María Rosa de Madariaga*||
Historiadora Autora de Marruecos, ese gran desconocido (Alianza)||
El Cultural ABC, 19 de julio de 2021.
La única experiencia colonial de España anterior a los acuerdos del 8 de abril de 1904, en virtud de los cuales, Francia dejaba a Gran Bretaña las manos libres en Egipto, a cambio de que Francia se las dejara a ella libres en Marruecos, estaba en América. Pero en el Norte de África se trataba de algo muy diferente. Conviene recordar que, de conformidad con el tratado de Protectorado, las atribuciones de la “potencia protectora” consistían en “prestar asistencia al gobierno marroquí”, cuya existencia se reconocía, pero no en suplantar sus poderes, convirtiendo al “país protegido” más en una colonia que en un protectorado. La ocupación militar de las regiones sometidas y el régimen de administración directa ejercido por los oficiales de la policía indígena hacían que la zona española se pareciera más a lo primero que a lo segundo.
La “política de atracción” de los jefes de las cabilas y de otros notables, consistente en la “compra de voluntades”, además de corrupta, resultó contraproducente: los beneficiarios se vendían al mejor postor y dejaban de ser “moros adictos” con la misma facilidad con que se habían convertido en tales. Puede que el carácter impulsivo e impetuoso del comandante general Fernández Silvestre influyera en el Desastre de Annual, pero yo creo que hay que atribuirlo más a las numerosas lacras que aquejaban al ejército español, como revela el Expediente Picasso, destinado a esclarecer las circunstancias que concurrieron en los sucesos de orden militar acaecidos en el territorio de la Comandancia General de Melilla en julio y agosto de 1921. El Desastre de Annual fue mucho más que la caída de una posición. Significó el derrumbamiento de todas las posiciones de la región oriental hasta las puertas de Melilla. El levantamiento de las cabilas del territorio sometido solo se produjo después de evacuados los puestos por los españoles. No fue, pues, ese levantamiento lo que provocó el abandono de las posiciones, sino al contrario. Fue tal el pánico de que se produjera, que no se pensó en otra cosa que en huir para salvar el pellejo.
La derrota del ejército español en Annual incrementó el prestigio de la resistencia rifeña, que se creía ahora capaz de hacer frente a un ejército europeo. De otro lado, las secuelas de la guerra del Rif pesarían como una losa sobre la política interior de España. El general Primo de Rivera, que ya había anulado, mediante un Decreto Ley en mayo de 1924 la normativa establecida en 1918 y 1922 para evitar los favoritismos y abusos por méritos de guerra, completó ese Decreto Ley con el Reglamento de Recompensas de abril de 1925, conforme al cual, éstas quedaban restablecidas. Los principales beneficiarios serían las fuerzas de choque por su destacada actuación en el desembarco de Alhucemas (8 de septiembre de 1925) y operaciones posteriores. Si el desastre de Annual había llevado a la dictadura de Primo de Rivera, sus secuelas a largo plazo causarían también su caída, arrastrando con ella a la monarquía. A su vez, la victoria sobre Abd el-Krim contribuyó a favorecer el poder de cierto sector del ejército, particularmente las fuerzas de choque, punta de lanza de los militares que se alzaron en 1936 contra la República.
*Miembro del Consejo de Redacción y Coordinadora del Consejo Editorial del semanario, la historiadora María Rosa de Madariaga Álvarez-Prida es autora de los libros España y el Rif. Crónica de una historia casi olvidada (1999), Los moros que trajo Franco. La intervención de tropas coloniales en la guerra (2002), En el barranco del lobo: Las guerras de Marruecos (2005), Abd el-Krim El Jatabi. La lucha por la independencia (2009) y Marruecos, ese gran desconocido. Breve historia del Protectorado español (2013).




En relacion con estos temas creo conveniente leer La saga del coronel Luis Torron, cuyo protagonista describe con gran detalle, aunque novelado, todo lo sucedido en Annual, antecedentes y consecuencias.