Francisco Frutos Gras||
Ex Secretario General del PCE||
El mundo contiene personas maravillosas, buenas, o sencillas que no destacan en nada ni quieren hacerlo, que pasan desapercibidas, haciendo su vida y gozando de lo bueno y soportando lo malo; también las hay inteligentes, sabias, generosas en distribuir su saber y en impulsar y organizar formas para que el conjunto de la sociedad acceda al conocimiento y mejore la vida colectiva y la propia; y, cómo no, las hay soberbias, altaneras, prepotentes, que son inteligentes o listas, o se lo creen más allá de su realidad. Afirman que lo van a solucionar todo y traerán el bienestar, la última “modernidad” progre, dice la “izquierda” populista; o la derecha y extrema derecha, asimismo populista, que unirá una gran bajada de impuestos a la reducción de derechos sociales y personales, sobre todo de la mujer. En conjunto, un populismo u otro nos traerá la libertad y la felicidad a todo el mundo, siempre que se sigan sus instrucciones políticas, se les vote y se les baile el agua.
El mundo, además de la cotidianidad material que nos rodea, tiene cosas muy bellas en las que sumergirse y disfrutarlas cuando hay ocasión. Pero, junto a ellas, o frente a ellas, casi siempre agazapadas, irrumpen de golpe destrucciones de la naturaleza, o provocadas por la acción perversa del ser humano en guerras y explotaciones, tragedias y dramas humanos en momentos concretos, puntuales y no previstos, cuyas consecuencias muchas veces se quedan un largo periodo y dan un zarpazo trayendo más pobreza de la habitual, más enfermedades, muerte y destrucción. Es el mundo material real exhibiendo sus taras.
La actual pandemia de Coronavirus, (Covid 19), es una más a añadir a anteriores pandemias de Coronavirus y forma parte de esa realidad a la que me refería. Una realidad que afecta, o puede afectar, a todos los países y a muchas criaturas ya que es una pandemia, no una anécdota vírica pasajera, y cada Estado debe tenerla en consideración y tratarla como lo que es, por el mal que está haciendo y por el que puede hacer.
Y, para ello, era imprescindible que desde el primer momento en que científicos, médicos y expertos conocieron los primeros datos y los dieron a conocer a los gobernantes, instituciones y responsables políticos, se hubieran tomado todas las medidas necesarias para hacer frente al potencial y grave peligro que podía producirse. Y no se hizo nada, o poca cosa, como si se esperara que escampara, dedicándose a burlarse y poner patas arriba las decisiones, “autoritarias”, decían, de China que las aplicaba por ser una dictadura feroz, cuando allá mismo el Estado tuvo que castigar duramente a las autoridades de la provincia de Hubei, en la que se encuentra la ciudad de Wuhan, donde se inició la pandemia, al haber escondido un tiempo la realidad para no hacerse políticamente responsable de ella.
Y las autoridades y medios de comunicación italianos, norteamericanos, alemanes, franceses… y, naturalmente, entre ellos y otros y en primera fila, los gobernantes españoles actuales y todos los partidos sin exclusión, como siempre más documentados y sabios que nadie, siguieron en lo mismo. En Italia, pronto supimos en qué acabó su “superioridad” técnica y política, sus burlas y descalificaciones de los gobernantes chinos: todo el país en cuarentena, sin casi poder salir de casa, clausurado para evitar entradas y salidas no deseadas por peligrosas. Y de otros países ya iremos hablando, cuando hasta una conservadora como Merkel, poco dada a las excentricidades propagandísticas, dice que se pueden contagiar un 60 o 70 por cien de los habitantes de Alemania.
Y paso a España. El gobierno que preside Pedro Sánchez y su equipo político y los responsables a todos los niveles que han tenido, o deberían haber tenido, todos los datos al día, informan y toman decisiones de control y seguridad tarde y mal sin tener en cuenta a fondo los informes que les van suministrando en tiempo real los expertos que los conocen y dominan. Es la responsabilidad de un gobierno que iba dando largas al asunto, diciendo que no había peligros, que estaba todo controlado, que la sanidad española era capaz de controlar y atender todas las necesidades que surgieran.
Y los asignados por el gobierno para informar a la ciudadanía, siempre informaban de cosas que se habían producido días antes, cuando el proceso de pandemia iba avanzando rápidamente a velocidad ya prevista por los técnicos y no tenida en consideración por los gobernantes que iban a su trán trán político, de acuerdo con sus intereses electorales. Nada nuevo en la vida política española, pero es una indecencia ante la gravedad de un hecho que nos puede afectar a todos. Y ahora vienen las lamentaciones de los responsables, alertándonos y poniéndonos en fila de firmes ante las posibles consecuencias ya que, dicen, aquel magnífico sistema sanitario, que lo es, quizás no pueda tener suficiente capacidad para hacer frente con seguridad y garantías para atender bien a cualquier contagiado, o para el seguimiento adecuado del proceso.
Y por eso hemos asistido a un espectáculo que da vergüenza ajena en su desarrollo, mientras las y los responsables se revolcaban en sus delirios de grandezas o miserias. Asistimos al duelo esperpéntico entre esa chica de la asamblea del 15 M tardío, Irene Montero, que llega a ministra, bueno a tener un silloncito en La Moncloa, no se sabe si saltando por el arcén o andando por el pasillo de la universidad. Pone su empeño en presentar una propuesta de ley sobre Igualdad para poder repartir cuatro panfletos en las marchas del 8 M sobre el Día de la Mujer. Quiere que quede claro que gracias a ella y a Podemos, la mujer dará un salto espectacular hacia su definitiva emancipación.
Y, con esta prisa del oportunismo personal y político de niña bien, presenta un papel, que parece no conocer todavía nadie de la sociedad común, que es una vergüenza en contenidos de legislación constitucional y jurídica, creíble y sólida sobre el tema. Una propuesta de ley a la que, para rendir homenaje a la decadencia de la ortografía y sintaxis elemental, parece que le faltan hasta las h. En fin, es lo que hay. Para no ser menos, la Vicepresidenta Carmen Calvo polemiza con ella, no desde una argumentación consistente políticamente, sino desde una ridícula querella de egos personales.
Y bueno, llegan a las vísperas del 8 M, y en vez de ser consecuentes con todas las informaciones y advertencias de los organismos internacionales sobre los peligros y la forma de atajarlos mejor, se dedican a competir para ver quién convoca más rápido y con más énfasis en la defensa de la fecha del 8 M, más que en la verdadera y consecuente defensa de la emancipación de la MUJER TRABAJADORA, como antes, o de la mujer en general, como ahora.
Y salen a miles, y se mezclan, abrazan y besan. Y el gobierno, alarmado a las pocas horas, con un paso adelante y tres atrás, no está ni se le espera. Al contrario, todos y todas compiten en una defensa garrula y burocrática del Día de la Mujer en la calle, en vez de una verdadera defensa a fondo en el día a día en las instituciones, fábricas, aulas, centros sociales, de deportes, y en todas las actividades en las que la igualdad y los derechos de la mujer trabajadora y de la mujer en general tienen que ser potenciados hasta su total consecución. Parece que Irene Montero está contagiada de Coronavirus.
Y ante esta irresponsabilidad de la progresía gobernante y los aledaños que la apoyan, la extrema derecha, que carga contra el gobierno a la menor ocasión, inventándose algo si no lo hay, tiene que demostrar que puede superar en inutilidad y estupidez a la progresía. Y el ultra reaccionario Ortega Smith se va chulo al Milán pandémico y cuando regresa participa de forma destacadísima en un acto con miles de personas, tosiendo y moqueando mientras abraza y besa a todo el mundo. Y, aunque la derecha y la extrema derecha no tienen que esforzarse mucho en demostrar lo que son en todos los sentidos, todavía me asombra un poco su insulsa majadería para demostrar que son capaces de hacerlo peor. Y Ortega Smith está contagiado de Coronavirus.
Y hay rumores, ya se confirmarán si son ciertos, que en Catalunya los fuertes brotes aparecidos tienen relación con el peregrinaje a Perpinyà de unos miles de fieles.
No sé cuántos contagios se habrán producido en Madrid y otros sitios el 8 M, o en el acto de Vox en Vista Alegre, pero no sería extraño que muchos. Y la responsabilidad de los gobiernos y de los políticos que la tienen o que, como mínimo, deben velar por el mejor funcionamiento de ésta, no puede ser la irresponsabilidad de hacer las cosas de la peor forma, buscando solo el aplauso, el voto y la vara de mando, manipulando las cosas serias.
(Jueves, 12 de marzo de 2020).
Sigamos con los populismos y las teorías líquidas. Para que nadie se llame a engaño*
Son muchos/as los responsables de la elaboración, difusión, y mantenimiento de las concepciones populistas y líquidas “progresistas”, pero ni sé, ni puedo, ni quiero abordarlo todo, solo ver algunos de los más significativos, importantes y determinantes personajes que las difunden.
Y, para que no haya engaños desde el principio, no lo hacen por valores morales, por construir un mundo más solidario y de justicia social, más democrático y pacífico, sino, simple y llanamente, porque quieren un mundo a la medida de sus intereses de clase dominante, camuflados en propaganda humanista.
Hablé en otro artículo del politólogo Laclau, como uno de los creadores intelectuales de las tesis que activaron los populismos y las teorías líquidas en las izquierdas, intentando cambiar las concepciones clásicas sobre la economía y su peso en la política, la lucha de clases entre los representantes de la propiedad y el capital y la clase obrera, según bases marxistas objetivas, no consignas burocráticas y de adoctrinamiento.
Al difunto Laclau no lo considero representante de ningún tinglado de intereses económicos y financieros del capital, sí el teórico de tesis que van creando progresivamente, y posiblemente sin pretenderlo, una concepción claudicante y entreguista a la filosofía de la clase dominante para así poder arrancar, según defendía, de la producción y economía que esta genera una parte para un reparto más igualitario de la riqueza. Laclau, al rechazar el “determinismo económico marxista y de lucha de clases como antagonismo crucial”, afirmando que lo impulsaban dogmáticamente los marxistas actuales, defendía la neutralidad de las fuerzas productivas como algo genérico, en la práctica sin amo ni señor.
Hoy no quiero hablar de Laclau, sino de los que tienen y controlan fortunas ganadas con los métodos de siempre del capital: con las plus valías de los que venden su fuerza de trabajo en el mercado, con la especulación financiera sin escrúpulos, con la producción de armas y las guerras, con el saqueo de las fuentes de riqueza de energías de todo tipo, con el petróleo en primer lugar hasta aquí, con todo tipo de metales, los preciosos de siempre y los nuevos metales de diversos tipos, necesarios para la investigación y desarrollo de nuevos productos científicos y de consumo generalizados.
Desde el norteamericano Gene Sharp, teórico de las “revoluciones” pacíficas, sin tanques ni fusiles, solo con la propaganda sinuosa y permanente que se encargue de erosionar gradualmente a los que se quiere liquidar políticamente por ser “dictadores”, “autoritarios” y, en definitiva, “indeseables”. Y cuando estén bien erosionados y considerados canallas a eliminar, las “masas” que sustituyen a las organizaciones de las clases obreras y trabajadoras, harán el resto. Lo hacen con Lula o con Bashar al Assad, con Sadam Husein o con Muamar al Gadafi, con Chávez o con Viktor Yanukóvich. Con una variedad de personas que tienen planteamientos diversos que no comulgan con los intereses del régimen. Y hasta aquí, cuando no vale la “revolución pacífica”, utilizan las bombas en Yugoslavia, Iraq, Libia o Siria……
Quiero centrame en George Soros, un especulador financiero multimillonario, con sólidos cimientos en capitales de EEUU y del mundo, que intervino con toda brutalidad en Serbia creando ONGs que prepararon las condiciones para lanzar la guerra contra Slobodan Milosevic, de acuerdo con Bill Clinton y la OTAN, dirigida entonces por Javier Solana; que ha impulsado la intervención en Ucrania, potenciando los movimientos nazis y reaccionarios, con la consecuencia de una nueva guerra; que ha participado, apoyado y financiado las “primaveras árabes” que sirven a sus intereses y a los de la oligarquía del capital, con el acuerdo y beneplácito de EEUU y de Hillary Clinton, la dirigente máxima de Obama, que tuvo que reconocer la responsabilidad de su país y la propia en armar y financiar a los terroristas en Siria y en toda la zona.
Y así podríamos continuar en la descripción de las hazañas de este personaje. Pero ahora quiero referirme al papel de Soros más cerca de todas nuestras realidades, las del mundo que nos afectan y las propias de Europa y España. Y en España, Catalunya. Soros ha creado ONGs y Think Tanks de acuerdo con las principales organizaciones yanquis de este tipo, algunas impulsadas directamente por la CIA. La más importante es la Open Society Foundation, una fundación que ha intervenido directamente en Catalunya apoyando a los nazional-secesionistas, sin escrúpulos de ningún tipo.
Y George Soros, millonario impulsor y financiador de todas estas cosas, fue valorado hace tres años por Alberto Garzón como un filántropo, o sea un benefactor, por haber participado Garzón en unos cursillos o algo parecido financiados por Soros. Esto para poder entender un poco más qué pasa en la “izquierda española, la catalana incluida”.
Y lo penúltimo del personaje en España. El primer visitante de postín que tuvo Pedro Sánchez en España después de la moción de censura contra Mariano Rajoy, que le permitió ser elegido presidente del gobierno, fue George Soros. Debió de ser muy importante y sustancial lo que hablaron, habida cuenta de los acontecimientos que se han ido sucediendo después.
Y escribo todo esto por varias razones: una es que lo que se considera la izquierda en España, salvo el PSOE que es un centrismo variable, es lo que ha surgido en los últimos años con Podemos y sus derivados.
Son la “izquierda” populista, o “progresía conservadora”, que liquida el mejor pensamiento y prácticas de clase, racionales y adecuadas a las nuevas realidades económico-sociales, políticas y culturales, y lo sustituye por una ficción que un día defiende una cosa como si le fuera la vida en ello y al día siguiente la contraria sin pestañear, organizando al mismo tiempo su buena vida como una casta cualquiera, y desde la siempre absoluta descalificación de todos lo demás, inventándose consignas y acciones “contra el fascismo españolista”, enfrentándose al feminismo histórico de clase que defiende, en común con los hombres, la emancipación de todos y todas, sin olvidar la defensa de los homosexuales, gays, lesbianas o transexuales, algo que nunca ha dejado de hacer.
O apoyando a los reaccionarios secesionistas en Catalunya, sin decir nada del papel que estos han jugado en el salto espectacular de VOX y del pensamiento de extrema derecha, ni mucho menos que entre esta extrema derecha y los secesionistas hay una importante similitud de métodos, actitudes y objetivos.
Para no ir más lejos, ayer en las manifestaciones del 8M, hubo gritos y expulsiones por parte de un sector de “feministas queer”, “femenismo machista” lo llamaría yo, contra las feministas que han ejercido en las épocas más difíciles, defendiendo sus reivindicaciones de mujer y de clase. A mí me ha parecido una burla a las 120 obreras asesinadas en 1857 por la policía de Nueva York, cuando se manifestaban contra los salarios de miseria y las jornadas extenuantes en la industria textil; o a las 146 calcinadas en marzo de 1911 en el incendio de la fábrica textil Cotton, de Nueva York, por efecto de las bombas incendiarias que les arrojaron por luchar contra las infames condiciones de trabajo que soportaban.
Llego a la conclusión de que si los reaccionarios independentistas de Catalunya lanzan sus “pijoprogres” acomodados contra los que no compartimos sus risibles historietas, los reaccionarios disfrazados de izquierda de España se lanzan también contra los que no bailan su agua corrompida al grito de “que se vayan al Burger King”.
Todo muy coherente con la degradación de las ideas, de la ética y de la política de esta “izquierda populista y líquida”.
Y luego Pablo Iglesias, en una nueva boutade de las que nos tiene acostumbrados, se atreve a decir que los medios de comunicación que chupan las almorranas del poder, tienen que estar en la cárcel.
*La República, 9 de marzo de 2020.
Una nota sobre el Día de la mujer trabajadora
El primer día de la mujer trabajadora, decidido por una Asamblea de mujeres en 1908 para denunciar los crímenes del capital contra ellas, su brutal explotación, marginación, represión y la absoluta falta de derechos elementales sobre el trabajo y como persona con derechos humanos iguales a los de los hombres, se realiza el 19 de marzo de 1911.
En 1975, la ONU declara el Día Internacional de la Mujer, desapareciendo el concepto de trabajadora y situándolo en la práctica como un día festivo en sustitución de la jornada de lucha y reivindicación de los derechos plenos de la mujer trabajadora que el movimiento obrero y el feminismo de clase decidió históricamente, como así se realizaba.
Quede claro, pues, que el Día de la Mujer Trabajadora parte de una concepción de clase contra la explotación y opresión de la que es objeto la mujer trabajadora, lo cual no excluye, sino que presupone, la defensa al mismo tiempo de la total igualdad de derechos de mujeres y hombres en todas las cuestiones y sean cuales sean sus ideas, edad, raza y condiciones sociales diversas.
Resumiendo, derechos de la mujer trabajadora en sus condiciones de asalariada, que vende su fuerza de trabajo en el mercado, frente al capital y sus métodos de explotación y liquidación de básicos derechos laborales y sociales aplicados por sus poseedores y poseedoras. Y, asimismo, defensa de los derechos humanos de igualdad en todo para todas las mujeres en la vida colectiva en la sociedad.
(Domingo, 8 de marzo de 2020).




El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.