El sueño palestino de Hani Faydi

Octavio Colis.

Escritor

Hany Faydi vino de Palestina hace cuarenta y cinco años para estudiar Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid; luego se casó con una española, tuvo dos hijas madrileñas muy palestinas y, un día, aceptó ser representante de la OLP en España, pero advirtió: “No por mucho tiempo, tengo la intención de volver a Palestina cuanto antes”. Aunque nació en Nablus, al norte de Cisjordania, toda su familia era de Haifa, en la costa mediterránea palestina que ocuparon los israelíes durante aquellos meses fatídicos de 1948, cuando Ben Gurión declaró el Estado de Israel y su ejército se apropió de tierras y lugares en que los palestinos habían vivido durante generaciones -hasta entonces con toda normalidad- con la minoritaria comunidad judía. Ahora hay millones de judíos que decidieron un día ir a vivir a Palestina, israelíes ahora, aunque nacidos en casi cualquier parte del mundo, que creen que los palestinos son sólo merodeadores árabes sin tierra que terminarán por desanimarse y dejarán de molestar. Debieran haber aprendido a conocer a la gente que vivía allí desde hace tanto tiempo para entender que no olvidarán nunca su condición de árabes palestinos, porque su memoria es fértil y va de palestino a palestino, y no importa en dónde estén porque viven esperando el momento de volver a su tierra. Es raro que los judíos no lo entiendan porque quizá ellos debieran comprender esa actitud mucho mejor que nadie.

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©Germán Gallego.

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Israel no ha podido vivir sin un padrino nunca

“Si en algo llevan razón los israelíes es en que los palestinos somos árabes. Ese es un sentimiento profundo que reconozco en mí desde que era niño. Soy árabe palestino y me importa todo lo que les sucede a los árabes en cualquier parte del mundo. Ahora mismo, como profesor, trato de enseñar esto a mis alumnos, árabes en España como yo. Llegué a Madrid en 1966 y entonces aquí también se escuchaba la radio clandestina, como en los años 50 en Nablus, cuando oíamos a escondidas la radio que hablaba de las aspiraciones, frustraciones y logros del mundo árabe. Era muy emocionante para mí, sobre todo cuando hablaba Gabal Abdel Nasser, porque sabía que le oíamos con mucho respeto desde Marruecos hasta el Golfo, y eso es mucha tierra y mucha gente que, por cierto, habla una misma lengua. En el lado integrista de Occidente hay un empeño enorme en que se nos vea a todos los árabes como islámicos feroces e intransigentes, pero no es verdad; ya entonces Nasser hablaba muy poéticamente del panarabismo laico, negaba la religión como arma o estrategia política y en esa convicción estábamos entonces y estamos ahora muchos árabes, la mayor parte. El occidentalismo ciego no es capaz de darse cuenta de esa característica de los movimientos emergentes de este mismo año a lo largo de tantos países diferentes, todos árabes o de influencia árabe fundamental.

“Cuando era niño, en mi dormitorio de Nablus tenía recortada la foto de un periódico en el que aparecía Zakaria Muhieden, un estrecho colaborador de Nasser. Me empecé a aficionar a los periódicos y un día dibujé con mucho detalle un destructor egipcio anclado en un puerto griego que aparecía fotografiado en uno de ello,s y lo llevé al colegio. El maestro clavó mi dibujo con chinchetas en la pared del aula y me sentí el árabe más orgulloso del mundo. El arabismo es un sentimiento colectivo que vive en esa memoria que antes llamaba “memoria fértil”, y esto no es frecuente en otras partes del mundo, quizá haya un emergente sentimiento latinoamericano, no sé, desde luego no parece que haya ese mismo sentimiento de pertenencia a un grupo entre los europeos. Los palestinos sabíamos, por ejemplo, que los egipcios ayudaron a Saladino en Jerusalén hace siglos, o que nosotros debíamos apoyar y apoyábamos la independencia de los argelinos.

“Con doce años, como tantos niños árabes en sus países, fui por las casas de Nablus con una caja metálica recogiendo donativos para los argelinos. Es precisamente ese sentimiento común de historia común el que se ha tratado de desbaratar desde el fin del imperio otomano, con particiones geopolíticas extrañas y caprichosas o con la creación de países nuevos con monarcas sátrapas de opereta, con el diseño de fronteras ridículas y el apoyo, cuando no instauración directa, de dirigentes autócratas y nepotistas para que rijan el destino de los pueblos árabes. Pero ahora viene un periodo primaveral y revolucionario en el mundo árabe, y en occidente no se lo creen, ¿cómo es posible?, piensan. Nunca se han preocupado de entendernos. La solidaridad y la simpatía con los movimientos de liberación corren de un país árabe a otro porque nunca hemos dejado de estar conectados y ahora, además, es mucho más fácil porque no pueden coartar la comunicación instantánea entre nosotros, como nunca han podido hacerlo con nuestra determinación. No necesitamos a nadie, simplemente exigimos que nos dejen ser libres para tomar nuestras propias decisiones. En cambio, Israel, no ha podido vivir nunca sin un padrino. Antes franceses o ingleses, ahora son los EE.UU los que les protegen y amparan su política de ocupación y abusos constantes y sistemáticos. ¿Son denunciados por la comunidad internacional?, sí, y también condenados por la ONU, pero gracias a ese padrinazgo estadounidense Israel puede conculcar una y otra vez todas las resoluciones que surjan a nuestro favor en los altos tribunales internacionales.

Hablas de la primavera árabe, ¿crees que España cambiará su política con respecto a Palestina ahora que los españoles entramos en el invierno azul?

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©Germán Gallego.

“No creo, la política internacional no es algo que se pueda variar así como así en estos momentos. Es probable que a causa de la crisis económica, y bueno es que haya gato para echarle la culpa como decís los españoles, España libre menos dinero del IRPF para cooperación al desarrollo, pero en lo substancial no creo que varíe mucho su política con respecto a Palestina. He conocido a casi todos, por no decir a todos los políticos españoles de los últimos treinta años, y su política con respecto a las aspiraciones palestinas puede ser diferente, pero no mucho. Es más fácil y práctico dejar las cosas más o menos como están ahora y no creo que la diplomacia israelí aspire a más. La parte sucia del trabajo ya se hizo por parte de británicos y franceses entre las dos guerras mundiales, me refiero a los acuerdos Sykes-Picot de 1916 cuando a cambio de la ayuda del mundo árabe contra el imperio turco otomano se hicieron promesas de territorialidad e independencia que nunca se cumplieron, ni parece hayan tenido nunca intención de cumplir. Por aquellos acuerdos se crearon los Mandatos Francés y Británico en el Creciente Fértil, a través de los que se repartieron ambos los territorios árabes. Con la confusa Declaración Balfour del año siguiente se aseguraba la cooperación de la Agencia Judía Internacional en esa nueva área geopolítica, y se implementaba una cierta solución territorial a los millones de judíos que querían ir a vivir juntos a alguna parte. Los pogromos rusos y la afluencia progresiva de judíos al Reino Unido, Francia y Alemania hizo urgente una solución para estos países. La política genocida del III Reich comenzó a hacer el resto apenas quince años después de la Declaración Balfour, que es sólo aparentemente una carta firmada por el Secretario del Foreing Office, lord Arthur James Balfour, dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para que se la transmitiera a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda.

La carta en cuestión decía: «Foreign Office, 2 de noviembre de 1917. Estimado Lord Rothschild: Tengo el placer de dirigirle, en nombre del Gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía hacia las aspiraciones de los judíos sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él: El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo, quedando bien entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina ni los derechos y el estatuto político de que gocen los judíos en cualquier otro país. Le quedaré agradecido si pudiera poner esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista. Sinceramente suyo, Arthur James Balfour.»

Israel ve muchas desventajas en el entendimiento con los palestinos

“La comunidad internacional, acabada la 2ª Guerra Mundial, vio con alivio el despropósito de la invasión de Palestina porque lo entendió como una solución -que en muchos casos servía para socorrer su mala conciencia- que los judíos trataron de desarrollar y de exhibir como una solución de urgencia, como si aquello no se hubiera estado gestando desde hacía décadas. Pero aquella “solución” para los judíos errantes provocó la nackba palestina, nuestro éxodo. Nos expulsaron de nuestras tierras y tuvimos que huir para instalarnos “provisionalmente” en campamentos de refugiados, o desplazarnos a otros lugares palestinos, o nos vimos obligados a viajar a otros países, en el caso de los que podían emigrar.

“Pero era de esperar que no se cumpliera esa parte de la declaración de lord Balfour en la que se decía que no se debían perjudicar en ningún caso los derechos civiles de los palestinos. Y es precisamente en esa ocupación de nuestras tierras por la fuerza donde está el origen de todos nuestros males, porque supuso el principio de una tendencia que no ha acabado nunca, porque continúa habiendo asentamientos, año tras año aparecen nuevos colonos judíos habitando nuevos asentamientos en donde hubo hasta hace poco tierras y familias palestinas. Con aquellas ocupaciones de 1948 se preveía legitimar las sucesivas, y así ha ocurrido durante 63 años. Los israelíes necesitan cada vez más tierra para dar cobijo a más judíos, vengan de donde vengan. Y siempre encuentran un lugar para ellos expropiándonos a nosotros. En esto de la territorialidad también estamos de acuerdo los árabes, desde Marruecos hasta el Golfo. Nuestras aspiraciones son fundamentalmente territoriales. Dignidad y territorialidad. En 1993 me reuní en Madrid con el líder argelino Ben Bella, y estuvimos cantando canciones palestinas y recitando poemas árabes que hablan de la dignidad árabe, de la dignidad herida. De nuestra agua, de nuestra tierra, de nuestro cielo. Evocábamos intereses comunes.

Y llegó Yaseer Arafat, el gran raïs. ¿Qué supuso para ti Abu Amar?

“Había dos Arafat, el duro e inconmovible, el militar seguro, el líder carismático y, por otra parte, el hombre sencillo y accesible, el que hablaba como si fuera pariente de todos los árabes. En los campamentos del Líbano, en los que estuve un tiempo, nos recibía a los oficiales en su tienda de campaña mientras se cosía el pantalón con toda naturalidad y sencillez, o se tumbaba a descansar con la cabeza sobre las manos, como si soñara, mientras hablábamos. Nos daba consejos para que siguiéramos formándonos en los países que nos habían acogido, como lo haría un padre, y por otra parte daba órdenes de líder inflexible, todo a la vez. Él veía el mundo como una jungla llena de armas, de traiciones y de incomprensión. Veía la democracia en el horizonte lejano. Acumuló mucho poder porque era necesario que lo tuviera un líder de la resistencia, pero no tuvo todo el poder. Les pedía a los de Hamas que no lanzaran misiles en plenas negociaciones; ya ves, ahora los de Hamas le pide a su gente lo mismo. Él y Rabin tocaron el futuro con la punta de los dedos, por eso murieron violentamente ambos y desaparecieron políticamente los que les apoyaban.

Israel ve muchas desventajas en el entendimiento con los palestinos. Es mucho más práctico seguir como hasta ahora. Parece que jugara con el factor tiempo, como si estuviera en la seguridad de que el paso del tiempo les beneficia. Pero necesita al enemigo palestino para existir y da igual que sea Arafat, Mahmud Abas, o Meshal, da igual. También necesita evocar la memoria del genocidio, por eso la publicita constantemente, para frenar la desaprobación internacional por la brutalidad de sus actos. Para ello cuenta además, desde el principio, con el cine, la prensa y los medios en general para justificarse constantemente. ¿Cuando llegaste a España qué se sabía aquí de los palestinos?

“Muy poco. En realidad yo me impliqué enseguida en los movimientos antifranquistas, con mucha prudencia, claro, porque palestinos en Madrid éramos muy pocos y yo me sentía muy solo. Nos reuníamos apenas una docena de palestinos en los comedores del SEU y hablábamos de la historia de los países en resistencia. Nos dábamos ánimo unos a otros, porque estábamos muy lejos de nuestras familias y en aquellos tiempos la comunicación con Palestina era muy difícil. Durante la Guerra de los 6 Días estuve tres meses sin poder comunicar con mis familiares. En Madrid conocí a jóvenes palestinos que venían a estudiar y a prepararse aquí, desde los campamentos de refugiados, con el esfuerzo económico que eso suponía. Yo pertenecía a una familia acomodada, ya te he dicho que fueron expulsados de Haifa en el 48 y tuvieron que irse a Nablus. Un día, estando ya en España desde hacía años, pude viajar a Haifa y conocí la casa de mis padres. El que vivía allí tenía plena conciencia de quién era yo, me tomó de la mano y me llevó a enseñarme la habitación en la que había estado el despacho de mi padre. En los Territorios Ocupados se escucha ahora música de acordeón o de instrumentos ajenos a esa tierra. Yo ensamblaba perfectamente con el paisaje y sus colores, como una pieza de puzle, yo olía a aquella tierra, era parte de ella desde siempre y, sin embargo, no podía vivir allí. Me estaba prohibido.

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Todo cambió a partir de septiembre negro

“Al poco de estar en Madrid conocimos a Faruk Kaddumi, que estaba en España en visita particular, y nos animó a pertenecer a Al Fatah. Para todos los palestinos en España supuso un estímulo enorme. Empezamos a organizarnos, a crecer en número y a relacionarnos con todos los estudiantes palestinos que había en España hasta que, en la siguiente visita de Kaddumi a Madrid, en 1976, la Unión General de Estudiantes Palestinos en España ya sobrepasaba los 1.500 miembros. Ya había hablado Arafat en la ONU sobre las aspiraciones palestinas y eso supuso que en España los palestinos nos dividiéramos: unos a favor de Abu Nidal, un terrorista radical, y nosotros, que creíamos, como seguimos creyendo, en la negociación digna a través de la cual se establezca una situación justa con Israel como única salida a la cuestión palestina, como propugnaba Arafat. La influencia de Aylūl al-Aswad (Septiembre Negro) en algunos de los desesperados palestinos había llegado hasta aquí. Todo cambió a partir de Septiembre Negro.

“Un día fuimos a ver a Areilza, entonces ministro de Asuntos Exteriores, para solicitarle permiso para establecer una oficina de la OLP en Madrid, y nos dijo: ¿Oficina de… comercio? No, le contestamos, nuestro pueblo no está ahora centrado en la cuestión comercial, pero todo llegará. A partir de la muerte de Franco y del cambio espectacular de los españoles la situación ha sido más fácil para nosotros aquí, pero aún siento que está todo por hacer. Puede que nuestros derechos sigan sin respetarse, pero nuestro ánimo, dignidad y determinación sigue intactos. Así que seguiremos haciendo lo que hay que hacer.

Tiene los ojos del color de las aceitunas arbequinas, y es verdad, a su lado huele al mediterráneo más oriental. Es respetuosamente elegante y estaría con él hablando dos días seguidos, y seguramente lo haré, pero por acabar esta entrevista le pregunto: Por dar la vuelta a las negociaciones estancadas, ¿qué le ofrecerías tú al pueblo israelí?, porque supongo que consideras que existe un pueblo israelí.

“Desde luego, están ahí. Pues les ofrecería vivir en un sólo país, pero eso sería imposible para ellos, democráticamente seríamos un hombre un voto y dada la tendencia del natalicio llegaría un momento en el que les sobrepasaríamos en número, por lo que les ofrezco, de nuevo, una vez más, dignidad y territorialidad, libertad y fronteras definidas, y empezar a hablar desde donde estaban las cosas en mayo de 1967, justo antes de la Guerra de los 6 Días. Podríamos negociar la condonación de territorios, si aceptamos algunos asentamientos en nuestras tierras podrían compensarnos con otros territorios en los lugares que se han arrogado como suyos. Y tendrían que reconocer que hay en el mundo muchos palestinos que sufrieron la expulsión, con todo lo que eso conlleva, porque deberían ofrecerles una cierta compensación, digna y posible, quizá el sólo reconocimiento de su misma existencia y sufrimientos fuera suficiente. Tendríamos que hablar de los presos, de los refugiados o hacinados en esos campamentos que tuvieron un principio de “provisionalidad” que hoy es insostenible… En fin, tendríamos sin duda que hablar de fronteras y de gente palestina… porque existen, no son merodeadores…

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Y queda el espinoso tema de Jerusalayim/Al Quds. Ni siquiera la británica y partidaria Palestine exploration Fund ha sido capaz de encontrar en las capas geológicas de Palestina un sólo ladrillo que apoye las fábulas sionistas. Parece que los hebreos han vivido siempre en lugares construidos por otros.

“Había una sola Jerusalén en 1948, antes de que el ejército israelí, el Tzahal, expulsara a los habitantes palestinos y destruyera las aldeas y pueblos colindantes con la vieja ciudad amurallada para formar eso que ahora llaman Jerusalén Oeste, incumpliendo siempre la multitud de resoluciones internacionales que condenan y prohíben este tipo de anexiones, especialmente la Resolución 252 de Naciones Unidas de 21 de mayo de 1968 y la 267 de 3 de julio de 1969. Israel ha continuado su política de judaización de la ciudad pero, como dices, las murallas que circundan la ciudad fueron construidas en el siglo XVI durante el mandato de Suleimán el Magnífico sobre las construidas anteriormente por el imperio romano oriental en el siglo XI, que a su vez se construyeron sobre las trazadas y cimientos de murallas anteriores. Cuando los romanos ocuparon Palestina nosotros estábamos allí. Los que defendieron Palestina de los cruzados fueron los árabes. Jerusalén es el alma y el corazón de los árabes laicos, cristianos y musulmanes. Pero… bueno, si llegáramos a hablar de la verdadera dignidad palestina y de auténtica territorialidad y fronteras, ese tema de la ciudad de Jerusalén, Al Quds, podría quedar para el final…

“¿No te parece?”

 

 

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5 comentarios de “El sueño palestino de Hani Faydi”

  1. LUZ
    2 diciembre, 2011 at 21:53

    ¡QUE LUCIDO EL ARTICULO! DESEO FERVIENTEMENTE QUE SE CUMPLAN SUS DESEOS.

  2. Maïtou BRUN
    26 diciembre, 2011 at 19:15

    Con mucha emocion he leido esta entrevista. Siempre fue interesada por el problema de Palestina. Fue a buena escuela. Desde mas de cincuenta anos es una verguenza que no haya solucion. Valor

  3. Victoria
    28 febrero, 2012 at 11:58

    Dos mujeres jóvenes palestinas, nacidas en España, cuidan de Palestina. ¿Alguien se preguntará cómo? La respuesta es sencilla. Desde su infancia, han ido preparándose para cuando les llegue el momento del “regreso” a Palestina.

    Hace 20 años, con sus ojos grandes y expresivos “del color de las aceitunas arbequinas” convencieron a su abuela palestina de Nablus para que les llevara a Haifa. ‘Sitto’ (abuela en árabe) no había vuelto desde 1948.

    Nietas y ‘sitto’ entraron a Haifa con muchas dificultades y salieron sonriendo de aquel Haifa de recuerdos.

    A las jóvenes palestinas nacidas en España les acompañan siempre los recuerdos de Haifa y la esperanza de la Historia verdadera. Todo esto, y aún más, va con ellas, estén donde estén.

  4. REBECA
    16 octubre, 2012 at 21:15

    Desde España muchos nos sentimos muy cerca de Palestina.Un beso enorme y lleno de recuerdos de un verano en galicia junto a estas dos niñas y su madre.

  5. O COLIS
    19 noviembre, 2013 at 14:27

    (…) Llegué a Madrid en 1966 y entonces aquí también se escuchaba la radio clandestina, como en los años 50 en Nablus, cuando oíamos a escondidas la radio que hablaba de las aspiraciones, frustraciones y logros del mundo árabe. Era muy emocionante para mí, sobre todo cuando hablaba Gabal Abdel Nasser, porque sabía que le oíamos con mucho respeto desde Marruecos hasta el Golfo, y eso es mucha tierra y mucha gente que, por cierto, habla una misma lengua. En el lado integrista de Occidente hay un empeño enorme en que se nos vea a todos los árabes como islámicos feroces e intransigentes, pero no es verdad; ya entonces Nasser hablaba muy poéticamente del panarabismo laico, negaba la religión como arma o estrategia política y en esa convicción estábamos entonces y estamos ahora muchos árabes, la mayor parte. El occidentalismo ciego no es capaz de darse cuenta de esa característica de los movimientos emergentes de este mismo año a lo largo de tantos países diferentes, todos árabes o de influencia árabe fundamental (…)

    http://www.cronicapopular.es/2011/11/el-sueno-palestino.de.hani-faydi

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