El pisito de Marcelino Camacho y la caradura de muchos diputados

enCandela

César Jara||

Periodista||

Tiempos de corrupción, de pérdida de valores, de una sociedad enferma y de gran decepción para millones de personas sencillas de este país de países, llamado España, que apenas tienen ya ni ganas de ejercer su sacrosanto y constitucional derecho a votar en democracia.

Una penúltima noticia de las que aún desmoralizan y desmovilizan más: decenas de diputados de varios partidos cobran una ayuda de unos 1.800 euros al mes, para alojamiento en Madrid, cuando sus señorías tienen casa propia en la ciudad.

Así como se lo cuento y suena. ¡Qué jeta, qué sinvergonzonería y qué ganas de echarles a todos a patadas de la política actual!

Y de nuevo recuerdo el caso contrario, todo un ejemplo de dignidad, ética y coherencia política de quien fue diputado por poco tiempo, pero que ya figura en la memoria colectiva y en la historia española como paradigma de honestidad de un dirigente obrero, de un dirigente comunista: Marcelino Camacho, quien vivió hasta sus últimos días, junto a su mujer Josefina Sampere, en un modesto piso de menos de cincuenta metros cuadrados en un barrio modesto y popular de Carabanchel, en Madrid; muy cerca, por cierto, de aquella cárcel en la cual pasó unos cuantos años de su vida por defender la libertad, la democracia y a la clase trabajadora.

No hay color; no hay hoy apenas políticos en la izquierda actual, en la izquierda institucionalizada y acomodada, que le lleguen a Marcelino ni a la altura de la suela de sus zapatos en cuanto a dignidad y honestidad.

Por cierto, recuerdo una vez que coincidí con él en una reunión de Izquierda Unida, allá por 1993, para debatir sobre lo que ya se vislumbraba como la nueva Unión Europea, tras el tratado de Maastrich, y, mientras que nos afanábamos en disquisiciones teorizantes en pro y en contra, Marcelino, ya casi un afable anciano en toda su lucidez mental, dijo que no nos dejáramos engañar; que la Europa que nos estaban vendiendo como el paraíso de los pueblos y los ciudadanos no era sino la Europa de los bancos y los mercaderes internacionales…

¡Qué visión más certera de un sencillo obrero, de un comunista comprometido con su clase y su pueblo! Acertó de pleno y muchas veces lo recuerdo con cariño y respeto.

En los últimos meses, su hijo Marcelo, junto a otros compañeros del sindicato, anda inmerso en la labor de difundir su legado sindical y político por toda España, de la mano de una gran película documental “Entre lo posible y lo deseable“, que es un aldabonazo a la aletargada y alienada conciencia obrera hoy.

Que mal se portaron ciertos dirigentes de Comisiones Obreras con el viejo Marcelino y cuánto se debe a su persona y su obra desde el movimiento obrero español.

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