El desafío transhumanista a la filosofía. Más interrogantes que respuestas

Julián Arroyo Pomeda||

Catedrático de Filosofía||

No podemos encontrar un asunto más interesante y de mayor actualidad. El libro “Cuerpos inadecuados”* trata de transhumanismo y del desafío a la filosofía que representa. Así se diferencia de otros dedicados solamente al tema técnico. Antonio Diéguez, Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Málaga, lo presenta, diciendo que el ser humano está en un soporte inadecuado, que es el cuerpo biológico, dado por la selección natural, y solo la tecnología podrá remediar tales deficiencias. Las tecnologías pueden mejorar a los humanos, permitiendo la rebelión contra su misma muerte. ¿Cuáles serán los efectos políticos y sociales de esto? Así eleva la técnica al tema de nuestro tiempo, yendo más allá del propio Ortega.

 

 

Nos encontramos en el tiempo de la incertidumbre, que el autor relaciona con la genética y la inteligencia artificial. Las tecnologías pueden modificar el genoma humano para curar enfermedades y mejorar sus rasgos característicos por otros nuevos. Este es el debate

El avance de las mejoras podría llegar a superar la muerte y aspirar a la inmortalidad. Este es el gran sueño. El plazo para conseguirlo será largo, pero podemos parar o ralentizar el envejecimiento y “esto es algo que está por ver” (página 73-4), aunque, si continúan los avances científicos, la posibilidad se hará una realidad, pero la pregunta es el sentido que pueda tener seguir viviendo entonces. Hemos oído más de una vez a una persona conocida que ya no quiere vivir más, o que querría morirse. Probablemente lo dice, porque ya no ve sentido a continuar aquí.

¿Se ha convertido ya el transhumanismo en una ideología? Parece que se pretende legitimar prácticas tecnológicas para producir cambios y mejoras en la especie. ¿Sería esto un contravalor? ¿Por qué habría de serlo? Se trata de controlar totalmente nuestra evolución con perspectivas de futuro. Cambiarían muchas cosas. No podríamos saber con precisión qué es lo natural y lo artificial. Tampoco podríamos separar lo vivo y lo no vivo. La mente sería solamente un factor informacional. Podríamos liberarnos de condicionamientos biológicos, entre otros del cuerpo, que constituye nuestra identidad. Seleccionaríamos únicamente lo positivo y sortearíamos los peligros y lo negativo. Mejoraríamos genéticamente. Nos convertiríamos en deterministas tecnológicos, lo que tocaría el anhelo de libertad. Tendríamos comportamientos excelsos, superando los límites éticos. La sociedad mejoraría, disfrutaríamos mucho y todo se convertiría en algo más valioso. Todos los mejoramientos producidos por las nuevas tecnologías deben ser aprovechados y las mejoras humanas ofrecerían una sociedad radicalmente cambiada. ¿Podríamos controlar las tecnologías que ofrecen las modificaciones? Difícilmente, porque estarían en manos de empresas privadas, sin que lo público pudiera entrar en ellas.

El gran problema es lo que pueda pasar con la naturaleza humana. Ya no se centraría todo en torno a ella. El enfrentamiento sería con aquellos que defienden que no se puede modificar, porque entonces cambiaría el comportamiento moral. ¿Su concepto es esencial y, por tanto, inmodificable con vistas a la normatividad?

Tampoco podría mantenerse tal y como está el concepto de dignidad humana, que quedaría manipulado, así como la legitimidad moral. No sólo serían modificados los seres humanos, también se darían tecnoanimales, se producían animales de diseño, organismos cibernéticos, o se recuperarían las especies ya extinguidas. Esta clase de mejoramientos tampoco serían negativos, aunque no todo puede ser aceptado necesariamente, pero la situación provoca incertidumbre.

En relación con la última idea, parece oportuno y hasta necesario plantear el en transhumanismo dentro de la pandemia. Esta nos ha puesto frente a la incertidumbre radical de la que estamos rodeados. Se pidió respuestas orientadoras, que muchos se han lanzado a proporcionar con carácter de urgencia. Se ha pedido certezas a la ciencia, que no las puede proporcionar, ciertamente. Estamos inundados por muchas actitudes irracionales, que vuelven a renacer. La gestión sanitaria ha recaído en los políticos que gobiernan y de este modo se ha desprestigiado la clase política

De nuevo, todos los ojos se han vuelto a la ciencia como la tecnología que puede ofrecer soluciones efectivas. Sin la creación de vacunas no estaríamos empezando a salir de la crisis. Las vacunas son efectivas y se han podido elaborar en un espacio de tiempo demasiado escaso. Todavía no acabamos de creérnoslo, pero ahí están, variadas y distintas, en las que se han empleado diferentes laboratorios. De no haber sido por ellas las muertes habrían aumentado mucho más todavía. Igualmente, no se mantienen ya los ideales de la inmortalidad, el sueño imposible que la hecatombe ha destruido por completo. La precariedad se ha impuesto sin remedio. Más que humanos de la modernidad, hemos estado próximos al mundo medieval. No ha pasado todavía y nada nos garantiza que no pueda volver todo con mayor intensidad.

Este libro ofrece una bibliografía muy extensa, la mayoría en inglés, pero en español también se va abriendo camino, aunque sea tarde.

*Diéguez, A. (2021). Cuerpos inadecuados. El desafío transhumanista a la filosofía. Barcelona: Herder, 214 páginas.



El principio establecido en Crónica Popular exige que, para que los autores de un comentario a un artículo, firmado con nombre y apellidos, vean publicado su comentario, deben firmar de igual modo el textos que nos envíe. En caso contrario, no se publicarán.
Y eso lo haremos aunque el comentario sea favorable al artículo: no se publicará ningún comentario si no va acompañado por la identificación personal de su autor.