10N, un auténtico descalabro electoral para España

Rodrigo Vázquez de Prada y Grande||

Periodista. Director de Crónica Popular||

Dos días antes del 10N, Raúl del Pozo apuntaba en su crónica que estábamos ante “las elecciones más gilipollescas de la Historia”. En la misma noche del recuento electoral, hombres fuertes del aparato del sanchismo calificaron con un epíteto más serio- un grave descalabro, cuanto menos- lo que el cronista de la última página de El Mundo había denunciado con su habitual agudeza y frescura periodística.

Un grave descalabro para el mismo PSOE, que no solo no se acercó al techo electoral que le había pronosticado su gurú de cabecera- el “díjolo Ivan, punto Redondo” ya no vale para nada- y el presidente del CIS, José Félix Tezanos, sino que terminó la jornada electoral viendo cómo, con sus 6.752.983 votos, no había logrado mantener siquiera los 123 escaños del 28A y comprobando cómo 800.000 votantes le había dado la espalda, y se tuvo que conformar con 120 diputados. Pero, además, perdió la mayoría absoluta que el 28A había obtenido en el Senado, donde pasa de tener 123 escaños a los 92 ganados ahora.

No le sirvió demasiado el golpe de efecto propagandístico de la larguísima exhumación de los restos de Franco, que él presentó pomposamente nada menos que en la tribuna de Naciones Unidas como “una victoria de la democracia española”, ni la llamada al cierre de filas ante el ascenso de VOX, el partido liderado por Santiago Abascal que hizo su aparición en el Parlamento el 28A, en una previsible recomposición de la derecha como respuesta, sobre todo, al secesionismo catalán, y que, pasando del 10,2% al 15,1%, con 3.640.063 votos, ha obtenido más del doble de los alcanzados en los anteriores comicios, lo que se traduce en 52 escaños y su conversión en la tercera fuerza del Congreso de los Diputados, detrás del PP, que ha podido ir aumentando sus votos con Pablo Casado- 5.019.869-, y obtener 88 escaños.

Pero, además, los devaneos de Pedro Sánchez con el secesionismo catalán y los vaivenes en torno al modelo territorial de España y la supuesta “plurinacionalidad”, marcados al ritmo susurrado a su oído por el bailarín Iceta, su hombre en Cataluña, le alejan de un electorado de izquierdas que, realmente, no se fía de su escasa firmeza política y conceptual, por decirlo suavemente. Y, para que no se pueda decir que no cumple lo que su colaboradora Irene Lozano escribió en Manual de resistencia, Pedro Sánchez celebró, no obstante, la victoria de su candidatura frente a todas las demás, haciendo caso omiso de los pelos que había dejado en la gatera…”Esta vez, sí o sí, vamos a conseguir un gobierno progresista”, afirmó con rotundidad. La misma noche de los comicios, se recordaba que el 12 de marzo de 2000, el entonces secretario general del PSOE y candidato a la presidencia de Gobierno, Joaquín Almunia, presentó su dimisión “irrevocable” ante el batacazo electoral que situaba al PSOE con solo 125 escaños frente a los 186 del PP.

Descalabro también- y este todavía más estruendoso- para Ciudadanos, el partido centrista que nació en Cataluña para frenar al secesionismo rampante que, aplicando al milímetro el denominado Programa 2000 del corrupto y nada honorable Jordi Pujol- el procesado por el affaire de Banca Catalana y el inspirador del 3% de comisiones para su partido - fue urdiendo impunemente el golpe de Estado permanente que llevó a prisión a sus principales ejecutores.

Aunque no existe una clara unanimidad en datar “cuando se jodió” Ciudadanos- permítaseme parafrasear el conocido pasaje de la magnífica Conversación en la catedral, de Mario Vargas Llosa- lo cierto es que los posicionamientos erráticos mantenidos en los dos últimos años por su máximo dirigente, le alejaron de sus votantes hasta niveles realmente insospechados. Pero, curiosa y significativamente, los dos millones y medios de votos que perdió no fueron a parar en ningún caso a la faltriquera sanchista. Al final de la escapada, Albert Rivera terminó su vocación política con una reconocida dignidad, dimitiendo de su cargo en el partido, renunciando a su acta de diputado y abandonando la política…Algo realmente inusual en un país en el que los políticos ni reconocen sus yerros ni renuncian a nada cuando cometen errores, por garrafales que estos sean.

Descalabro asimismo para los partidos peronistas, Unidas Podemos, y Más País, por más que sus dirigentes se autoengañen y, sobre todo, engañen a sus votantes con los mantras que tan bien son acogidos por su parroquia de la “izquierda líquida”. Lo que nació de una auténtica “trituración” de la Izquierda Unida original perpetrada por asalariados de aquella formación, con una ridícula pretensión de “asaltar los cielos” en un plis plas y de hacer el “sorpasso” al PSOE, se está convirtiendo en un partido cada vez más patético al que cada vez que es convocado a las urnas desciende inexorablemente el número de sus votantes. De esta forma, el partido liderado por la pareja Pablo Iglesias e Irene Montero- “los Kichners españoles”- pasó de tener 69 diputados en 2015 a los 35 de estas segundas elecciones generales de 2019.

Claro está que, sabiendo que su caída libre solamente la puede frenar su presencia en el Consejo de Ministros, siguen insistiendo en la conveniencia de que Pedro Sánchez acepte finalmente lo que rechazó- afortunadamente- meses atrás, su incorporación a un Gobierno de coalición, que ellos titulan en sus peculiares “duetos” como “progresista”. Y así, lo que es una auténtica necesidad de pura supervivencia para Unidas Podemos lo pretenden vender como una bendición de los cielos para el común de los mortales españoles. Eso sí, lanzando urbi et orbi y una tras otra, una retahíla de frases altisonantes sacadas de un repertorio inagotable digno de mejor causa: “Lo que en abril era una oportunidad histórica, ahora es una necesidad histórica para frenar a la ultraderecha”. Ahí es nada…

Y descalabro serio y grave, sobre todo, para España, en cuya cámara baja han aterrizado ahora en desenfrenada bandada representantes de las formaciones políticas – con los secesionistas catalanes a la cabeza- que menos respeto mantienen a la Constitución de 1978 y, con ella, a las leyes que conforman el Estado democrático de Derecho que se construyó en la Transición. Los escaños obtenidos por los partidos claramente secesionistas - 13 de ERC, 8 de JxC, 6 del PNV, 4 de Bildu y 2 de la CUP- no presagian una legislatura sin sobresaltos. Con el cinismo y desparpajo con el que se expresan los izquierdistas convertidos contra natura en secesionistas, la diputada cupera Mireia Vehí proclamó nada más conocerse los resultados el objetivo que persiguen tras presentarse por primera vez a las elecciones generales: “Vamos a Madrid a poner una enmienda al régimen”.

Este es el sombrío y desesperanzador panorama que presenta el Congreso de los Diputados para la gobernabilidad de España tras las forzadas elecciones generales, al tiempo que prosigue en Cataluña la ininterrumpida oleada de desórdenes públicos en la estela de los registrados durante tantos años en las Provincias Vascongadas, impulsados desde las autoridades de la Comunidad Autónoma catalana y protagonizada por las “pacíficas” asociaciones y partidos políticos secesionistas, embarcados de hoz y coz en un golpe de Estado permanente. Y, mientras, una parte de la izquierda, o que, más bien, se reclama de la izquierda, “ha quedado atrapada sin una idea, salvo el antifranquismo retrospectivo y la fascinación por el nacionalismo”, tal como denunciaba, días antes de los comicios, el profesor Félix Ovejero en las páginas de El Mundo.

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1 comentario de “10N, un auténtico descalabro electoral para España”

  1. Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye
    12 noviembre, 2019 at 13:57

    Por fin se llama a UP lo que son, peronistas. Articulo sin desperdicio y con los calificativos justos.

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