María Rosa de Madariaga||
Historiadora||
Ángel Viñas no necesita presentación al lector. Suficientemente conocido por su ingente aportación a la historia de la República y sus esclarecedoras páginas sobre la corrupción del régimen franquista, Ángel Viñas es hoy un referente para la historiografía de nuestro país en el período de los años treinta y cuarenta. Después de su obra ¿Quién quiso la guerra civil?, que desvela los manejos monárquico-fascistas contra la República, en esta obra Viñas trata de responder a la gran pregunta de por qué la República no supo o no pudo parar el golpe que contra ella se preparaba. Hemos oído todo tipo de explicaciones de la “ceguera” de los dirigentes republicanos, desde la “ingenuidad” o “buena fe”, que se les suele atribuir, hasta el “optimismo de Casares Quiroga, presidente del Consejo de ministros, como síntoma de la tuberculosis que padecía, en palabras del propio Hugh Thomas, sin que ninguna nos convenza ni satisfaga.
En esta obra, Viñas, como ya había hecho en la anterior, ¿Quién quiso la guerra civil?, se refiere a la conspiración monárquica alfonsina y el acuerdo al que llegaron los representantes de esta tendencia con el fascismo italiano.
Ángel, tú afirmas que los primeros contactos de los monárquicos alfonsinos con el fascismo italiano, iniciados en 1932, llevarían a los acuerdos de octubre de 1935, en virtud de los cuales Mussolini les prestaría ayuda. En los contactos con los fascistas italianos, había los monárquicos de Renovación Española, de Antonio Goicoechea, pero también había falangistas, es decir, los fascistas españoles, ¿Por qué crees que los monárquicos recibieron más ayuda de los fascistas italianos que los falangistas?
La respuesta es simple: no lo sé; no lo he visto documentado. Lo único que puedo hacer son Terminó apelando a los instintos de Mussolini: una especie de copia del sistema italiano basado en la Monarquía con un sosias de Vittorio Emanuele III y un equivalente del Duce (Juan de Borbón y Calvo Sotelo, respectivamente). Falange era minúscula y los monárquicos se esforzaron en presentarla como mera fuerza auxiliar. Pidieron dinero para ella y sus pistoleros. Los monárquicos contaban con sus contactos, en expansión, en el Ejército. Cuando, por fin, Mussolini se decidió a pasar una subvención a Primo de Rivera, a través de la embajada en París, hubo meses que no fue a recogerla. El único informe que de él se conserva remitido a los italianos tampoco fue sobresaliente. Finalmente, el gobierno encarceló a Primo de Rivera y limitó sus movimientos. El único contacto con Mussolini que de él que se conserva es una carta del mes de junio firmada junto con Calvo Sotelo y Goiecoechea pidiendo, otra vez, dinero para el golpe. Un historiador italiano “descubrió” que Mussolini lo había denegado, pero se equivocó. He visto el documento que él cita y tal anotación no figura. En todo caso, Mussolini estaría al tanto de la negociación de los contratos para el suministro de material de guerra y, en el supuesto de que aquel historiador hubiese tenido razón, podría haberse debido a que Mussolini pensara que ya hacía lo suficiente. suposiciones basadas en los documentos que he localizado. Los monárquicos buscaron una conexión operativa con los fascistas mucho antes de que apareciera José Antonio Primo de Rivera. Ya lo hicieron en 1932. También tenían un plan, que fueron perfilando poco a poco.
¿Por qué crees que Calvo Sotelo fue desplazando a Antonio Goicoechea? ¿Respondía más al perfil de jefe fascistoide que se fue imponiendo en Europa entre los jefes de partidos derechistas de los años treinta?
Es evidente que fue así. Goicoechea era un hombre de otra época y significativo de la misma. Sí fue el enlace entre Calvo Sotelo y Mussolini. No sabemos si porque Mussolini así lo prefirió o porque Calvo Sotelo quiso, muy sagazmente, permanecer en segunda fila para no “contaminarse” o porque su nombre era más expuesto. Se nota esta retracción cuando Goicoechea fue a hablar con Mussolini en octubre de 1935. Había un montón de monárquicos en Roma, y entre ellos Calvo Sotelo, con motivo de la boda del infante Juan de Borbón. Yo considero esta entrevista fundamental porque Goicoechea, que hablaba en nombre de Renovación Española y de una parte del Ejército informó a Mussolini de que si las izquierdas llegaban de nuevo al poder, aunque fuese por medios legales, ellos se sublevarían. Por lo demás Calvo Sotelo representaba lo “nuevo” en la política española que apelaba a los fascistas. Goicoechea era, en parte, “vieja política”. También hubo tales caracteres en la Italia fascista.
De los tres adjetivos monárquico, militar y fascista para calificar la preparación del golpe, tú piensas que se ha puesto sobre todo el acento en lo militar, y se ha dado, en cambio, un papel secundario a lo civil, mientras que el carácter fascista se ha olvidado con esmero. Dentro del carácter fascista, ¿crees que habría que poner más el acento en el elemento civil de esta tendencia, sobre todo en el representado por Calvo Sotelo?
Claro, porque el componente militar lo representaba Sanjurjo auxiliado por los generales y jefes militares monárquicos. Sin embargo, Mussolini no estaba interesado en una dictadura militar per se en España sino en un régimen hasta cierto punto parecido al suyo. Demostraría la vitalidad del fascismo y se aseguraría un lugar de honor en el ranking de potencias con influencia sobre España, desplazando a Francia. Esta última representaba todo lo que el Duce virilmente despreciaba. Admito que no he encontrado pruebas concluyentes al respecto pero se desprenden de la lógica del apoyo fascista a la conspiración. No hay que olvidar que para Mussolini el parvenu Franco no tenía ningún interés primordial. Por otro lado, Sanjurjo no parece que aspirase a “dictador” de segunda mano. En principio asumiría el puesto de mando de una junta, consejo de regencia, “dictadura” seudoprimorriverista, pero ni tenía talento político y era admirador de la obra de Calvo Sotelo. Una de las pocas cartas que Sanjurjo dirigió a este y que se ha conservado así lo atestigua.
Azaña era, en principio, un gran conocedor del ejército. Había estudiado bien el tema y fue el artífice de la reforma militar de 1932. Sin embargo, caben dudas de que conociera en profundidad el ejército español, sobre todo que fuera consciente del peligro que representaban movimientos como la Unión Militar Española (UME) en el seno de las fuerzas armadas.
Me parece evidente. Su explicación a Herbette, embajador de Francia, en febrero de 1936 de que traladaba a Goded a Baleares donde podría tomar el sol en las playas de Formentor pudo ser una boutade, pero reveladora. Por otro lado, no hay que olvidar que a lo que parece encumbrados militares, que luego se sublevaron, hicieron la pelota a Azaña muy zalameros. Entre ellos personajes siniestros como Cabanellas, Queipo y López Pinto. Azaña se dejó querer.
Lo que no entiendo es que Azaña no preguntara con respecto a las informaciones que hubiera debido seguir suministrando la SSE (el servicio de información y espionaje interno del Ejército). O que su ministro de la Guerra, el general Carlos Masquelet, no se las hiciera llegar. También puede ocurrir que yo no las haya encontrado o que desaparecieran, pero hay que establecer juicios sobre la documentación localizada y a partir de ella.
Por lo demás, tampoco parece que Niceto Alcalá-Zamora, fuera de alguna que otra confidencia (por ejemplo a Chapaprieta), estuviese demasiado mosqueado. Sin embargo, he rescatado de la oscuridad de los archivos su apelación a los generales, jefes y oficiales del Ejército tras el intento de golpe de Estado “blando” de febrero de 1936: si se metían en política darían paso a la destrucción del Ejército. Como así fue.
¿Estaban los servicios de inteligencia más centrados en las posibles actividades subversivas de socialistas, comunistas o anarquistas de soldados y suboficiales que en las de los oficiales y mandos derechistas de la UME? ¿No tuvieron en cuenta los cambios introducidos durante el llamado “bienio negro”, con Gil Robles como ministro de la Guerra, y Franco, jefe de Estado Mayor, sin olvidar a Mola como jefe del ejército de Marruecos, que colocaron en puestos clave a jefes militares que participarían luego en el golpe?
En principio, la SSE (Sección Servicio Especial) y su organización hasta las guarniciones estaba destinada a seguir las actividades subversivas en el Ejército. En la remodelación que hizo Azaña al principio el peligro -limitado- procedía de las izquierdas, en particular del anarco sindicalismo. Pero cuando surgió la UME también siguieron sus actividades.
En todo caso, que en el Ministerio de la Gobernación hubiese un negociado para el control de las nóminas satisfechas por el Ministerio de la Guerra y que se identificara a quienes cotizaban a la UME me ha dejado ojiplático.
A mi me parece que, en ausencia de documentación, lo más probable es que la UME hubiese captado a la dirección de los servicios de información. Desde la cúspide para abajo en el Ministerio de la Guerra y que también hubiese infiltrado la DGS. No a nivel superior, pero sí en los escalones inferiores. El que Azaña destituye a sus ocupantes nada más ganar las elecciones de febrero de 1936 me parece un error mayúsculo.
Yo parto de la base de que todos los ejércitos son en general conservadores, con excepción de una minoría, pero el nuestro particularmente, al no cosechar más que derrotas en el exterior, fue desarrollando cierto revanchismo, que buscaba imponerse por la fuerza en el interior. ¿Crees que el ejército español hundía ya sus raíces ideológicas en el siglo XIX?
La respuesta podría ser kilométrica, pero no creo que haya que remontarse tan lejos. Con la Restauración me basta. No hay que olvidar que desde Cánovas se echó un pequeño pulso al Mando militar. La guerra de Cuba, el desastre de 1898, el “desquite” en Marruecos y la exasperación de los militares llevaron a la ley de jurisdicciones de 1906. Sentó las bases para estimular la autoncepción de los militares como constituyentes de una sociedad “perfecta”, en la que los civiles cuanto menos se metieran, mejor. Esta tendencia también la había en otros países, muy singularmente en Alemania, pero tenían regímenes políticos más fuertes que el español. Después, las guerra de Marruecos (completamente absurdas) fueron creando una oficialidad coriácea, corrupta, que no deseaba que desde fuera se metieran con ella. Se desarrolló así una voluntad de “autonomía” del Ejército (muy bien estudiada por Juan Carlos Losada, entre otros) que resintió una gran parte de las reformas de Azaña. De todas maneras, lo que me da la impresión que movilizó al Ejército, de cara a la conspiración y sublevación, fue el resorte anticomunista en primer lugar. Es el que más sobresale en la propaganda subversiva de la UME, aunque evidentemente hubo otros elementos.
Sostienes que la UME no fue una creación únicamente militar. Se sabe de sus relaciones con personajes de la derecha monárquica como Goicoechea o Calvo Sotelo, pero también carlistas como Fal Conde, o falangistas como Primo de Rivera ¿Cuál de estas teres tendencias crees tú que contaba con más simpatizantes dentro de la UME?
Lamentablemente no puedo contestar. Los mandos intermedios y altos estaban, desde luego, trufados de monárquicos. Sin embargo, los mandos más bajos (tenientes, capitanes) parece que eran más sensibles al aspecto ideológico: anticomunismo, profascismo, antisemitismo. Que Primo de Rivera veía en los militares un elemento fundamental es obvio, pero también en su conocida carta a los militares de España de mayo de 1936 apeló al patriotismo y al anticomunismo. Entre los mandos intermedios (comandantes y tenientes coroneles) destaca Yagüe, una figura fundamental, y falangista. También hubo fascistas de corazón en las fuerzas armadas italianas, aunque la penetración ideológica del fascismo no llegó a los extremos del Tercer Reich. No hay que olvidar que la UME estuvo teledirigida por monárquicos (alfonsinos y carlistas). En qué medida pudieron pensar que el Ejército se les escaparía es difícil de contrastar. No olvides que el jefe militar (Sanjurjo) pereció el 20 de julio de 1936. ¿Era falangista Mola? No. Se aprovechó y utilizó a los falangistas. Como Franco.
La diferencia estriba en que Franco, receptor desde el primer momento de la ayuda de las potencias fascistas, no tenía una ideología que hipertrofiar. Así que siguió su estrella y, con algún empujoncito italiano, optó por jugar el juego de Falange. Nunca la dejó caer, pero el régimen que montó no fue falangista.
¿Qué podrías decirnos de MANRIQUE (todo con mayúsculas), el espía infiltrado en la UME?
MANRIQUE fue un militar que la DGS incrustó en el alto mando de la UME. Informaba al jefe de la Oficina de Información y Enlace y posterior director general de Seguridad, el capitán de la GC Santiago Vicente Hodson. Fue instrumental para que la DGS y los presidentes del Consejo (Lerroux, Chapaprieta, Portela) estuvieran al tanto de lo que pasaba. Supongo que también los sabrían Franco y Gil Robles, callados como muertos en este aspecto.
Se ignora su nombre y también lo que fue de él. La única documentación que se conserva cayó en poder de los sublevados (no sabemos cuándo, pero quizá fuese al término de la guerra). No hubiera habido demasiada dificultad en desenmascararle. Si no huyó, es muy verosímil que le pegaran cuatro tiros sin el menor proceso judicial. Si huyó, se calló como un muerto entre las filas de los militares del exilio.
En tu libro te refieres a las reuniones que mantuvo Azaña con diversos militares de alta graduación y a que dio por sinceras las declaraciones que le hicieron de lealtad a la República, ¿es posible que no recelara de que le estaban mintiendo como bellacos? ¿A qué atribuyes la pasividad de Azaña hacia estos militares levantiscos? ¿Acaso se creyó sus palabras? ¿Denunciar que conspiraban contra la República equivalía a admitir que las reformas militares suyas habían sido un fracaso? ¿Cómo lo interpretas?
Francamente no lo puedo decir. Azaña fue muy parco a la hora de escribir sobre la conspiración. Quizá les creyó, quizá estaba cansado (como le dijeron al encargado de Negocios nazi), quizá pensó que necesitaba de los militares para hacer frente a los anarquistas, quizá pensó que la República tenía fuerzas para contener un golpe… En cualquier caso hay errores que matan y el suyo fue uno de ellos.
Entre la severidad o mano dura o la excesiva tolerancia o manga ancha, ¿no cabía una tercera vía de encuentro, de diálogo, o crees que hiciera lo que hiciera la República, un sector de las fuerzas armadas se la tenía jurada y estaba dispuesto a terminar con ella ya desde su instauración en 1931?
Ni mano dura, ni blanda. Hubiera habido que llamar a los jefes militares de los que se sabía que conspiraban contra la República y haber tomado medidas contra ellos. Nunca dejarles al mando de tropas. También haber vigilado muy de cerca a los mandos de la SSE. Si esta no mandó informes, preguntar por qué. Si mandaba, y no coincidían con lo que llegaba al Gobierno por otras vías, indagar.
Cuando la UME circuló una octavilla, que he reproducido en mi libro, anunciando la eventual sublevación en puntos tales como Baleares, Canarias, Marruecos, Zaragoza, Barcelona, La Coruña… habría que haber tomado medidas. ¿Es que nadie la leyó?
Yo pienso que el jefe del EMC y responsable en último término de las actividades de la SSE, el general José Sánchez-Ocaña Beltrán, no cumplió con su deber. Tampoco lo hizo el ministro de la Guerra del primer gobierno de 1936 el general Carlos Masquelet, para colmo jefe del Cuarto Militar de Azaña desde mayo.
Se ha afirmado que la República no quiso, no supo o no pudo parar el golpe. Yo descarto la primera opción, me inclino por la segunda pero, en último término, cuando los conspiradores se encontraron con los aviones modernos que Mussolini les prometió el 1º de julio de 1936, y que la República no pudo conocer, el golpe se convirtió en algo imparable. Quizá, si se hubiese descabezado a Mola, hubiera podido haber alguna posibilidad, pero las tres inspecciones que se le hicieron no sirvieron para nada.




Muy esclarecedora entrevista, gracias.
Gracias María Rosa por la excelente entrevista que le has hecho. La reforma militar de Azaña causo malestar y enemigos, no fue porque estuviera mal planteada, Era totalmente necesaria, pero según he me han contado, a los mandos que jubilo la mayoría eren de ideas republicanas. Otros que se jubilaron con la paga completa perdieron el complemento que tenían bajo mano por su actividad y este les puso desde el primer día en contra de la República. Un saludo,