Mira Torra de Tarpeya a Barna cómo se ardía

Pasqual Esbrí||

Historiador||

El título que he dado a este artículo es una versión libre de un famoso romance de la literatura castellana, uno de aquellos que nos citaban en la escuela cuando era eso, escuela. El romance trata de la supuesta quema de Roma por parte del emperador Nerón (Nero), de forma que para una mejor comprensión citaré los cuatro primeros versos:

Mira Nero de Tarpeya
a Roma cómo se ardía;
gritos dan niños y viejos,
y él de nada se dolía.

Según tengo entendido, los historiadores opinan actualmente que Nerón no fue en absoluto el pirómano de la capital de Imperio, sino que se trató de un incendio fortuito. Supongo que las fuentes historiográficas son lo suficiente endebles como para qué haya dudas sobre el hecho. Eso es lo que va a diferenciar lo que está ocurriendo en Barcelona (Barna) estos días, de lo ocurrido en el año 64 de nuestra era: nuestra ciudad arde desde hace tres días y el culpable directo (el indirecto vive su cómodo “exilio”) tiene nombre y apellidos, Quim Torra i Pla.

La foto que adjunto fue tomada la noche del 15 al 16 de octubre y verla me rompió el corazón, a causa del déjà vu. Se parece terriblemente a alguna tomada durante la llamada Semana Trágica (25 de julio-2 de agosto de 1909). No sé si esto es lo que ha inspirado a alguno de los acólitos de Torra a recuperar el apelativo de “La rosa de foc” (La rosa de fuego) con el que Barcelona fue conocida en el primer cuarto del siglo XX, a causa de la pujanza del movimiento anarquista, para denominar las “verbenas” que se montan cada noche.

Pues no, no nos equivoquemos. Los excesos de 1909 (que los hubo; sobre todo por lo que se refiere a la destrucción de monumentos) fueron consecuencia de la indignación de las clases populares, que veían cómo sus hijos eran enviados al matadero del Rif, mientras que los de las clases pudientes se podían librar pagando 1.500 pesetas (una verdadera fortuna para la época). Por el contrario lo que estamos contemplando ahora es un motín pequeño burgués, que responde a una ideología reaccionaria, la inculcada por la escuela pujolista durante 40 años, jaleada por sindicatos de base corporativa y pensamiento tribal (v.gr. USTEC) y engrasada por cursillos pseudopedagógicos a lo Rosa Sensat.

Pero es que además el señor Torra, brillante intelectual según sus partidarios, si algo ha producido en letra impresa, son loas al fascismo de ERC de los años anteriores a la Guerra Civil; por ejemplo, a los hermanos Badia, asesinos de obreros.

Para entender algo más el paralelismo forzado con los sucesos de la Semana Trágica, recomiendo la lectura de la novela “El viudo Rius”, de Ignacio Agustí. Hay un capítulo dedicado a describir cómo el somatén burgués sale a la calle con sus escopetas de caza. Acaban en la Plaza Universidad un tanto frustrados, ya que no han podido llevar a cabo ninguna “hazaña”. Pues bien, Torra y los suyos, por ideología, y los descerebrados que siguen sus consignas, hubieran formado parte de ese somatén. No nos engañemos.

Y mientras, los barceloneses asistimos impotentes a la destrucción de nuestra ciudad, abandonados por nuestra propia institución, el Ayuntamiento. Mientras Barcelona ardía Ada Colau, tan antisistema ella, estaba en la gala del premio Planeta disfrutando de los canapés. Luego, emitía un comunicado ejemplo, una vez más, de lo que se llama equidistancia. Pero no solo ella: ¿alguien podría localizar al señor Collboni y recabar su opinión sobre lo que está ocurriendo?

Y, ahora, en lugar de esperar a Godot, estamos los sufridos ciudadanos esperando la llegada de las hordas, que estas sí que van a llegar, anunciada para el viernes 18. Alguien lo ha comparado con la fascista Marcha sobre Roma. Sin embargo, hay una gran diferencia. La iniciativa de Mussolini respondía a la simbología garibaldina de Roma: Roma o morte! Los patanes que van a invadir nuestras calles, afectados por el síndrome Manelic, odian profundamente a Barcelona, símbolo de mestizaje y tolerancia. Si por muchos de ellos fuera, procederían como hicieron los jemeres rojos con Phnom Penh: vaciarían la ciudad y nos llevarían a “reeducarnos” a la Cataluña interior, reserva del “pool” genético al que pertenece Torra.

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