
Este es un Manifiesto en defensa de la democracia surgida de la Transición, un sistema político que fue posible gracias a la reconciliación entre españoles y a la voluntad de consenso de los actores políticos que, en aquella delicada coyuntura, supieron desmantelar la dictadura franquista para construir un sistema democrático homologable al occidente europeo. Y todo ello en medio de grandes dificultades, radicalismos de todo tipo que impedían aquel tránsito y no pocos atentados a derecha e izquierda del espectro político que a punto estuvieron de hacer naufragar el proceso. Sin embargo, la voluntad de concordia existente entre los sectores reformistas del franquismo y la oposición consiguió ahormar un sistema de libertades donde las diversas opiniones podían manifestarse públicamente, sin temor a la represión violenta, superando así la dialéctica de “las dos Españas” que tanto había debilitado a nuestro país desde el enfrentamiento fratricida que sufrimos en 1936. Libertad, paz, pluralismo, igualdad ante la ley… esas fueron las claves de la Transición y la urdimbre del sistema sancionado por la Constitución de 1978; un sistema cuyo desarrollo ha propiciado la etapa más próspera de la reciente Historia de nuestro país.
Pero el surgimiento de fuerzas populistas como Podemos, que impugnan el sistema de 1978, y la radicalización de unos nacionalismos desleales con la Constitución ponen en peligro esa democracia, coadyuvados por la actitud de un gobierno socialista que, lejos de defender las bases del sistema que ayudó a construir en la Transición, pacta ahora con quienes quieren destruirlo. Y todo ello para forjar un gobierno débil y contradictorio, pues no se puede gobernar España con quienes quieren destruir a España.
A la defensa que aquí hacemos del régimen de libertades del 78 están llamados todos los partidos democráticos, los intelectuales, hombres y mujeres de las letras, las artes y las ciencias, los medios de comunicación que coincidan en señalar este grave peligro, y todos aquellos ciudadanos que sienten la amenaza real y viven con alta preocupación este momento crucial en el que nuestro futuro y el destino de nuestro país, libre y democrático, está verdaderamente en juego. Del mismo modo que en la madrugada del golpe de Estado de 1981 el grito “¡Viva la Constitución!” aglutinó a la sociedad española contra el intento de truncar la recién nacida democracia, también ahora es preciso alzar la voz, alto y claro, para defender las libertades existentes, la democracia que aún tenemos.
Es indudable que el sistema necesita reformas. Es imperativa la lucha implacable contra la corrupción generalizada que asola nuestra sociedad. Es mandatorio el compromiso regenerador de las instituciones democráticas, una apuesta decidida por la máxima transparencia en la acción pública, impulsar la excelencia en la maltrecha educación secundaria y universitaria, combatir el abandono secular de la investigación e innovación científicas, hacer eficiente y sostenible el sistema sanitario público (cuya gestión y organización han quedado en entredicho con descarnada crudeza durante la crisis provocada por la epidemia del coronavirus), robustecer la economía del país y propiciar una distribución justa y equitativa de la riqueza, atender las necesidades de los sectores más frágiles de la sociedad (indigentes, parados, pensionistas, etcétera). Pero lo que nunca puede admitirse bajo la excusa de políticas fraudulentamente sociales (en supuesta defensa de los intereses de “la gente”), bajo ninguna bandera ideológica, es la demolición del sistema político que diariamente construimos todos los ciudadanos españoles de manera responsable y solidaria, desde la promulgación de la Constitución refrendada mayoritariamente en 1978 hasta hoy mismo en que se hace necesario protegerla de amenazas impensables hace pocos años.
Por ello, tan imperativo y mandatorio como reformar, mejorar e implementar el Sistema democrático, lo es rechazar de forma rotunda y radical el atentado permanente y malintencionado que concibe y prepara la “nueva política”, repleta de ideas atávicas, contra su mera continuidad y existencia; una existencia y continuidad abiertamente defendidas y promovidas por las generaciones actuales en solidaridad con las futuras.
Hay que responder a la degradación de una democracia que no podemos abandonar a su suerte. Hay que reivindicar la Transición del 78 de la que reniegan nacionalistas y populistas, pretendiendo retrotraernos a épocas oscuras y tenebrosas de la historia. Hoy es más necesario que nunca emplazar a la sociedad española en la defensa del sistema democrático ante los envites de la lacra del populismo. Un populismo que amenaza gravemente Europa, de cuyo último combate no ha mucho tiempo disputado, con el Brexit tristemente ya materializado, hemos salido ciertamente heridos. No permitamos que continúe el “Juego de Tronos”; o pondremos en riesgo no solo el trono, sino también el bienestar, la convivencia pacífica y la libertad de los españoles.
Una vez más, quizá más que nunca, la sociedad civil debe hoy levantarse, consciente de la seriedad y de la transcendencia histórica en que vivimos, y proclamar con sobriedad, pero con orgullo, su compromiso indeleble con la Constitución Española y el Sistema democrático que jurídicamente reglamenta y codifica.
¡Defiende la Democracia!
¡Lucha por la Libertad!
¡Salvaguarda el Estado de Derecho!
¡Viva el Régimen Constitucional de 1978!
Primeros firmantes:
Rafael Bornstein Sánchez. Médico especialista en Hematología.
Alfonso Pinilla García. Profesor de Historia Contemporánea. Universidad de Extremadura. Mariano Gomá Otero. Arquitecto. Presidente de Foro España y España Cívica.
Gloria Lago Cuadrado. Profesora de Filología ES. Presidente y portavoz de la Asociación Hablamos Español.
Fernando Mut Oltra. Arquitecto. Presidente de Sociedad Civil Valenciana.
Cosme Bernat Brull Alorda. Periodista. Presidente de Foro Baleares de la Solidaridad y del Progreso.
José Miguel Larraya Mendía. Periodista. Ex Defensor del Lector de El País
Carlos Lozano Trotonda. Médico especialista en Análisis Clínicos.
Ana María Godoy Rodulfo. Ama de casa.
Roberto Muñoz Bolaños. Profesor de Historia Contemporánea. Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (UNED)



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