Arturo del Villar||
Escritor, poeta, editor y periodista. Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio||
Un extranjero que esté leyendo las noticias referentes al reino de España en estos días finales de agosto de 2021 creerá que esto es Jauja. No la ciudad peruana, sino toda una esplendorosa nación. Solamente en ese dorado lugar se comprenden los millones alegremente anunciados en los medios de comunicación social. Nos cuentan que el Real Madrid ofrece al club Paris Saint Germain 180 millones de euros por el traspaso de su jugador Mbappé. Y buena parte de la atención nacional, azuzada por los medios de comunicación de masas, se halla pendiente de las negociaciones, para comprobar si la operación se remata felizmente.
A juzgar por las informaciones periodísticas, será una felicidad colectiva, una victoria sobre los gabachos que tantas veces derrotaron a los españoles, cuando ponían en acción a cien mil hijos de padres desconocidos y por eso achacados a su santo rey Luis IX, que debió de pasarse la vida procreando, cuando no se iba de cruzadas. Ese observador extranjero pensaría que el reino de España se encuentra financieramente en mejor situación que la República Francesa, y por eso derrocha el dinero.
No obstante, ese observador extranjero debiera fijarse también en las noticias económicas. Así sabría que la deuda pública bruta del reino en el primer trimestre de 2021 ascendió a 1.392.733 millones de euros, el 125,2 por ciento del PIB español, unas cifras tan escandalosas que debieran obligar al Gobierno a tomas medidas económicas muy severas, en el supuesto de que supiera gobernar. La deuda per capita asciende a 29.386 euros, una cifra que debiera impedirnos dormir a todos y cada uno de los vasallos de su majestad el rey católico, al comprender que estamos en la ruina colectiva más colosal que podíamos imaginar.
Hay fútbol como remedio
El reino está endeudado para todo este siglo al menos, pero los equipos de fútbol juegan con millones de euros como si a ellos no les afectara la economía nacional. Y es verdad que los jugadores son considerados superhéroes en los medios de comunicación de masas: habitan en casas lujosísimas que les permiten fotografiar a los redactores de esas revistas infames llamadas del corazón, poseen varios vehículos de grandes cilindradas, y cobran fantásticos sobresueldos por hacer publicidad para cualquier producto en el mercado.
Una de las dos Españas, la mayoritaria, vive pendiente del fútbol y sus protagonistas, de manera que los medios de comunicación impresos y digitales rivalizan en el arte de proporcionarle noticias que la entretengan ocupada y no piense en otra cosa ajena al fútbol. Ha conseguido imponer una futbolatría contagiosa, para la que no se conoce vacuna, y si la hubiera nadie querría dejarse pinchar en ese grupo. La imaginación de esos españoles no sobrepasa la de un niño de siete años, contagiado él también por el virus futbolístico.
Resulta muy cómodo residenciarse en Jauja, ahí en donde no es necesario interesarse por nada ajeno al fútbol, porque todo lo demás carece de interés y es una pérdida de tiempo penar en ello. En la economía nacional, por ejemplo. Por tal motivo los gobernantes favorecen todo cuanto se relaciona con el fútbol, ya que un pueblo drogado es fácil de dirigir. He escrito alguna vez que si Marx viviera hoy, definiría que el fútbol es el opio de los pueblos y la rémora del progreso. Con la mente ocupada plenamente por la manera de meter goles, la marcha del reino carece de interés.
Está mal y empeorará
La otra España, la minoritaria, intenta llamar la atención del pueblo sobre la realidad de la España real, sin ningún éxito. Hasta el rey se declara seguidor del Atlético de Madrid, y lleva a su hija y presunta sucesora a presenciar algún partido. Esa España que piensa desea tener la oportunidad de explicar a la futbolería nacional en qué situación financiera estamos, y lo que se adivina para el futuro inmediato.
Los jugadores de fútbol han formado una palabra con la unión de dos, la perobueno. Así, cuando explican la pérdida de un partido la emplean siempre como disculpa: “Hemos encajado ocho goles sin marcar ninguno nosotros, perobueno, hemos demostrado que si hubiéramos tenido un poco de suerte podíamos haber ganado.” Aplicado al tema nacional, se traduce por: “La economía está superhundida y es imposible reflotarla, perobueno, contamos con grandes jugadores de fútbol que nos hacen pasar muy buenos ratos viéndolos primero en el campo y en los días siguientes comentando las jugadas.” Eso es lo que importa de verdad a la mayoría enjaujada (por pasarse la vida en Jauja).
Y, así, el reino sigue hundiéndose financieramente, perobueno, si hasta ahora lo henos soportado podemos continuar igual durante unos siglos más. En Jauja nadie se preocupa por el futuro. Ahí se practica la vieja teoría del laissez faire, laissez passer, que es muy cómoda. Y además muy recomendable: cuando escucho a nuestros gobernantes, los actuales y los anteriores, exponer sus planes, me entran ganas de irme a jugar al futbolín, porque para el fútbol no tengo edad. Es preferible que protejan al fútbol y no sigan destrozando la maltrecha economía, porque todo lo malo puede empeorar.




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