Un mural en Khan Younis, Gaza

Octavio Colis || Madrid.

Para mí, realizar en 1996 una pintura mural en el Palestinian Red Crescent Society Building de Khan Younis, al sur de Gaza, fue poner una pica en Flandes. Y si pude hacerlo fue por los esfuerzos mediadores de Fayeq Husein, alto ejecutivo del PRCS, y de Fathi Arafat, hermano menor de Yaseer Arafat y presidente entonces del RCS. Fathi era un optimista incorregible y creía que, como el futuro Estado Palestino llegaría pronto, se necesitarían artistas internacionales que introdujeran a los colegas palestinos en la realidad del mundo artístico internacional, ya que, hasta ese momento, el exiguo grupo de ese colectivo que residía en Palestina volcaba todos sus esfuerzos creativos al servicio de las reivindicaciones territoriales de su pueblo y a la denuncia de los abusos constantes de los ocupantes con la esperanza de ser recompensado por las autoridades palestinas. Fathi Arafat quería que aquellos artistas extranjeros que llevó a Gaza, yo entre ellos, condujeran a sus artistas hacia el mercado internacional, del que, por cierto, tenían todos una imagen muy reaccionaria e idealista. En viajes anteriores, Fathi me había presentado a la mayoría, si no a todos, los artistas visuales palestinos, con los que llegué a tener una cierta amistad: Tayseer Barakat, Souliman Mansour, Taleb Dweyk, Tayseer Sharaf, entre otros, que vivían una realidad artística completamente distorsionada por las circunstancias.

No sé si llegué más mareado que asustado y con la seguridad de que el material habría acabado peor que yo.

Llevé de Madrid casi todo el material necesario para la realización de la pintura. Después de mil peripecias para poder introducirlo en territorio israelí, el propio Fathi vino a recogerme a Jerusalén, porque preveíamos que el paso por la frontera de Gaza sería imposible si no nos acompañaba alguien como él. Yamal, el conductor de aquél todoterreno, nos llevó a tal velocidad a lo largo de toda la costa, por una arenosa comarcal paralela a la vía principal entre Gaza Ciudad y Khan Younis, que no sé si llegué más mareado que asustado y con la seguridad de que el material habría acabado peor que yo. Me instalaron en un apartamento cerca del edificio en el que iba a pintar y me presentaron al que iba a ser mi acompañante guardaespaldas durante todo el tiempo que permanecí en Khan Younis. Subhi Alhjaj, joven estudiante de arte en la Universidad de Gaza era un bigardo de dos metros y ciento y pico kilos de peso, que no me dejó solo ni un instante.

Lo primero que veía cada mañana al despertarme era su cara enorme mirándome fijamente. «Doctor —me decía—, nos tenemos que ir». Yo había protestado mil veces, «no me llames doctor», pero él aseguraba que, si no lo hacía, los obreros y los curiosos que siempre teníamos alrededor del andamio me faltarían al respeto. Y mucho más, reflexionaba él, por la enorme desconfianza que provocaba mi pintura. Había trazado el dibujo sobre la superficie que empotraríamos en el lugar elegido, una gran figura blanca montada en un caballo blanco, que yo había hecho pensando que representaba a Mahoma, aunque debí decir que era un guerrero palestino de las cruzadas, porque los censores de Hamás, estos sí que merodeaban constantemente a mi alrededor, no lo hubieran tolerado.

—Cuidado con las explicaciones, doctor, —me advertía Subhi—, no tiene por qué darlas.

Trabajé en condiciones lamentables, cortes constantes de agua y de luz (probé a llenarlo todo de velas y el movimiento de sombras era muy desconcertante), interrupciones habituales de estudiantes que se acercaban a enseñarme su trabajo artístico o simplemente cooperantes europeos expatriados que venían a fisgar. El edificio entero, un lugar multidisciplinar que albergaba un teatro, un hospital para niños, un museo de arte palestino, una escuela de cerámica, y un hotel de siete plantas, todo en el mismo bloque, vivía una actividad frenética porque había un día señalado para su inauguración y no se podía retrasar.

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Octavio Colis frente al mural que pintó en Khan Junis, Palestina. © Octavio Colis

Lo terminé a tiempo y avisé a Daniel Peral, corresponsal de TVE en Jerusalén, para que viniera a filmar la obra y la inauguración del edificio. No vino. Había hablado también con Henrique Cymmerman, corresponsal de Antena 3 en Oriente Medio, entre otras cosas, pero tampoco vino, como era de esperar, y no se presentó tampoco nadie de la embajada española en Tel Aviv, ni del consulado de Jerusalén. Sólo vinieron a verme Pamela O´Malley, y Gema Otero, invitadas al acto por el PRCS , con las que volví al día siguiente a Al Bireh, en Cisjordania.

Siempre me había intrigado la relación que podrían tener el raïs Abu Amar y su casquivano y frívolo hermano pequeño, Fathi. El día de la inauguración del edificio entero, vinieron el jefe y la ANP en pleno. Se instalaron en el escenario del teatro. Una certera luz, muy teatral, potenciaba la imagen carismática del Yaseer líder indiscutido. Sonó el himno palestino interpretado a la flauta por un joven discapacitado, víctima de la brutalidad israelí en los campamentos libaneses, y se nos pusieron a todos los pelos de punta. Luego, Fathi, en nombre del Creciente Rojo Internacional disertó sobre la cooperación y la sanidad en Palestina, agradeciendo a los europeos presentes su colaboración en la realización de aquél edificio que había sido un sueño para él durante muchos años. En un momento, la imagen de Yaseer se descompuso, había torcido el cuello para escuchar mejor el discurso de su hermano y entonces comprendí en qué estaba basada su relación, Fathi era el querido hermano pequeño.

Lo que más le gustaba en el mundo era viajar, y vivía en un mundo en el que carecía de libertad de movimientos para entrar o salir de Gaza, de su casa.

Después de los actos programados, el raïs visitó todas las estancias del edificio y nos saludó a todos. Al llegar a mí, yo estaba plantado frente a mi mural, escuchó las explicaciones de Fathi acerca de mi trabajo, sin duda muy cariñosas. Luego me miró y me alargó la mano, yo se la estreché, estaba fría, muy fría, y me dio la impresión de estrechar la mano de una estatua. Entre el público que nos rodeaba estaba Subhi, emocionado. Él pensaba que nunca más nos veríamos. Lo que más le gustaba en el mundo era viajar, y vivía en un mundo en el que carecía de libertad de movimientos para entrar o salir de Gaza, de su casa. Le regalé todo el material que había sobrado, todas las brochas y pinceles y todos los colores.

Y ahí se quedó el mural, en la sala de descanso de las plateas del teatro. Una pintura extraña al entorno, el gesto complejo de un artista extranjero que deja su graffiti lleno de colores contando una historia también extraña que nadie comprende, ni siquiera el autor. Quizá tampoco el cliente, Fathi Arafat sólo quería que su edificio tuviera el lujo que merecían los palestinos y que sus propios artistas vieran cómo se trabaja para el mercado, cómo se relacionan los artistas con sus clientes.

Me pagaron los viajes y la estancia, tanto en Gaza como en Cisjordania, no tuve que sacar un solo shékel del bolsillo, ni una sola vez. Le había dicho a Subhi que escribiera en árabe, junto a la firma, que aquel trabajo era un regalo del pueblo español al pueblo palestino. No cobré nada de dinero por aquel encargo. Me pareció que hubiese sido un abuso, los graffiteros nunca cobran sus trabajos, los graffiteros sólo son clientes de sí mismos. Así se lo dije a Fayeq Husein.

—Con este gesto tan hermoso te conviertes en un artista palestino más —me dijo—, gracias Abu Jaime.

Nos dieron una gran fiesta a los artistas occidentales y a los cooperantes en un hotel de la ciudad de Gaza y luego nos marchamos a Al Bireh, muy cerca de Rammallah, Pamela, Gema y yo en el coche de Fathi, conducido por Yamal, ese loco. Hace un par de años un misil israelí estalló en el edificio del PRCS, y creo que destrozó parte del mural. Me han dicho que lo desmontaron y lo llevaron a Rammallah. Nadie de los estamentos oficiales europeos se interesó nunca por él.

A todos los efectos no ha existido nunca.

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2 comentarios de “Un mural en Khan Younis, Gaza”

  1. patricia
    8 octubre, 2011 at 14:36

    Maravillosas historias que deben ser contadas y ser leidas….

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