La tiranía como política democrática

Julián Arroyo Pomeda||

Catedrático de Filosofía||

Voy a dejarlo claro desde el título mismo. La reciente llegada a Ceuta de 8000 personas desde Marruecos se debió únicamente a que el monarca-tirano de ese país abrió la frontera para lanzárselos a España en toda la cara. Entre ellos se encontraba en 200 menores. Esta responsabilidad hay que asignársela a quien la tiene. Sin embargo, tal obviedad no se verá en los periódicos de la derecha de Madrid, que llevan toda la semana echando las culpas al Presidente del Gobierno de España, junto con el ministro del Interior y a la ministra de Asuntos Exteriores. Tampoco estaría de más que el rey Felipe V echara una mano con una entrevista o contacto entre reyes.

 

 

¿Cuál ha sido la causa de esto? Que España haya acogido a Brahim Ghali, el líder del Frente Polisario saharaui, debido a razones sanitarias, para que pudiera curarse así de su contagio del virus. Este hecho no lo consiente Marruecos, sin importarle nada la soberanía española, que, al parecer, tiene los límites establecidos por el rey de Marruecos. Su embajadora en España ha sido clara: hay actos que tienen consecuencias que deben ser asumidas. Pues bien, habría que llamarla a consulta y, en su caso, expulsarla del país. Y hacerlo sin contemplaciones, aplicándole su mismo remedio: asumir sus propias declaraciones, hechas de un modo imprudente. Esto no se puede consentir a una embajadora. La solución ha sido tan fácil como lo fue la salida. Se ha cerrado la frontera. ¿Listo?

No parece que sea tan fácil abrir y cerrar la frontera según mis intereses. ¿Qué tipo de país socio es este? Desde luego, no parece de fiar esta monarquía, denominada moderna. La respuesta del Gobierno ha sido rápida, correcta y efectiva. Se han personado en Ceuta, han desplegado al Ejército e inmediatamente han obligado a que retornaran a Marruecos 5.600 emigrantes, en virtud de los acuerdos bilaterales de 1992, rechazándolos en la frontera española. ¿Qué ha hecho entonces la oposición? Lo más inesperado. Siempre se autoproclaman patriotas, envolviéndose en la bandera española, pero no lo son. Han recibido el acontecimiento con las críticas más aceradas y crueles reproches al Gobierno. Es muy sintomático que el líder de la oposición ataque en el Parlamento y después se modere. ¿A qué juega? Parece tirar la piedra y esconder la mano, lo que no resulta nada loable. Juega con la situación cual Charlot con el mundo en “El gran dictador”. Tampoco es nada fiable esta clase de oposición. El Gobierno está solo, que no espere que nadie le defienda. Esto sí que es preocupante.

¿Qué hace el Presidente de Estados Unidos? Echar balones fuera. Ahora ya no está Trump, pero Biden actúa de la misma manera: es un conflicto bilateral entre Estados. La Unión Europea ha establecido una posición política correcta. No deben olvidarse las reacciones de nadie, a fin de que en el futuro no nos coja desprevenidos otra vez, porque con estas cosas no se juega.

Todavía queda una polémica más, si España ha actuado bien devolviendo en caliente a los migrantes llegados a Ceuta. Si puede o no, el Gobierno lo ha hecho con la mayor decisión, que aplaudo. Después se puede discutir si se puede o no, pero lo que no se debe es aceptar hechos consumados. ¿Cuál es, por fin, el problema por el que esto puede volver a repetirse? La madre de todas las a batallas es el Sahara. Marruecos lo quiere para formar parte de su territorio, aunque tenga que incumplir el acuerdo de la CON, un referéndum de autodeterminación para que los ciudadanos de este territorio decidan o no su independencia.

Este territorio de 270.000 km² de arena fue colonia española, anexionada por Marruecos en 1975 de forma larvada y en una marcha verde en diciembre de 2020. Un Trampa irresponsable y con el cerebro lleno de arena ha reconocido la soberanía de Marruecos sobre el Sahara occidental. Cuenta con importantes reservas de fosfato y un gran banco pesquero. El Polisario sólo controla el 20% del territorio Marruecos rechaza toda consulta a los habitantes. Quiere explotar el solo sus aguas. La Marcha verde del 75 dejó una herida abierta, que todavía no se ha cerrado. A la menor excusa, que puede ser el próximo acuerdo de pesca con la Comunidad Europea, volverá la tirantez. Si no le gusta a Marruecos, la tensión se hará presente de nuevo y así ¿hasta cuándo? La respuesta es fácil de dar: hasta que Marruecos consiga cuanto quiere. Y para esto no valen normas, ni convenios, ni presupuestos. El monarca-tirano sólo trabaja en la dialéctica del todo o nada hasta la victoria final.

Mientras tanto, tenemos un Partido Popular que echa la culpa de lo que nos pasa a Podemos. En una actitud demencial dice que nos lo merecemos, quien quiso atacar a unas pocas cabras en el islote de Perejil, haciendo entonces el ministro Trillo el ridículo más espantoso. No aprendieron y por eso no saben de qué lado están, lo que desprestigia a una fuerza política que solo debería estar con el Gobierno en este caso. De lo contrario, nadie les tomará en serio.



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