Diez años de mirada política, la valiente denuncia contra el secesionismo y la izquierda líquida de Paco Frutos*

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande||

Periodista. Director de Crónica Popular||

Desde 2009,  Paco Frutos viene abordando en sus artículos, con una mirada penetrante y lúcida, todos los asuntos, absolutamente todos, que, de un modo u otro, inciden en las condiciones de vida y en las preocupaciones de la clase trabajadora, en un verdadero y valiente torrente de textos, muchos de ellos verdaderamente antológicos. Y, entre estos textos, sobresalen sus incesantes denuncias contra el secesionismo catalán y vasco y el bochornoso papel que una parte de la izquierda- la izquierda líquida podemita a la que erróneamente la derecha califica de “comunista”- está haciendo como “palanganeros” del nacionalismo, como los denomina abierta y claramente Paco Frutos.

Ahora todos sus artículos acaban de salir a la luz, integrados en una obra, Diez años de mirada política, que reproduce nada menos que una década de escritos de un comunista ejemplar. Se trata de una obra compuesta por tres extensísimos tomos, que totalizan nada menos que 2.113 páginas y reúne todos sus artículos escritos en esta década, primero en su blog, casi todos ellos, algunos pocos en La República y Mundo Obrero, y después en rónica Popular. El primero de estos tres tomos contiene los textos escritos de diciembre de 2009 a julio de 2012; el segundo, los que salieron a la luz de agosto de 2012 a abril de 2015; y, finalmente, el tercero, los que aparecieron de junio de 2015 a diciembre de 2018.

El primer tomo- 379 artículos- se abre con un prólogo de un joven y valioso compañero, Santiago Armesilla, que también formó parte del equipo de Crónica Popular y que, actualmente, es profesor en la Universidad de Buenos Aires. En él, Armesilla, al que se debe un espléndido libro sobre El marxismo y la cuestión nacional española, editado por El Viejo Topo en 2017, subraya que, gracias a la edición de sus artículos, “las ideas de Pacto Frutos aparecen, por fin, compiladas y organizadas en un único volumen impreso, evitando así que se pierdan en el hiperespacio, lo que permitirá su recurrencia en el tiempo con mayor seguridad en el caso de que Internet deje de existir”. Y, efectivamente, tenemos que felicitarnos de que así sea.

Desde hace ya muchos años, Paco Frutos pertenece al Consejo Editorial de Crónica Popular del que forman parte otras importantes personalidades de la izquierda real, entre ellos la historiadora María Rosa de Madariaga, el economista Antonio Gallifa, el historiador y catedrático de la Universidad de Oviedo, David Ruiz, el ingeniero y sociólogo Daniel Lacalle, el ex magistrado juez Juan José del Águila, el ex secretario general del Ateneo de Madrid, Miguel Pastrana, la actriz y directora de cine Amparo Climent, el experto en sistemas electorales Vicente Serrano, el profesor de la UNED Salvador López Arnal, el filósofo Miguel Candel y el especialista en cuestiones internacionales Eduardo Luque, entre otros.

Y, junto a todos nosotros, Crónica Popular, ha tenido en Paco Frutos el articulista que no ha fallado ninguna semana. Desde luego, escribir como lo hace Paco varios días de cada semana es una auténtica proeza intelectual.

Paco comenzó su ya larga andadura como articulista ahora hace, exactamente, 10 años y dos días. El 10 de diciembre de 2009, inauguró su blog con un artículo para el que escribió un titular particularmente sugestivo: El muro y sus bufones. Y con él, y a propósito de una entrevista que en aquellos días le hizo una periodista de El País y de un editorial crítico que le dedicó El Mundo, comenzaba sus reflexiones escritas, exponiendo, con una prosa limpia, clara y valiente, “algunos elementos de la historia, para que no haya olvidos, conscientes y malintencionados o inconscientes e ignorantes, por desidia”.

Fue todo un “aviso a navegantes”. En aquel primer artículo de 2009, de un lado, desmontaba los artificios con que, desde el pensamiento reaccionario, se habían celebrado los veinte años de la desaparición del Muro de Berlín. Y, de otro lado, denunciaba los otros muros levantados por los EEUU, país al que calificaba irónicamente como “catedral de la libertad”: desde el que velaba al mundo la masacre del heroico pueblo de Vietnam, al muro real levantado entre México y los EEUU, que ahora Trump pretende ampliar a lo largo de su extensísima frontera, y en el que “cada año mueren más que durante los 28 años del de Berlín, el que supusieron los golpes de Estado sangrientos, impulsados desde Washington, en Brasil, Chile, Argentina y Uruguay, hasta el que constituyó la guerra contra Iraq, “hecha con las grandes mentiras que envuelven a los mismos farsantes que se reunieron en Berlín”, o el muro real e infranqueable que cada vez arrincona más al pueblo palestino, expulsado de sus tierras por el Estado de Israel.

Al mismo tiempo, ante la nueva religión- “dogmática, sectaria y criminal cuando es necesario”-, que representa “el neoliberalismo en economía y en lo social y el pensamiento único en lo ideológico y en lo político”,  planteaba “unas tesis destinadas a cambiar el mundo, parafraseando el título del libro del periodista norteamericano que vivió la Revolución de Octubre,  John Reed, las ideas que sitúen la vida, la dignidad, el bienestar y la libertad real de las personas en el primer plano, en el segundo y en el tercero”. Porque, “lo demás”, decía Paco Frutos, en su primer artículo- “es pura cháchara”.

En los artículos de Paco Frutos late el brío intelectual y político de un luchador revolucionario que nunca ha bajado la guardia y que, como secretario general de las Comisiones Obreras de Cataluña, Secretario General del PCE, coordinador general de la verdadera Izquierda Unida y diputado en el Parlamento de España, siempre supo unir la teoría y la práctica, la reflexión y la acción, la crítica al capitalismo y sus nuevos modos de dominación y la formulación de alternativas desde las posiciones de la izquierda real.

Alternativas que resultan hoy más necesarias que nunca en España cuando la política la dirige, en un bochornoso maridaje de deslealtades, la versión más oportunista del PESOE, la demagogia barata del podemismo que dinamitó IU, como acabada expresión de la izquierda líquida y del peronismo más demagógico, y los golpistas secesionistas catalanes, íntimamente unidos al racismo sabinista del PNV y a los restos del terrorismo etarra que dirige el llamado sarcásticamente “hombre de paz”,  Arnaldo Otegui, uno de cuyos asesinos convictos, cuyo nombre no merece ser recordado, se acaba de permitir el deleznable lujo de dar lecciones de derechos humanos en la Universidad del País Vasco.

Y, aunque En Diez años de mirada política se publican todos los textos escritos desde 2009 cronológicamente, por las fechas en que aparecieron, en ellos se perciben fácilmente los ejes principales sobre los que descansan las reflexiones de Paco Frutos.

Y, en primer lugar, sitúa al lector en el marco general en el que se desarrollan las Relaciones Internacionales en esta convulsa época. Evidentemente, sus artículos sobre los asuntos internacionales son una clara prolongación escrita de su posición irreductible contra la sinrazón de los conflictos armados, posición que, desde hace ya muchos años, desarrolla desde la  Plataforma global contra las guerras. Con la claridad que los caracteriza, sus textos permiten al lector situarse correctamente ante acontecimientos que, a mi juicio, muestran la pervivencia en las Relaciones Internacionales de la Política de poder, tal como la caracterizó ya en los años cincuenta del pasado siglo, en plena guerra fría, uno de sus grandes tratadistas, el alemán exiliado en Londres Georg Schwazenberger; una política de poder que las grandes potencias continúan ejerciendo a su antojo,

Porque, como Paco lo denuncia, estamos viviendo una época en la que, desaparecido el bloque soviético y el Pacto de Varsovia, subsiste incólume el instrumento creado en plena guerra fría por el imperialismo norteamericano, la OTAN, utilizada con la mayor impunidad, por ejemplo, contra países como Siria, Irak y Libia, países que, en el tablero de la geopolítica, osaron en su momento alinearse con la Unión Soviética y que, además, eran claros frenos a aquellos otros gobernados por dictaduras teocráticas, que son los peones del imperialismo en la zona. Y una época en la que hizo su siniestra aparición en la escena internacional el terrorismo yihadista- puesto en marcha inicial y precisamente por los servicios de inteligencia norteamericanos, para abatir a la URSS en Afganistán – y que ha sembrado de sangre y destrucción Oriente Medio y ha golpeado el corazón mismo de los EEUU y de Europa, incluido nuestro país, que, el 11 de marzo de 2004, sufrió el mayor atentado perpetrado en suelo europeo y dejó tras de sí 193 muertos y cerca de 2000 heridos.

Paco Frutos lo denuncia con rotundidad, por ejemplo, en su artículo Integrismos. Terrorismos. Estados religiosos, de fecha 3 de julio de 2012: “EEUU y la UE y la OTAN, como brazo armado del capital, no tienen ningún problema en pactar y armar a los terroristas que ejercen de islamistas radicales al tiempo que dicen que persiguen a Al Qaeda y matan a Bin Laden. En Libia han impuesto un verdadero régimen de reaccionarios islamistas, neoliberales y terroristas. En Siria quisieran hacer lo mismo, armando y financiando a numerosos grupos de mercenarios. No podemos estar en ningún caso con la Liga Árabe actual de los 7 del Consejo del Golfo, ni con la OTAN y el Pentágono, ni con Al Qaeda y sus diversos disfraces. La teocracia de todos ellos es incompatible con las buenas costumbres”.

O en este otro, titulado Dos integrismos, un mismo imperialismo, también de 2012, concretamente, del 30 de julio: “Se han hecho cómplices necesarios dos subculturas integristas para destruir la civilización: la antigua, vieja y caduca del capitalismo, que ha unido a su clásico desprecio medieval por la vida de la gente, las actitudes más salvajes de los pistoleros del Far West, y la del petrodólar, con sus atavismos y crueldades antiguas renovadas por la lectura más fascista, reaccionaria e imperialista del Islam”.

A partir de aquí, su mirada crítica se despliega con acierto en el amplio abanico de cuestiones que están sobre el tapete en los últimos años. Pero, incuestionablemente, entre ellos, otro de los ejes sobre los que se asienta su reflexión, lo conforma su incesante denuncia del secesionismo nacionalista y de su ininterrumpido golpe de Estado, perpetrado en el Parlamento catalán en septiembre y octubre de 2017, golpe de Estado que había sido planificado muchos años antes por el corrupto Pujol, utilizando a fondo para ello los fondos públicos, el adoctrinamiento en las escuelas y la propaganda de tinte más goebelsiana desde los medios de comunicación de su régimen.

Afortunadamente, sus imágenes han quedado grabadas por las televisiones, para que las futuras generaciones no las olviden. Y para que no entiendan, erróneamente, que aquel “putsch” de los dirigentes regionales de la Cataluña carlista, digno de figurar en La técnica del golpe de Estado de Curcio Malaparte, no fuese otra cosa que “ensoñaciones”, tal como desacertadamente- entendemos muchos- afirmó la sentencia de la sala de lo Penal del Tribunal Supremo, y que en estos mismos días han vuelto a poner en entredicho los fiscales que dirigieron la acusación pública en una memorable e impecable vista oral.

Desde el comienzo del llamado procés, es decir, de la preparación del golpe de Estado, Paco Frutos no ha dejado de escribir contra lo que él denomina “nacional-secesionismo”. Nazional, con zeta, naturalmente, de nazismo. Así, en el titulado Contribución a la reconstrucción de la izquierda, del 8 de septiembre de 2018, insiste en un principio irrenunciable que la izquierda líquida ha abandonado sin sonrojarse, precisamente porque de izquierda no tiene más que la verborrea: “En nuestra ideología, salvo que ésta sufra una degradación irreversible, los nacionalismos y racismos no pueden tener ningún papel, ni los viejos, ni los nuevos que, amparándose en cuentos e historietas sobre razas e identidades ancestrales superiores, conducen siempre a enfrentamientos violentos y a la liquidación de la lucha de clases como verdadero motor de la historia. Consecuentemente con lo dicho, continuaré desenmascarando a los embusteros, vividores y cantamañanas de la historia”.

Y, en otro de sus muchos artículos denunciadores, el titulado “Tragedia y farsa”, de 13 de octubre de 2018, hace un análisis concluyente que ha ido desarrollando en otros textos: “ En Catalunya estamos en una farsa permanente precedida o mezclada con una “tragedia” de carácter humano, social y cultural que los trabajadores y el conjunto de la población, incluidos los niños, viven desde hace tiempo en diversos grados de enfrentamiento, pelea, división a todos los niveles: el familiar, de barrio, de empresa, escolar, deportivo…Marx debería añadir ahora que no están reñidas tragedia y farsa al mismo tiempo. Los que pusieron en marcha este “procés” irracional de lucha de identidades que no de clases, a partir de la prostitución de conceptos básicos en el lenguaje y en la acción, tienen prácticamente toda la responsabilidad política”.

Para él están meridianemente claros los instrumentos que utiliza con total impunidad el secesionismo catalán: “Y todo ello lo hacen engañando, narcotizando y convirtiendo en zombis a una masa horneada por las mentiras y la manipulación que destilan diariamente en “sus” medios de propaganda, en especial TV3.  O sea, que contaminan y crean una realidad ficticia, después de anular la conciencia crítica y el sentido común de centenares de miles de personas. En la reciente historia española, ya hubo una situación similar cuando la acción terrorista de ETA generó un pensamiento más conservador, reaccionario y fascista en amplios sectores de la sociedad. Con su “nazionalismo identitario”, los secesionistas están consiguiendo el mismo efecto en sectores de la sociedad española actual”.

De vez en cuando, Paco recurre a su memoria y compara algunos datos de la situación española actual con la del franquismo, al que un gran número de secesionistas apoyaron. Así, en El francopujolismo de Cataluña, del 22 de julio de 2017, señala que “Lo que está pasando en Catalunya no tiene nada que envidiar, en contenidos y formas, a muchas de las cosas que pasaban en el franquismo. Eso sí, en catalán. Es como si una legión, espero que pequeña, de Dencás hubiese resucitado y se reencarnase en Mas, Puigdemont, Forcadell, Turull, Forn y tutti quanti, auxiliados por los monosabios de CSQEP”.

Y, como su mirada política no pierde de vista las conexiones entre los secesionismos catalán y vasco, Paco Frutos recuerda, en Un repaso a lo que hay y a lo que debe cambiar, de 11 de mayo de 2018, que “ahora, sus herederos “políticos” (de ETA) buscan conchavarse con sus colegas separatistas de Catalunya, para continuar defendiendo lo mismo de siempre, por otros métodos: la independencia de Euzkadi”.

Pero su denuncia no se circunscribe tan solo a los secesionistas sino que abarca también a quienes, situándose en una falsa izquierda y a su labor de zapa, han tratado de dar la cobertura supuestamente progresista a lo que, claramente, es nacionalismo identitario y supremacista de la peor laya. Así, en un texto titulado “Nueva decisión infame de los separatistas y palanganeros en el Parlament de Catalunya”, de 22 de diciembre de 2018, resume la situación en la región catalana subrayando  que “…En Catalunya, la política ha quedado reducida a lo que digan y hagan los Nazional-independentistas identitarios, con la colaboración de sus servicios auxiliares. Y esto es lo que en España apoyan y defienden los Unidos Podemos y los restos burocráticos del PCE-IU”.

Y, al mismo tiempo, en sus artículos rechaza los permanentes vaivenes políticos e ideológicos del actual presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, enredado en un laberinto realmente irresponsable para mantenerse en el palacio de la Moncloa, mediante la alianza en un llamado “Gobierno de coalición” con la peor versión del peronismo que representa Podemos y sus “mariachis” y el apoyo del partido cuyos dirigentes se encuentran en prisión tras su reciente condena como sediciosos por el Tribunal Supremo. 

Por ejemplo, en Breve repaso a los protagonistas de la política, publicado el 1 de diciembre de 2018, dice lo siguiente: “El PSOE y el gobierno tienen actitudes y decisiones contradictorias y zigzagueantes y en algunos casos oportunistas, sin credibilidad política de izquierdas en muchas cosas, en especial en todo lo relacionado con las alianzas internacionales en torno a la OTAN y con el nazional secesionismo, del cual esperan la continuación de su apoyo”.

O, en El PSOE-PSC, Pedro Sánchez y el eterno vaivén, del 28 de julio de 2018, señala algo que cuando lo escribió ya presagiaba lo que desde entonces el presidente en funciones no ha dejado de hacer y está haciendo en estos mismos días: “No sé porqué me huelo que el PSOE-PSC va a dar otra vez en la reciente historia de nuestro país, argumentos fraudulentos, aire nuevo y alas a los diversos independentismos y nacionalismos periféricos. Y Pedro Sánchez será el nuevo profeta de esta vieja y fracasada política que sólo ha traído enfrentamientos, problemas y divisiones entre sectores de la población trabajadora en Catalunya y Euzkadi en general,  sin obviar las repercusiones negativas en toda España y a escala internacional.

Como muchos de nosotros, Paco Frutos rechaza el papel de izquierda real que el dirigente de Podemos quiere arrogarse y lo dice sin ambages en muchos de sus textos. Entre otros en el titulado Podemos, Cataluña en comú y otros socios, del 27 de octubre de 2018: “Iglesias salta como un zascandil de un lado a otro desde el principio del nacimiento de Podemos, con episodios que, puestos uno detrás del otro, parecen las notas de un acordeón desafinado, por contradictorios. En el corto espacio de cuatro años, la organización que nació, según sus creadores, para combatir y acabar con la casta política, acaba actuando como la casta más degradada democrática y políticamente en menos tiempo, pudiendo competir con la que venían a superar”.

En fin, frente a todo esto, Paco Frutos plantea en muchos de los textos que aparecen en este libro y como corolario de todas sus reflexiones, la necesidad de que, enfrentándose a las labores de zapa que la izquierda líquida ha venido haciendo en las organizaciones antaño revolucionarias- desde IU a los mismos sindicatos de clase, cuyos máximos dirigentes no han dudado días atrás en visitar a los golpistas en la cárcel- se pueda terminar articulando una verdadera izquierda que enlace realmente con la que dio lo mejor de sí en el combate contra la dictadura franquista y que supo afrontar la Transición como una culminación de aquellas luchas por la democracia y las libertades que se consagraron en la Constitución de 1978.

Paco lo escribe insistentemente en unos y otros artículos. Entre ellos, en el titulado La izquierda actual en España. Y en Europa, escrito el 28 de julio de 2018): ”No puede haber otra alternativa que la de construir una opción de izquierdas en toda España, una opción plural, unida, coordinada y libremente disciplinada en torno a unos valores y principios. Una propuesta que haga confluir realmente a todas las personas y grupos que siendo comunistas y/o de izquierdas, se sienten, nos sentimos, huérfanos de organización, teniendo claros los objetivos a los que deseamos llegar, por difíciles que sean. En Madrid, en Catalunya y en otros sitios se está trabajando en ello. Es necesario unir y coordinar los esfuerzos, sin precipitaciones y sin pausas”.

Como director de Crónica Popular, es realmente gratificante contar con los artículos de Paco cada semana. Porque, en tiempos de confusión extrema como los que vivimos,  reconforta y fortalece ver cómo Paco aborda con criterio de clase los asuntos que trata. Y, como he dicho en muchas ocasiones, su lectura refuerza las posiciones de quienes denunciamos, como lo hace Paco Frutos, tanta cháchara demagógica que discurre por los discursos de los políticos y partidos oportunistas que se reclaman de la izquierda.

Pero, tengo que confesarlo, al enfrascarme en su lectura para editarlos, no deja de sorprenderme -y, tengo que decirlo, con sana envidia- al comprobar la capacidad y desenvoltura de Paco para escribir sobre unos y otros asuntos con tanta claridad como corrección y su rapidez para salir al paso de los esperpentos – “Esperpento” titulaba uno de sus artículos -que cada día tienen lugar en el escenario político. Realmente, Paco Frutos ha hecho suya la frase de Terencio “Homo sum, humani nihil a me alienun puto”, “Hombre soy, nada humano me es ajeno”. Porque, nada de lo que ha ocurrido en estos últimos diez años le ha sido ajeno. Ningún hecho de interés para la clase trabajadora y el conjunto de la sociedad, y para el avance de la democracia o para su freno ha quedado fuera de su mirada crítica. Y, para ello, ha sabido volcar su pluma sobre unos y otros asuntos con un lenguaje directo y claro y con la frescura estilística del mejor Periodismo político.

Paco Frutos tuvo la valentía de participar en la manifestación más sonada contra el secesionismo, la celebrada en Barcelona el 29 de octubre, y organizada por Sociedad Civil Catalana, pocas semanas después del golpe de Estado y de la caricatura de referéndum que tan ridículamente vendieron los secesionistas como si aquella parodia hubiera sido algo realmente serio. Y, en su intervención, dirigiéndose a miles de  constitucionalistas, reiteró su reproche al papel de “esta izquierda cómplice que se dice que no es nacionalista, pero que se va detrás de los nacionalistas y les baila el agua”, y se preguntó, ¿qué hace esta izquierda que no está aquí, como lo está la izquierda real?”.

Pocos días después, otro comunista de una pieza, Justiniano Martínez, ex Secretario General del Partido Comunista de España en Madrid y ex secretario de la Construcción en Cataluña, le expresó el agradecimiento de la “izquierda antiindependentista”, en un vibrante artículo publicado en El País, el 7 de noviembre, en el que le decía: “Gracias, Paco, por recordar que las instituciones catalanas democráticas no fueron producto de apaño como dicen el vocero de la mentira populista o el barato independentismo; por recordarlo, que el nacionalismo grande o pequeño es una traición a la clase obrera; por recordar que la democracia no se conquistaba huyendo ni comiendo butifarras en las plazas, sino conquistando las plazas. Gracias, Paco, por recordar la bandera de la izquierda que no le baila el agua al independentismo, sino que es capaz de crear un proyecto autónomo”.

Yo hago míos, ahora, todos esos agradecimiento a Paco Frutos. Por todo lo que apuntó Justiniano y por todo lo que cada semana escribe en su blog y reproduce Crónica Popular en sus páginas. Disponer de todos sus artículos reunidos en tres libros es verdaderamente un acierto. Editorial, político e ideológico. Gracias, y enhorabuena por ello, querido Paco.

*Texto de la presentación del libro de Francisco Frutos en el CAUM, de Madrid, el pasado 13 de diciembre de 2019.

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