El turismo de masas, esa necesidad incómoda

Jaime- Axel Ruiz Baudrihaye||

Abogado y escritor||

https://laplumadelcormoran.me/

Lo que fue, eso será;
lo que se hizo, eso se hará.
Nada hay nuevo bajo el sol.

(Eclesiastés, 1, 9)

Es sólo una pausa debido a la pandemia. Ya se preparan los gobiernos y las empresas para volver a lo mismo.

El sector turístico español (viajes, alojamiento, restauración) representa el 14% del PIB y emplea a dos millones de personas. Recuperarlo se hace necesario porque no tenemos alternativa industrial, tecnológica que pueda sustituir o compensar esa pérdida. El turismo de masas en España es, desgraciadamente, estructural.

Lo peor es que va a volver a las andadas, a la masificación, a la cantidad, a la sobre-edificación. Por mucho que digan para intentar convencernos de un nuevo ‘paradigma’, como llevan cacareándolo desde hace años, por mucho que digan que se quiere calidad, experiencia y sensaciones. No, lo que se quiere es masas que llenen los bloques de apartamentos y los más de cien mil bares del país. La rentabilidad por viajero es secundaria, y los precios baratos de nuestro turismo se tienen que compensar con mayor número de clientes.

 

Hace muchos años…

 

Muchos reconocemos, pero con la boca pequeña (para no ser aguafiestas), que sin turistas se está mejor, hay más sitio, las ciudades no están atiborradas, atosigadas. El otro día Abelardo Linares, el gran editor y poeta sevillano, reconocía que en Sevilla se paseaba mejor, que estaba más tranquila la ciudad. Pero, claro, eso lo dice un poeta, para furor de empresarios hoteleros y hosteleros.

Pero el turismo al final es, como las industrias químicas o extractivas, una actividad económica molesta pero necesaria, imprescindible. Los cuatro ecologistas y elitistas que clamamos contra la masificación somos incómodos, indeseados.

 

 San Antonio Abad. Ibiza. Hace muchos decenios.

 

Nuestras ciudades seguirán ese proceso de barcelonización, convirtiendo sus centros históricos en parques temáticos, desvirtuándolas, expulsando a la población de los barrios para crear hoteles, bares y apartamentos turísticos, sean airbnb o parecidos. Curioso que se preocupen con los okupas cuando deseamos millones de okupas anuales. Así tenemos la Baixa de Lisboa, Brujas, Venecia, el centro de París, cada día más inhabitables pero rentables para unos cuantos.

Con las ideas pías que hemos imaginado en nuestro encierro de la pandemia, muchos pensábamos que el turismo de masas había de acabar, que era un arma de destrucción de las ciudades, del sosiego, del paisaje. Pero volverá. Dicen que para 2023. Volverán los inmensos cruceros contaminantes, los puentes aéreos invasores, las masas que no dejan pasar por las aceras.

 

Alicante. Real Club de Regatas. 1956

 

Nunca tendremos ese turismo positivo, utópico, que fomenta el encuentro y el conocimiento, como antes los viajeros ilustrados. Ya se encargarán los gobiernos, los alcaldes, las compañías aéreas y los constructores de recuperar ese llamado crecimiento, por muy insostenible que sea. Volveremos a nuestro turismo de bebida barata, de tumulto general. Ningún alcalde se va a oponer, al contrario, darán más licencias de construcción, harán la vista gorda con los abusos y aglomeraciones.

Resignémonos, esto del turismo de playa y de ciudades es como la cuenca del Rhur o la del Donbás en Ucrania, feas, horrorosas, pero productivas.

 

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