Arturo del Villar||
Escritor, poeta, editor y periodista. Presidente del Colectivo Republicano Tercer Milenio||
Alarma en la República Francesa por la extensión del uso de la escritura inclusiva. Se utiliza el llamado punto intermedio para incluir a la vez el término masculino y el femenino, como en este ejemplo: auteur.trice.es, que incluye al autor y la autora y los autores y las autoras. La muy prestigiosa Academia Francesa hizo pública una advertencia en la que aseguraba que esta moda “representa un peligro mortal para el idioma”. Los senadores la han tomado en serio, y dedicaron la sesión del 6 de mayo a debatir el tema “Escritura inclusiva: lengua de exclusión o exclusión por la lengua”. Los partidarios y las partidarias de la inclusividad parecen estar de acuerdo con los académicos, conocidos popularmente como los inmortales, porque afirman que su aceptación marca el fin de una época, la de la masculinización del idioma. Otra Revolución Francesa como la de 1789.
También se ha inquietado el ministro de Educación Nacional, Jean—Michel Blanqueur, por lo que ha insertado una nota circular en el Bulletin Officiel, dirigida al personal del Ministerio y a los directores de academias (no menciona a las directoras), así como a los funcionarios de la Administración Central (no cita a las funcionarias). En ella explica con claridad cartesiana que el lenguaje inclusivo no aporta nada recomendable para la comunicación personal, sino que constituye un obstáculo para la lectura y la comprensión del escrito. Y su conclusión tenía que ser ésta, traducida:
“Conviene proscribir el recurso a la escritura llamada “inclusiva”, que utiliza especialmente el punto intermedio para que aparezcan simultáneamente las formas femenina y masculina de una palabra empleada en masculino cuando se utiliza en sentido genérico.”
Eso es lo que estamos haciendo los europeos desde que empezaron nuestros antepasados, hacia el siglo XIII de la era cristiana, a escribir en las lenguas nacionales. En este largo período se han compuesto notables obras en verso y en prosa, que todos los lectores comprendieron siempre en su tiempo, y nosotros también en el nuestro.
Ha sido necesario entrar en el siglo XXI para descubrir que toda esa enorme cantidad de escritura en los varios idiomas europeos se halla viciada por el lenguaje machista empleado por unos autores que considerábamos geniales, cuando ahora han descubierto algunos y algunas que Shakespeare, Petrarca, Rabelais, Goethe, Dostoyevski, nuestro Quevedo eran unos machistas despreciables, por lo que no deben volver a editarse sus obras, en evitación de que algunos aprendices de escritores las tomen como modelo a imitar.
Dado que Blanqueur es ministro de Educación, se interesa especialmente por el futuro de la enseñanza si cayera en esas manos inclusivistas, y expone sus argumentos con una lógica pascaliana de este modo:
“En el marco de la enseñanza, la conformidad con las reglas gramaticales y sintácticas es de rigor. Esta escritura constituye un obstáculo a la lectura y a la comprensión del escrito. La imposibilidad de transcribir oralmente los textos recurrentes a este tipo de grafía estorba la lectura en voz alta como la pronunciación y en consecuencia el aprendizaje, especialmente de los más jóvenes”.
Los ministros franceses tienen sentido común, el de los franceses, y velan por el cuidado de un bien general tan importante como es el lenguaje propio de la nación. Ellos saben hablar correctamente, y desean que los educandos aprendan a expresarse también con precisión y elegancia, dos notas imprescindibles hasta ahora para constituir un lenguaje literario digno de ser leído y traducido a otros idiomas.
A los ministros españoles les tiene sin cuidado cómo nos comunicamos, y ellos mismos emplean el lenguaje inclusivista, porque la oratoria política desapareció con las Cortes republicanas. La degradación del castellano es paralela a la del reino, está en crisis de valores.
A los que nos dedicamos a la tarea de escribir, ya en avanzado estado de extinción, nos va a resultar más sencillo hacerlo en el francés corriente que en el castellano inclusivo. Ya lo advirtió Lope de Vega en la época dorada de España: “El pueblo es necio, y pues lo paga es justo / hablarle en necio para darle gusto.” En necio o en inclusivo, que es lo mismo.



¡ Albricias ! Por fin desde la izquierda-izquierda alguien alza una voz tan contundente como fundada frente a esa manifestación de tontuna más que lingüística de la que hacen gala los que abrevan en la posmodernidad, casi siempre desconociendo -deben considerarla tan “antigua” como inútil- la contradicción fundamental derivada de la lucha de clases … ;, estoy pensando, por ejemplo, en “sindicalistas profesionales” de ambos sexos que jamás osan pronunciar palabras tan malsonantes como “explotación”, “internacionalismo”, “huelga”, “confrontación”, y muchas otras, es penoso verles aferrados a sus libros de estilo cual epítomes de esa “corrección política” que, cosa curiosa, nació y hace furor allá por Gringolandia. Y, amigo Arturo, por la posible reacción de “algunas/algunos” , son legión las amigas, conciudadanas, compañeras y camaradas que “están hasta … ” de tanta “política de género”.