Julián Arroyo Pomeda||
Catedrático de Filosofía||
Nos encontramos ante un estudio (*) muy bien construido en su organización. Son cuatro capítulos, precedidos de introducción y conclusión. Trata de la crisis de la democracia. Para salir de ella se necesita evitar caer en el fetichismo tecnocrático y practicar con mecanismos que permitan que la gente común participe en la política. El tema es crucial y está resuelto con gran brillantez.
La situación se planteó en la crisis de 2008, cerrándose con la nueva crisis, ahora sanitaria, de la tragedia de la COVID-19. Lo sanitario se amplió a lo económico y político. La docena de años transcurridos ha hecho que la política haya virado hacia lo tecnocrático, dimitiendo casi de sí misma.
¿Por qué ha sucedido esto y cómo darle la vuelta a la situación? Este trabajo se centra en el concepto de fetichismo, el cual ha naturalizado los procedimientos políticos, estableciendo que la eficacia política tiene solamente una vía posible, la intervención de una oligarquía de los mejores. Estos son pocos y su elección es difícil, pero sin ellos la política no sería eficaz.
El autor ha tomado como base a Aristóteles, el Estagirita. Ningún otro patrón podría ser mejor. Un buen ciudadano tendrá que ser antes una buena persona y solo estas personas buenas se convertirán en ciudadanos. No hacen falta expertos para conseguirlo. De aquí que Moreno Pestaña establezca su principio antioligárquico para la política. No debe gobernar la riqueza ni el poder, sino solo la excelencia, es decir, los mejores, que no están reñidos con la plebe, acostumbrada siempre a ser gobernada en lugar de gobernar. Los nobles no pueden gobernar, porque no son capaces de suspender el juicio, cuando desconocen la solución de los problemas, y reconocer su ignorancia.
Gobernar requiere nuevas ideas elaboradas ante situaciones problemáticas nunca vistas, pero que no sean delirios ni quimeras, sino capaces de asentarse en el principio de realidad. Sin esto quedará todo en el aire y, cuando llegue la tormenta, se deshará como se diluye un azucarillo en el agua. Desde aquí hace su propuesta de la democracia como principio antioligárquico, en que se ha convertido, y organiza el presente de otro modo.
¿Dónde aparece el fetichismo político? Va de la mano de lo que pasa en el mercado y en su organización. Así se ha mercantilizado la política, surgiendo efectos perversos, ajenos a la misma en su origen. Lo peor de todo es pensar que la tecnocracia es imprescindible para resolver los problemas de la sociedad, relegando de este modo las capacidades de los ciudadanos comunes. De este modo la democracia no sólo queda degradada, sino incluso sustituida. De aquí su profunda crisis.
¿Cómo puede articularse de nuevo la democracia para que supere su crisis? Mediante la participación de individuos con competencias múltiples y su reconocimiento. A estos habrá que motivarlos para que se dediquen a la política y depositen en ella todas sus energías y trabajo. Por si esto fuera poco, paralelamente, habría que desmotivar a las élites y sus disputas por la ocupación de cargos públicos. A dichas élites no les interesa actuar aquí, porque se les exigirá transparencia y dar cuenta a los ciudadanos, que puedan aceptar o no sus acciones, mediante los procedimientos establecidos.
Las élites saben de gobiernos empresariales, que organizan lo laboral como servidumbre de los trabajadores, lo que no se compadece con la participación democrática. Propiedad y democracia difícilmente concuerdan. La participación política, en cambio, puede contribuir a la cordura pública, lo que elevará la política.
La democracia de la antigüedad y sus procedimientos es la base de la reflexión del profesor de Filosofía moral, Moreno Pestaña, en la Universidad de Granada. Lo que plantea en este trabajo, tan ajustado, tiene la máxima actualidad y muestra que la filosofía está siempre atenta a los problemas que se plantean en el tiempo de su ejercicio. Por eso muchas veces no emprende su vuelo al anochecer, sino en plena madrugada. Así puede hacer de guía crítica de los acontecimientos, a los que capta en pleno vuelo. Hay que estar muy atentos a las reflexiones de este profesor, que siempre se interesa por volver a Atenas, cuya cultura conoce de primera mano, aunque no se quede aquí, sino que la aprovecha para intervenir agudamente en su propio tiempo. Se ha ocupado de Foucault, de Jesús Ibáñez, de la moral del cuerpo, el capitalismo erótico y de un tema que a mí me interesa especialmente, el patrón filosófico español tras la Guerra Civil
Sabe desplegar sus investigaciones desde el potencial filosófico que posee, empleándolo en temáticas de actualidad. Y esto lo hace, además, con brillantez expositiva y originalidad. Moreno Pestaña es un intelectual, al que merece la pena leer, porque sabe iluminar situaciones que se nos pueden escapar. Así actuaremos con mayor lucidez, a la que nunca podemos renunciar
(*) [Moreno Pestaña, J. L. (2021). Los pocos y los mejores. Localización y crítica del fetichismo político. Madrid: Akal, 136 páginas].




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