Francisco Frutos Gras||
Ex Secretario General del PCE||
Ahora se trata de callar y no armar pendencias partidistas de bajo nivel moral y político, sin que ello signifique alabanzas al gobierno que no se correspondan con la realidad, ni tampoco hacerles el juego a las derechas, unas y otras, de acá y de allá, que tienen un principal objetivo, instalarse y medrar con sus políticas reaccionarias de intereses bastardos. Ni una dura crítica personal que mañana, si corresponde, será hora de hacer. Ya sé que si lo que ha hecho el gobierno del PSOE lo hubiera hecho uno del PP el alboroto iría a la par con el que están armando las derechas diversas, españolas o catalanas, qué más da.
Francamente, no sé si se puede hacer mejor o peor. Muy brillante resultado no hay. Del “esto es cosa de chinos, aquí no pasa nada”, todos a la calle a manifestar el violeta, el amarillo o el marrón, de mandar corretear el balón con camiseta de campeón, de impulsar actos en plazas, parques y salones deportivos, hemos pasado en un santiamén a cerrar a cal y canto hasta la ventana del cuchitril.
Gobierno y asesores que, pa cá-pa llá, nos pasaban la mano amable por el lomo y nos borraban la aprensión, si la había, se desmelenan en tres semanas, cogen la recta final, nos encierran en casa y nos alertan de que la situación “algún” tiempo durará. No saben muy bien cuánto ni cómo pero eso, como siempre, nuestro pequeño destino lo aclarará. Y toca seguir las decisiones, para salvar vidas y evitar todo lo que sea posible el mal, por nuestra seguridad y salud.
En resumen, definitivamente por ahora, a encerrarse, separarse, no abrazarse ni besarse, no toserse y protegerse, ponerse aquella mascarilla hace poco innecesaria, guantes de goma preparados y esperar que pase pronto el invisible aspersor de gotas agrias de hiel.
Y nuevo resumen final: de las derechas “catalanísimas” del ancestro, denunciar sus casi criminales decisiones de desmontar hospitales por las gentes exigidos porque las y los reaccionarios de la fobia en ellos ven no camas para yacer y curar, sino galones militares y tricornios; y a las derechas “españolísimas de postín” y sus reaccionarios discursos de romper la baraja constitucional y política y retrotraerse al pasado negro en tiempo y espacio, darles la única cancha posible: la denuncia política, el desdén personal y las leyes sobre la mesa para que sepan a qué atenerse.
(Miércoles, 8 de abril de 2020).
El paso del tiempo diluye actos antaño básicos en la vida colectiva y personal. Trae nuevas figuras, quiere construir la realidad
Y uno, en medio de la vorágine, piensa y recupera imágenes y momentos de personas y cosas desaparecidas, improvisa metáforas para reconvertirlas en una nueva dimensión que sienta y tenga presente las ilusiones perdidas, las asociaciones de hermanos intercambiando y compartiendo palabra, organización, acción y peligros. Y recuerda los fracasos, la frustración ante cosas que, de manera voluntarista, se creían al alcance de la mano, las discrepancias que fragmentaban la imprescindible complicidad y unidad de acción, la amistad, la solidaridad y desgarraban las organizaciones.
Esta fue la parte nefasta de todo un proceso que nace en la lucha, el esfuerzo la convicción y los compromisos compartidos. Y muchas secuelas todavía permanecen y se dejan sentir en el pensamiento y la acción de la otrora izquierda compleja y numerosa, con contradicciones también, pero con una estructura de ideas, un lenguaje claro y entendible, una visión política de futuro, más allá del oportunismo personal de un cargo o sillón.
Dicho lo anterior, debo afirmar también, como rotunda realidad del reverso de esta moneda, que en muchas cosas del bienestar en la vida, en el trabajo, el derecho, la unidad y el sindicalismo de clase, y la defensa de una política para el cambio social, cosas importantes se conquistaron. Nos movilizamos y luchamos en la fábrica, en el taller, en la oficina en la calle y frente a los actos de todo tipo de los representantes económicos y políticos del poder. Había movilización, acción, negociación si correspondía.
Recuerdo también que entre muchos participantes en el mismo partido y sindicato se rompieron la palabra, la unidad de acción política, y muchas veces hasta la amistad. Nos dividimos en grupos, o grupúsculos, se formaron nuevos partidos de trayectoria compleja, dispar y de escasa capacidad para una intervención efectiva. Se rompió mucho de lo que, unido, actuó contra el franquismo y por la libertad sindical y política, por las reivindicaciones económicas sociales y laborales, por los derechos humanos, por la paz y contra la criminal guerra que el imperialismo norteamericano hacía en Vietnam hasta que, derrotado, tuvo que largarse.
Hoy, en este breve escrito, solo quería remarcar y decir que a muchos compañeros/as que nos fragmentamos por causas que hubieran exigido un debate sereno y otro tratamiento para reconstruir unidad y compañerismo, que durante años y años hemos permanecido separados cada cual por su lado, me los he encontrado de nuevo en la vida política y los antiguos adversarios hemos defendido lo mismo. Esto es notorio en Catalunya frente al asalto aventurero de los nazionalsecesionistas y en defensa de la unidad de todos los trabajadores, de la libertad, la democracia, el Estatut y la Constitución.
Y lo fue antes en toda España ante las políticas del PP, pactadas siempre con la derecha catalana, hasta que los secesionistas levantaron hasta la liebre de la independencia y la extrema derecha española actual, enmarcada en VOX, hace muy poco un residuo grupuscular sin ninguna incidencia y actualmente con una importante representación en las instituciones y en la sociedad.
Saludo a todas aquellas personas, camaradas, compañeros, y compañeros de viaje, que continuamos coincidiendo para trabajar y construir una mejor realidad económica, social y política en defensa de proyectos imprescindibles para una vida colectiva más digna y justa
(Domingo, 5 de abril de 2020).




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