Mi amigo Jordi y su talante educado y democrático

Enrique Brossa||

Escritor||


Jordi es muy trabajador. Su foco está totalmente centrado en conseguir mayores cuotas de bienestar. El cree haberlo logrado. Se casó con una chica estupenda, pero ya está harto de ella y ella de él. Fuma mucho, bebe alguna copa, esquía, toma tapas ¿tapas? Vaya, hay que decir que es separatista. Alguien les ha dicho a los separatistas que las tapas, cómo no, también son catalanas. Y que hay que empezar a llamarlas tapes, que con A son españolas y por lo tanto franquistas. Porque para Jordi, aunque ha oído hablar de la Banca March, y la Banca Catalana, no es que lo recuerde continuamente, o no se enteró muy bien, y cree que los “castellans” tuvieron una relación distinta con Franco que los catalans. A ellos, según Jordi, el franquismo no les gustaba mientras que el resto de los españoles estaban unánimemente encantados con el militar. Así que Jordi es separatista. Más ahora que antes… No es que tenga prisa en salvar a la pujolada de la cárcel, sino que ahora es cuando la cosa está como está.


Por tanto, hemos dicho que Jordi fuma mucho, toma alguna copa, y también va “de tapes”. Su modo de vida es profundamente español en todo. Cualquier análisis estadístico dirá que es como cualquier jienense o palentino, en su consumo, en su nivel cultural, en sus creencias, étnicamente, racialmente… si bien las tapas las toman con “e”, desde hace un tiempo, porque antes las disfrutaba igual con “a”. Pero es separatista. Su hija ya tiene novio. Es de una familia de procedencia extremeña. Para él, es un lolailo. Un charnego. Ni hablando en catalán se le quita, según Jordi. Que a su hijita se la esté tirando ese charneguín le “toca los “collons”. Porque hasta las ordinarieces en catalán son distintas: collons en vez de cojones, que según Jordi, no suena igual. Otra vez una vocal. es el “fet diferencial”. En realidad, el novio, que también se llama Jordi, nació en Catalunya. El padre del novio, que también se llama Jordi, también nació en Cataluña. ¿Pero el abuelo? El abuelo era un andaluz de estos, que… ¡Vaya si era andaluz! Son tres generaciones, hablan catalán y se llaman Jordi.

Pero también les gusta hablar español, porque, aunque en Cataluña digan que el español es la lengua del servicio, en catalán al dolor de oídos le llaman mal de oreja, y eso no lo pueden decir ni en las oficinas ni en los colegios, pero los supuestos charnegos realmente creen que despreciar el idioma español es de ser un auténtico asno. Tres generaciones, dos llamándose Jordi y todo, pero aún no se les ha perdonado su pecado original. Realmente es un pecado muy poco original, porque en Cataluña la inmensa mayoría tiene familia del resto de España, por lo que puede decirse que su ADN es más español que el de nadie, porque eso no pasa en Zamora, ni en Albacete, ni en Castellón, ni en Tenerife. Eso solo pasa en Cataluña y en Madrid. ¡Qué tonta es esta hija mía, se dice Jordi, de no buscarse un novio más catalán! ¡Con lo guapa que es!

Jordi dice que no es racista. El novio de su hija no es de otra raza… Si fuera negro…Jordi dice que no es xenófobo, porque no le odia, cree que será buen chico… pero no le gusta porque no es catalán. Está claro que eso no es ser xenófobo, señores. Está clarísimo al menos para Jordi. Jordi dice que no es nazi y se ha aprendido una respuesta del manual: llamar nazis a los separatistas es tener poco respeto a los pobres judíos que murieron en campos de exterminio. Ellos, los separatistas, son abiertos y democráticos. Pasan su vida escrutando el hablar y los apellidos de sus vecinos, pero para Jordi, eso no es ser nazi. Decirle a alguien “Tú no eres catalán, aunque hayas nacido aquí”, para Jordi, eso no es ser nazi. Decir “vete a tu tierra, fuera de Cataluña” no es de ser un nazi, Jordi lo ve claro. Decir “aquí hay que hablar en catalán porque esto es Cataluña” no es nazi, aunque el español sea la lengua más hablada en Cataluña. Obligar a un sistema educativo que no respeta la voluntad de los padres, tener una televisión pública que insulta continuamente a más de la mitad de los catalanes, generar ese ambiente de sutil… antes sutil, ahora ya menos sutil coacción respecto a los partidarios de seguir en España, Jordi sabe que es ser muy demócrata, un gran ciudadano, moralmente digno de poner como ejemplo. ¿Cómo es que les llaman nazis? ¡Si son gente de paz! Quizás el que hizo el manual de contraargumentos separatistas no sabe que, si no hubiera habido campos de exterminio en la alemana nazi, habría seguido habiendo un nazismo político, social y cultural. El nazismo creó los exterminios y no al revés. Nazis eran, antes de pensar en asesinar en masa, aquellos animales que tenían ideas de supremacía, y que querían someter a sus propios vecinos. Eran nazis por eso. Luego se hicieron además genocidas. Antes de ser genocidas, ya eran repulsivos nazis.

Jordi tiene una amante. Es andaluza, Lo cierto es que él lo único que echa de menos en ella es que no sea catalana de pura cepa. Ya se lo dice, que si quisiera podría pasar por catalana de verdad. ¿Por qué no se lo toma más en serio? Le falta eso para consentirse a sí mismo reconocer que está enamorado de ella. Los años le han hecho comprender que su mujer, la catalana de buena familia, es una hija de puta. Es verdad que se la ve interesada, estreñida y con mala leche, pero habría que oír también su versión… Yo no creo que sea tan mala. Es como él. Incluso tiene un amante murciano. Deberían separase y Jordi casarse con la andaluza, que no la merece. Pero antes hay que reciclarla. Reprogramarla. Modo separatista en on. Jordi dice que eso no es ser nazi, ni supremacista, ni tener prejuicios. Él es catalán, y por tanto su talante es muy abierto y democrático. Jordi dice que no es clasista. ¡Mare de Deu, clasista Jordi! ¡Pero si votó a Esquerra Republicana de Catalunya! ¿Cómo podría él ser clasista?

Jordi también dice que no está adoctrinado. Que ha pensado así toda su vida. Y tiene razón. Ya su abuela era de las que decía a sus hijos, nen, no vayas con esos niños que son “de fora”, como la Ferrusola, igual. Y luego se iba a misa sin ningún problema ni contradicción. ¡Ninguna contradicción! ¡Si hasta el párroco pensaba igual que ella! Así que Jordi es así desde pequeño, sin adoctrinamiento separatista. Pero sin embargo hay cosas que no quiere oír. Lo de que Santa Teresa de Ávila no sea en realidad de Mollerusa, a lo mejor no está tan claro como dicen en Madrid. ¿Lo de que Leonardo da Vinci no sea Leonard de Vic? Jordi dice que él no es historiador, pero que podría encajar, no sé por qué te ríes tanto. No quiere saber que el índice de lectura de libros ha caído en picado en Cataluña. Lo de que las empresas se marchen tiene para él una importancia “relativa”. Como salir de Europa. Y que solo la provincia de Zaragoza compre a Cataluña más que todo Francia, primer país importador no le da qué pensar… No está adoctrinado, no. Razona con criterio propio, escucha bien, con realismo y en libertad, no está casi condicionado. A Jordi no le parece de torpes hundir la economía catalana porque supuestamente ser nación, ser nacioncita, tiene más nivel.

Jordi niega ser autoritario e irracional. Le parece normal un referéndum en el que los partidarios del NO creen (saben) que el referéndum es ilegal y por tanto no votan. A ti te puede parecer de risa, pero a Jordi no. Tan normal. A Jordi le parece lógico declarar la independencia con menos de la mitad de los votos en unas elecciones parlamentarias. Jordi sabe que eso no es absurdo, no, claro que no.

Jordi guarda las distancias en el trabajo con aquellos que son marcadamente españolistas y hablan más español. Hace que se sientan incómodos, arrinconados, avasallados en su propia tierra, en su trabajo. Su futuro está coartado. Vuelven a casa humillados, con estrés, con pesimismo. Lo llevan a su casa, con sus parejas y hasta a sus hijos les llega esa tristeza, esa derrota, es inevitable. Pero Jordi y sus compañeros de trabajo nacionalistas dicen: “pues si no le gusta, que se marche a España. Ya está tardando. Que se integren”. Integrarse se define fácilmente: consiste en ser como Jordi y sus amigos dicen que tiene que ser un catalán. Integrarse es ser como otros quieren que seas.

Quedamos pues en que Jordi no es supremacista, ni nazi, ni racista, ni xenófobo, ni clasista, ni está adoctrinado, ni siquiera tiene prejuicios de ningún tipo. Jordi no es torpe, ni visceral, ni va a hundir la economía catalana. A Jordi no le parece que ser nacionalista sea como ser racista, o clasista, un problema de educación, es decir, un problema de ignorancia y de mala educación. No es irracional. No es absurdo. A Jordi no le parece moralmente repugnante dar a entender que está por encima de sus vecinos y que sus vecinos están por debajo de él. Que su lengua tiene que quedar también encima, aunque le llamen al dolor de garganta algo tan sonoramente agropecuario como “mal de cuello”.

Jordi educa a sus hijos para que sean así, como él. Y corta el paso de los que no lo son. Sus hijos lo harán también.

Jordi también tiene amigos que son castellans, los pobrecitos… ¿Acaso no demuestra eso que no es tan malo?

Jordi niega estar conscientemente jodiendo su propio tejado. Dice que no es así. Jordi no es nada de todas esas cosas feas que hemos mencionado.

A mi amigo Jordi, lo único que no le he oído desmentir nunca es lo de que es un hijo de puta. Un día se lo dije y me respondió:

-Sí, pero vivo en mi tierra.

Cree que la tierra es más suya que del novio de su hija, (o de su amante). Tres generaciones allí no son suficientes si no vas de catalanista. Jordi dice que su futuro yerno, si Dios no lo remedia, será un inmigrante de tercera generación. Vaya… “Inmigrante de tercera generación… “. Pero no, eso no es ser ni clasista ni nazi. Claro que no.

—Jordi, amigo mío, me alegro de estar de acuerdo en algo contigo. No eres clasista, no, Ni nazi, ni torpe, ni nada de eso. Es verdad que simplemente eres un hijo de puta.



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