Aznar, el que nunca se arrepiente

Julián Arroyo Pomeda||

Catedrático de Filosofía||

En la última entrevista de Évole Aznar ni siquiera acepta que le hayan perdonado, porque hizo las cosas bien, por eso va con la frente levantada, cual legionario en acto de servicio, hablando claro y rotundo, exhibiéndose como hombre de Estado.

 

 

Se mantuvo firme en sus convicciones, porque lo habitual en él es engañarse a sí mismo hasta creérselo. Lo que más se oyeron fueron sus carcajadas estentóreas. En cambio, habló en tono bajo, de forma monocorde, como si se hablara a sí mismo a manera de oráculo. Repitió los mismos cuentos de siempre, haciéndolo sin rubor, tan matón como siempre.

Salió todo en el tiempo disponible: el 11-M y su autoría, las armas de destrucción masiva de Irak, la financiación del PP, la corrupción, los invitados a la boda en El Escorial. Todo lo negó como un buen padrino de la mafia política establecida durante su gobierno, del que alabó lo que hizo y la gestión impecable de los ministros que le acompañaban, que después -¡ay!- han sido condenados. 

Si supo hacer bien una cosa, retirarse en el momento adecuado para no volver más al ejercicio de la política. Si se hubiera presentado de nuevo en aquel fatídico 2004 a las Elecciones Generales habría recibido el golpe más duro de su vida, al ganarle Rodríguez Zapatero, que era entonces un simple diputado desconocido. En el fondo, la victoria del socialista fue un magnífico tortazo en la misma cara de Aznar, aunque fuera otro el chivo  expiatorio, al que puso como sustituto. Esto no se ha comentado, porque empequeñecería su figura, dejándolo tirado en el barro, mientras que engrandecería la de Zapatero, que pudo gobernar con holgura.

Apostaron fuerte entonces y cayeron en su engreída temeridad. Así establecieron la mentira en la política, que lo engangrenó todo, convirtiéndola en un ejercicio insoportable hasta hoy. En cambio, el pueblo no se lo creyó, porque se dio cuenta de que “los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta, que les diga siempre la verdad”, en palabras de Pérez Rubalcaba. Los perdió su empeño tozudo en mantener la mentira de raíz. Demasiadas veces llevaban haciéndolo ya y ahora fueron pillados y no tuvieron perdón de la ciudadanía.

El hombre que supo publicitarse con la mayor petulancia esta vez cayó en su propia trampa. Un poco antes de estas fechas, estuve en un Congreso de Filosofía con alemanes, franceses y portugueses en Coímbra (Portugal) y, cuando nos vieron llegar, los portugueses lanzaron a voz en grito: ‘España va bien’, con gran jolgorio por su parte y entre risas y saludos por la nuestra. Un eslogan que el mismo Aznar se montó, aunque un periodista cercano le comentó que eso no servía para nada, sonreía satisfecho Aznar en la entrevista.

Évole casi canta victoria cuando le preguntó por sus palabras ante la campaña de la Dirección General de Tráfico, que decía lo de nadie puede conducir por ti y lo de las copas de vino que tenía que tomarse. Musitó ‘lo siento’, porque llegaba del extranjero y no sabía lo de tal campaña. ¿Pide disculpas, entonces?, voló Évole, que se encontró con la respuesta inmediata: “No, no… he dicho que lo siento”. Nueva carcajada.

A Aznar no le han reconocido su gran gestión política, dicen. ¿Y qué quieren que se le reconozca? ¿Acaso haber instaurado la mentira en la política? En esto fue un verdadero maestro, pero se alcanza antes a un mentiroso que a un cojo y así ha sido. Lo controlaba todo en su partido, pero ahora dice que estaba para ganar elecciones y gestionar el gobierno, no para perseguir lo que pudieran hacer sus subordinados. Qué fácil y qué cómodo es tirar balones fuera, porque estaba acostumbrado a hacer lo que le daba la gana. Por ejemplo, tenía información de las armas de destrucción masiva de Irak, cuando días antes Jorge Dezcallar, jefe del CNN  le comunicaba que no era así. El propio Bush dice al embajador Javier Rupérez en Washington que no fue ETA la autora de los atentados de Atocha, sino la línea islamista, y tampoco hizo caso. El jefe de los Tedax de entonces, Sánchez Manzano, comunica a sus superiores que los explosivos no eran de ETA, pero no se inmutó. ¿Por qué?

Circulaba entonces entre algunos asesores de Aznar que “si ha sido ETA, barreremos, pero, si lo son los yihadistas, ganará el PSOE”. Y había que ganar, manejando incluso la peor mentira. Resultó que no fue ETA y perdieron las elecciones. Con mal estilo y mucha tosquedad sigue diciendo que era la información que tenían y querían decir exactamente la verdad a los ciudadanos. Les salió mal, no se lo tragaron. Aznar, imperturbable.

Lo de la boda lo despachó igualmente en pocos segundos. Ante la foto mostrada con los principales integrantes de la Gürtel, dijo que no los conocía, ni tampoco los invitó él y presumió ante el periodista que se caería de la silla si supiera cuantos pidieron acudir a la boda de su hija.

Así sigue. La cuestión es no dar su brazo a torcer y reconocer que se equivocó. Sería de agradecer un poco de humildad, pero no. Siempre endiosado hasta cuando pierde. Ahora los populares lo tienen mal, ¿quién será el nuevo Aznar que ponga orden en sus filas y los unifique a todos? El nuevo secretario general parece no dar la talla en este importante asunto.



El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.