Rafael Fraguas||
Periodista y Doctor en Sociología por la Universidad Complutense.||
La muerte de Julio Diamante, el sábado 1 de agosto, proyecta sobre el mundo del cine español la sombra de una dolorida orfandad. Su contribución a dotar al arte cinematográfico de la entidad crítica y emancipadora que solo el talento de algunos creadores, en conexión directa con el pueblo, sabe hacer aflorar, forma parte de su legado. Se trata de una de las herencias intelectualmente más copiosas que un cineasta han brindado a la sociedad española.
Y la legó desde su condición de documentalista, guionista, director y productor de numerosos filmes singularizados por su sensibilidad social y su perpetuo anhelo de libertad que el franquismo se propuso represivamente yugular, sin conseguirlo.
Julio Diamante había nacido en Cádiz en los últimos días de 1930, “tan solo cuatro días antes de comenzar el año de la República, el año en el que yo hubiera preferido nacer”, solía decir en clave de humor, puesto que desde siempre se adscribió a la causa de la República, desde las filas de la militancia comunista.
Su padre, como él, hijo de ingenieros de Caminos militarizado durante la Guerra Civil, había sido el ideador del sistema de pontones empleado por el Ejército de la República en la batalla del Ebro. Por ello, fue represaliado y encarcelado al final de la contienda, hecho que jalonó la infancia de Julio con sus itinerarios a lo largo de la media docena de prisiones donde su padre cumplía condena. También su abuelo, homónimo suyo, moriría en prisión en 1945.
La huella de la Guerra Civil que vivió entre los cinco y los ocho años de su edad, marcó asimismo su existencia; pero, afrontando la adversidad que aquello implicaba, le transformó en un pacifista comprometido. De sus 16 años data su pasión creciente por el jazz, los blues y, señaladamente, por el flamenco, géneros musicales despreciados por el franquismo que él, sin embargo, pugnó por acreditar: dirigió el primer programa monográfico al respecto emitido desde una emisora de radio en Madrid. También hizo incursiones en el cante y la interpretación.
Por inducción familiar, ingresó en la Facultad de Medicina, donde siguió estudios hasta el quinto curso; pero, poco antes de culminarlos, decidió no proseguir y encaminar sus pasos hacia su pasión más profunda, el Cine y la Escena, que trató de acrecentar desde un Instituto de Cinematografía, precursor de la Escuela de Cine de la calle de Génova, donde daría clases hasta su expulsión por motivos políticos.
Julio Diamante había fundado la primera célula de universitarios comunistas en torno al año 1954, en una reunión-tapadera, en forma de paseo de amigos, por el parque del Retiro de Madrid: en ella estuvieron presentes el poeta Jesús López Pacheco, filólogo y coetáneo suyo, que moriría años después en el exilio en Canadá; Jorge Semprún, escritor, futuro dirigente del PCE en la clandestinidad bajo el pseudónimo de Pajarito y Federico Sánchez; y Enrique Múgica Herzog, donostiarra y estudiante de Derecho.
Con ellos, y con un arraigado sentido de liderazgo, Julio Diamante promovería las acciones germinales que vertebraron el movimiento estudiantil antifranquista en la Universidad de Madrid mediados los años 50: el Congreso de Jóvenes Escritores, abortado por la policía política del régimen; la primera manifestación abiertamente antifranquista durante el sepelio de Ortega y Gasset –con bloqueo estudiantil de importantes arterias públicas madrileñas; y el homenaje a Antonio Machado en Baeza, entre otras iniciativas.
Tras sufrir varias detenciones, Julio Diamante regresaría a la Escuela de Cine en 1960. Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga serían sus principales mentores. A partir de entonces, desarrolló una erudición cinematográfica realmente excepcional: conocía al dedillo el cine francés –realizaba escapadas a París, entonces Meca europea del Cine-, así como la cinematografía italiana, sueca y rusa. Comenzó luego a idear, escribir, y realizar numerosas filmaciones signadas por su militancia ideológica y política, con la censura franquista al acecho, pisándole siempre los talones.
Sus nexos en el mundo del Cine se ampliaban a todos los ámbitos: actrices y actores de la máxima relevancia, como Lola Gaos, Julia Gutiérrez Caba, Enriqueta Carballeira, Agustín González, Juan Luis Galiardo y Julián Mateos, entre muchos otros, hallaron en Julio Diamante o bien la ocasión para debutar ante las cámaras bajo su dirección o bien leyeron y estrenaron sus guiones.
Julio Diamante era partidario de relacionarse directamente con quienes escenificarían sus filmes y lo hacía de tal manera que generaba con ellos una relación afectiva de extraordinario valor para la autenticidad de lo filmado. Quienes le conocieron en los platós, profesaron hacia él un profundo afecto, según confirman sus allegados.
De sus numerosos trabajos cinematográficos, observados con lupa por la censura franquista, él se sentía especialmente orgulloso de “Los que no fuimos a la guerra”, subtitulado “Cuando estalló la paz”. Asimismo, dirigió “El arte de vivir” y “Tiempo de amor”, donde enfocaba la pareja española en los años 60 desde la perspectiva de la represión sexual entonces vigente. La Carmen sería otra de sus obras, así como Sex o no sex, protagonizada por Carmen Sevilla y José Sacristán. En 1970, estrenaría Elena y Fernanda, bajo una trama aparentemente inspirada en un relato policiaco del tipo de los de Alfred Hitchcok, en el que abordaba de manera pionera y audaz, en pleno franquismo, una relación lésbica, asunto éste totalmente tabú, que el régimen intentaba eliminar a toda costa de cualquier escenario.
“Todas las obras de Julio Diamante poseen no solo una textura argumental, un contenido crítico y social, vertebrado y coherente, sino que, además, gozan de una plástica muy cuidada”, señala su amigo el escritor Manuel Espín. “Como director de la prestigiosa Semana Internacional de Cine de Autor de Benalmádena, Julio luchó con denuedo por abrir camino y normalizar la libertad de expresión en el cine en condiciones muy adversas”, añade su amigo.
Con el fruto de un galardón cinematográfico, el cineasta gaditano decidió en 2012 realizar un enjundioso documental con entrevistas a personajes decisivos en la Transición del franquismo a la democracia, desde Santiago Carrillo a José Antonio Labordeta, Marcos Ana, Pilar Bardem, Nicolás Sartorius o Rosa Regás verdadero testimonio de aquellos años cruciales de la lucha por la democracia, en la que el PCE jugó un papel decisivo y del cual Julio Diamante sería uno de sus principales adalides.
Como se puso de manifiesto en el homenaje que la Academia de Cine le tributó a Julio Diamante el pasado mes de febrero, sus principales metas vitales fueron la lucha contra la represión, la reivindicación del amor y la conquista de las libertades democráticas, secuestradas por el franquismo. Y todo ello con una atención especial hacia los sectores sociales más dañados por la represión, la persecución y el olvido, desde la clase obrera a las mujeres.
Julio estaba casado con Sagrario Muñoz, Profesora Titular de Historia de la Ciencia en la Universidad Complutense. De un matrimonio anterior, tenía dos hijas, Berta y Laura. El domingo 2 de agosto era enterrado en el cementerio civil de San Isidro, con su ataúd envuelto en la bandera tricolor.




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