación, como ya sucedió con Al Qaeda, alimentar al monstruo se está convirtiendo para quienes lo crearon en un ejercicio suicida, pues puede terminar revolviéndose contra sus hacedores, rememorando éstos el patético papel de aprendiz de brujo que imaginó Goethe.
El momento de iluminismo oscurantista que sobrevuela el mundo, llevando en una mano un kalashnikov y en la otra un fajo de billetes, no puede nublar a las izquierdas en su misión histórica de combatir tanto la explotación y opresión de los marginados de la Tierra, como al fundamentalismo religioso y al irracionalismo que, utilizando un nutrido arsenal de armas, está dejando tras de sí una abominable estela de sangre, destrucción y muerte.




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