Lidia Falcón O´Neill||
Abogada y escritora. Presidenta del Partido Feminista de España||
Ante la previsible concesión por parte del gobierno del indulto a los condenados por la sedición que protagonizaron los meses de septiembre y octubre de 2017 en Cataluña, las fuerzas políticas que se oponen a los independistas se han enfurecido. No comentaré la actitud de la derecha cuya afición a encarcelar a todo opositor conocemos. La reflexión que quiero hacer es sobre la postura de los no nacionalistas de izquierda, como ellos se precian de denominarse.
El indulto a los sediciosos de ERC, Junts y ANC, después de tres años de prisión, no tendría que tener la repercusión que se está provocando entre las filas de la izquierda. Siendo simplemente pragmática y no invocando los principios de la Ilustración contra las penas de encarcelamiento, que ocuparon todo el siglo XIX y casi el XX, que les han parecido ridículos y buenistas cuando me los han escuchado, quiero reclamar la respuesta a cuestiones que todavía no me han aclarado.
¿Qué beneficio obtendrá la sociedad catalana, la española y los sectores no independentistas de mantener en prisión a Oriol Junqueras y demás condenados? Cuando planteé esta pregunta en un debate que organizó el Partido Feminista de España –y este nombre me parece que es bastante significativo- con ilustres intelectuales antinacionalistas como Vicente Serrano y Teresa Freixes, no me contestaron. Fueron muy eruditos y prolijos en relatarme las maldades del separatismo, con las que estoy plenamente de acuerdo, y hacer un recorrido acertado del desdichado camino que hemos transitado hasta aquí, desde el más desdichado proyecto de Estatut de Maragall.
Pero bien enterada, y convencida, de que ese proyecto de separar Cataluña de España está pilotado, dirigido y financiado por la burguesía catalana, en una estrecha relación con el sionismo, de que tanto hacen gala los dirigentes de Convergencia, hoy Junts, sigo sin comprender qué beneficios obtendremos de tener en prisión a sus defensores años y años como dictamina la sentencia.
Yo añado que ese proyecto separatista entronca con el propósito de convertir a la Unión Europea en una miríada de estaditos sin poder ni relevancia, como han hecho con la antigua Yugoeslavia, que dirigen las potencias económicas multinacionales, para que sólo ellas dominen Europa.
Pero coincidiendo con la descripción de los avatares que desde finales del siglo XIX nos han conducido hasta aquí, con la doctrina del supremacismo catalán que tanto satisface a quienes la difunden, no entiendo cómo saldremos de este laberinto, que también es español, según la acertada descripción de Gerald Brenan, sólo por negarles el indulto a los condenados. Diríase que quienes se oponen rotundamente a la libertad de los sediciosos confían incondicionalmente en el poder mágico de la prisión… ¿para qué? Únicamente para darles el merecido castigo, porque no haremos cambiar de ideología a los independentistas, como bien sabemos. Y que desde una perspectiva democrática tampoco debemos pretender, como hacía la Inquisición.
Las razones para negarles el indulto que esgrimen, tanto el PP, como esos compañeros de trinchera, son jurídicas y de castigo ejemplar. Las jurídicas se tambalean cuando proclaman enfáticamente que hay que cumplir la ley y la sentencia, como si el indulto fuese un instrumento ilegal que se hubiese inventado el gobierno. Hay que recordarles que existe en nuestra Constitución y en la ley y que al ser una prerrogativa de gracia puede utilizarla el gobierno según su criterio. Con el que se puede discrepar, naturalmente, pero no calificar de ilegal porque eso es una falsedad.
Teniendo en cuenta que Junqueras, en su último artículo, ya ha retrocedido en su testaruda posición de mantenerla y no enmendarla, en el que viene a decir que se equivocaron con la farsa del referéndum del 1 de octubre del 17 y que ya no está por la labor, no se debe esperar que una vez liberado vuelva a las andadas. Sobre todo porque sabrá que el indulto se puede revertir si no cumple la condición necesaria de toda medida de gracia, que es no volver a reincidir en el delito.
A esta evidencia se añade que esta tozuda oposición a los indultos, que hace pública la derecha, únicamente la beneficia a ella. Porque si la insistente campaña del PP lleva a la ciudadanía a creer esos mensajes apocalípticos que difunde, con los que asegura que el PSOE es un traidor a la patria y está vendiendo España, y actuando en consecuencia vota en contra de los socialistas, el gobierno caerá en las manos del Partido Popular. Y a mi pregunta, ¿qué beneficio sacará la izquierda catalana no nacionalista de un gobierno de la derecha?, ninguno de mis contertulios me respondió.
Porque ellos mismos habían reconocido, en el diálogo anterior, que, de estar en el gobierno el PP, seguiría la misma política. Aznar fue el mejor socio de Pujol, y la no actuación de Rajoy nos llevó a la situación en que nos encontramos. Porque como la historia ya vivida nos ha enseñado, tanto el PSOE como el PP se apoyan, y se apoyarán, en los nacionalistas para mantenerse en el poder, sobre todo cuando sus fuerzas sean débiles. Y hoy tenemos un gobierno socialista mantenido en un inestable equilibrio gracias a los votos favorables de los independentistas catalanes. Darle una patada al pedestal en el que se ha subido Sánchez sólo significará que gobernará Casado y me gustaría que alguien me dijera que beneficio traerá su gobierno para la izquierda.
Quizá lo que prima en ese deseo de mantener en prisión a los sediciosos es la rabia que nos come a los que hemos aguantado, en esa tierra catalana, los desprecios, las humillaciones, el ninguneo, hasta los despidos, cuando viviendo y trabajando en Cataluña te has manifestado contra la ideología y los propósitos de los independistas que ocupan todos los puestos de poder. Pero esta reacción, bien humana, tiene mucho de emocional pero muy poco de política.
Si el indulto sirve para calmar los ánimos de los que cortan la Avenida Meridiana de Barcelona una vez a la semana desde hace más de un año, de los que queman contenedores con el beneplácito del gobierno y de la policía, de los sediciosos que siguen asegurando que lo volverán a hacer, comprobado que semejante testarudez no les ha salido gratis y que pueden volver a prisión, y además deslegitima las pretensiones de Puigdemont, que desde su exilio dorado quiere seguir rigiendo los destinos de Cataluña, vale la pena probarlo.
El pueblo catalán está cansado de esta contienda, que aunque los gobernantes aseguren que en ella participa toda la población se sabe que es mentira y que no más del 30% del electorado está a favor de continuarla. Hace pocos días Gabriel Rufíán afirmaba que no se puede declarar la independencia con la mitad de los catalanes en contra. Es evidente que ERC no quiere seguir la senda de Junts, que se plantea una actuación mucho más pragmática al estilo del PNV, porque si no ni gobernará ni seguirán en libertad sus dirigentes.
No sabemos qué va a suceder en un plazo inmediato ni mucho menos en un futuro más lejano, pero es mejor no arrepentirnos de haber negado el indulto para comprobar que se prosigue con este drama interminable. Al fin y al cabo, como repito, siempre se puede revertir, pero al menos que por nosotros no quede.
Madrid, 12 junio 2021.



Señora Falcón, con todo mi respeto (que se lo tengo), le contesto como persona de izquierdas no nacionalista. Creo que una futura victoria del PP sí tendría una cosa buena, quizá la única. Mostraría al PSOE (aunque no parece hacer autocrítica jamás) que gobernar mal se paga. Estoy cansado de que se me pida votar, como mal menor, a partidos que me ningunean, solo para evitar que gobiernen otros. Prefiero no votar a hacerlo tapándome la nariz. Si con ello gana un partido que no me gusta, mala suerte. Sería tan legal como, según usted, los indultos. En cuanto a su primera pregunta, los beneficios de mantener en prisión a los golpistas son exactamente los mismos que el de haberlos metido en ella. Si usted cree que no hay ningún beneficio, sería cuestión de plantearse si tiene sentido haberlos juzgado. Y si tiene sentido hacer leyes cuya transgresión se juzgará solo en función de los beneficios que puedan reportar hacerlo.
A día de hoy el único voto posible para la izquierda republicana es el Partido Feminista de España