Damián Rodríguez Sanjurjo||
Trabajador manual preocupado por todo lo que ocurre||
Todo el mundo conoce que, como muchos movimientos de índole separatista, el secesionismo catalán no es nuevo ni reciente aunque en la actualidad sí ha alcanzado una masa crítica de población que nunca ha obtenido a lo largo de su historia. Son diversos los factores que, combinados, han creado un resultado tan explosivo como una cerilla encendida y un bote de gasolina juntos.
Ni siquiera la breve proclamación Maciana del año 31 (dentro de una federación Ibérica), ni la del 34 del más que dudoso independentismo de “Companys” (dentro de la república federal Española), ha llevado a una masa tan numerosa de catalanes a las tesis secesionistas. ¿Por qué?
La explicación no es simple. No se trata de una defensa de autoconservación de una pléyade de políticos corruptos y habituados a cierto tipo de prácticas “mafiosas”; ni a la crisis de 2008 y la consiguiente destrucción de las clases medias –que, por otra parte, también ha ocurrido y ocurre en otros lugares de las Españas–; ni a una supuesta manipulación de las mentes de los críos en los colegios; ni a un sentimentalismo de las gentes que habitan Cataluña. Esos análisis de brocha gorda, no ayudan a comprender un fenómeno que, con altos y bajos, siempre ha estado y, quizás, siempre estará ahí.
La débil conformación del Estado-Nación Español, la falta de un enemigo exterior, la pérdida del mercado de las colonias generó el surgimiento de este proyecto nacionalista llamado Catalanismo; una muestra no sólo aquí, sino también en el resto de Europa del lento pero imparable declive de Europa con la idea central en su seno del Estado-nación.
El Catalanismo, que en palabras del líder obrerista catalán García-Oliver “… es una idea de sacristía y tenderos”, ha conseguido calar en otros sectores sociales, (clase obrera, entornos urbanos), que en el pasado eran refractarios e incluso hostiles a estas ideas de cariz conservador y rural.
Ha conseguido, el catalanismo, la hegemonía a través del poder autonómico que antes no existía y no podían ejercer, para realizar sus propuestas de “ingeniería social”, –que, dicho sea de paso, todo poder político intenta realizar; no existe ninguna maldad en ello –. Pero lo que se les puede reprochar son las ideas falsas que propalan, ya que han confundido a mucha gente de buena voluntad, basado en un victimismo inducido en falsedades de tipo histórico u actual. Confusión y ocultación de la rica variedad ideológica y política a lo largo de la historia de Cataluña, ya que en sus medios sólo existe el independentismo, algo de federalismo, liberalismo e incluso Carlismo. Amén de manipulación torticera… la CNT nunca simpatizó con este ideal.
La creación de una red clientelar, característica del estado autonómico, junto a la de funcionarios fieles, hacen una masa crítica fiel y apologética de esta causa. Sí, la aplicación del ideario nacionalista siempre contrario a la meritocracia, hace que una caterva de mediocres (se ve a la vista), defiendan el prucesisme a muerte, cueste lo que cueste. Ahí fuera en el mercado laboral hace bastante frío, a pesar del perjuicio que causa a los ciudadanos de a pie (incluidos los pro-secesión).
A estp hay que añadir su trabajo de cosificación del adversario político por parte de los secesionistas. Para muchos de ellos, el 52 por ciento de la población catalana, no secesionista, no existe ni se le tiene en cuenta, más allá de hacerlo para descalificarlo o, en muchos casos, cometer delitos contra la privacidad de los no adeptos. El autismo social y político ha sido propiciado sin duda por el poder regional, pero la combinación de un narcisismo exagerado, sobre todo en la generación de hijos únicos benestants (acomodados), que han protagonizado gran parte de los incidentes en estos últimos meses. El voluntarismo, la expresión de una nueva religiosidad laica, la demagogia e ideas propias de libros de “autoayuda”, han calado fuertemente en la sociedad, que, como en otras de Occidente, se encuentran compuestas de individuos atomizados y aislados, en gran parte necesitados de una amalgama frente a un supuesto enemigo exterior o a una realidad nada halagüeña.
No menos fundamental es la intervención de potencias como China o Rusia para desestabilizar Europa, o contrarrestar a la OTAN, o decisiones como el reconocimiento unilateral del estado palestino, o la intervención española en Iberoamérica (caso Pinochet, Venezuela), hacen que existan muchos actores internacionales interesados en meter baza en el avispero catalán.
La existencia también de organizaciones para-policiales (CDR), o para-gubernamentales, hacen que el respeto a la ley o normas democráticas sea harto difícil. Bastante será con que Cataluña y el resto de las Españas, salga indemne de este despropósito, que afecta a nivel político social y económico no solo a Cataluña sino al resto de las Españas.
Y junto a todo ello, la aceptación e incluso reconocimiento de la filosofía “nacionalista” en el resto de España, viéndola como algo normal y hasta hegemónico en la sociedad catalana, en definitiva, entre la desidia, astucia y decadencia general de conceptos de las sociedades políticas modernas, hasta aquí hemos llegado.




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