Cultura y lucha contra el fascismo

Juan Antonio Hormigón*||

Ensayista, escritor, catedrático de la Real Academia de Arte Dramático y director de ADE||

(Muy pocos días antes de su fallecimiento, el pasado 15 de abril, Juan Antonio Hormigón, uno de los más grandes intelectuales de la España contemporánea y miembro del Consejo Editorial de Crónica Popular, había hecho su postrera intervención política pública. Tuvo lugar el pasado 23 de marzo de 2019, en el marco del “Encuentro por una cultura popular (Cultura contra el fascismo)”, celebrado en la Escuela de Relaciones Laborales de la UCM y organizado por el PCE, el partido al que perteneció durante la dictadura y en la democracia y por cuya militancia fue condenado en 1969 por el Tribunal de Orden Público. A esa intervención de Juan Antonio Hormigón corresponde el texto que reproduce ahora CRÓNICA POPULAR, que, con motivo de su desaparición, publicó los artículos “In memoriam: Juan Antonio Hormigón, estratega de la Cultura como bien social imprescindible”, de Rafael Fraguas, y “Juan Antonio Hormigón: teatro, cultura y compromiso político con mayúsculas”, de Rodrigo Vázquez de Prada, director de este semanario)

La primera pregunta que podemos hacernos consiste en establecer las diferencias entre el fascismo histórico y lo que hoy se manifiesta como tal, abierta o solapadamente. Porque en muchas ocasiones no es el fascismo en su expresión ritual o programática lo que se percibe, sino pronunciamientos y manifestaciones que englobamos bajo el paraguas de “extrema derecha”, no por esos menos perversos en el plano histórico y en la naturaleza de sus propuestas.

La diferencia más radical entre el fascismo en su periodo programático y ritualizado y el que hoy se produce, es que han desaparecido todos los guiños originarios sobre justicia social e igualitarismo, valor del trabajo, nacionalización de la banca, etc. No hay que olvidar que el fascismo no eludió incorporar conceptos como el de revolución e incluso socialismo, a sus títulos o terminologías.

Todo ello era consecuencia de que su primer objetivo era confrontarse y, en la medida de lo posible, destruir un pujante movimiento obrero, así como los partidos comunistas y socialdemócratas en ocasiones, que representaban una poderosa fuerza ascendente. Por ello confundió durante unos años a algunas gentes que no percibieron la barbarie que subyacía en sus entrañas, ni los intereses de defensa cerrada del capitalismo y de expansión militarista que guiaba su acciones y constituían sus objetivos reales.

Ahora, por el contrario, salvo en el caso del Frente Nacional francés, todos se pronuncian directamente y sin ambages, por la imposición de un neoliberalismo ilimitado, sin cortapisas, cuyo fin es la depredación sistemática del planeta y que las condiciones de vida de extensas capas de la población retrocedan, así como sus derechos, a los periodos oscuros de la humanidad. No existen ya subterfugios porque piensan, no los necesitan. Ni existe un pujante movimiento obrero ni partidos poderosos y cohesionados, con vigor militante, que se les confronte.

Me atrevo a afirmar que allí donde se anudan neoliberalismo y nacionalismo, el fascismo encuentra su caldo de cultivo propicio.

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En segundo lugar hay que recordar el papel de los medios de comunicación. Goebbels concibió un amplio sistema de información a fin de propalar la mentira hasta hacerla pasar por verdad. Los medios de comunicación en la actualidad que se inscriben en la órbita neoliberal, han llegado a la hipérbole de aquello. Juegan en todo esto un papel decisivo cuya finalidad no es sólo construir a partir de mentiras un realidad falsa, sino igualmente instaurarlas como realidades ciertas en amplias masas de población. Este mecanismo es a mi modo de ver la imposición de un fascismo global que ya no es de cuello blanco, porque ni cuello tiene.

Hace unos días tuve oportunidad de asistir a una comparecencia del director general de la OMPI, el señor Francis Gurry. Nos informó que en la técnica de fabricación de “falsas noticias” se ha llegado a niveles de sofisticación inauditos. Nos dijo que había visualizado un discurso de Obama, en el que decía todo lo contrario a lo que dijo en realidad, y todo parecía real. A mí me puso los pelos de punta y me hizo temer lo que pueden hacer con nosotros a base de la construcción de falsedades.

A este respecto, considero pertinente recordar lo que Brecht dedicó a esta misma cuestión en su Messingkauf:

“Han de saber ustedes que las causas de los padecimientos y de los peligros son ignoradas por los millones de seres humanos expuestos a esos padecimientos y a esos peligros“. Y añadía: “No son tantos los que ven con claridad los métodos con que se puede suprimir a los torturadores (también podría traducirse como “verdugos”). Los torturadores sólo podrán suprimirse cuando haya bastantes hombres que conozcan las causas de sus propios padecimientos y de los peligros que corren, que conozcan con exactitud el proceso, que conozcan los métodos para suprimir a los torturadores“.

Los grandes medios de comunicación parece que se dedican en cuerpo y alma a que las víctimas lleguen a considerar a los torturadores como sus amigos, y bastantes veces lo consiguen.

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Las tareas de la cultura contra el fascismo:

A mi modo de ver son varios los caminos por los que podemos adentrarnos:

- El primero es el de la denuncia que a su vez genere contrainformación, o información veraz y sopesada.

- Más importante a mi entender, pero más paulatino, es promover el cambio de mentalidad y creación de conciencia crítica.

- Todo ello supone sentirnos partícipes de una lucha ideológica que se ha abandonado como principio, de la que escasamente se habla, y que los adláteres del fascismo se permiten denominar como antigualla.

Todo ello precisa recuperar el valor intrínseco de la cultura como forma de civilidad y desarrollo de los seres humanos, rescatándola de su consideración como mercancía. En el sistema dominante todo tiende a ser considerado mercancía, también la cultura, también el teatro. Su valor radica, para los que Brecht denomina como torturadores o verdugos, en el volumen de ingresos que puedan generar, no en su valor intrínseco para mejorar la condición humana, sus capacidades de raciocinio, su disfrute sensitivo, su dimensión y responsabilidad cívica, su enriquecimiento personal o su dimensión crítica, etc. Esa reducción a mercancía de la producción artística contamina sus fines, sus modos de producirse, así como la condición de los sujetos que la llevan a cabo. Sin comprender y asumir este marco referencial no podremos enfrentarnos a la cuestión que nos ocupa.

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1 comentario de “Cultura y lucha contra el fascismo”

  1. Julio
    31 julio, 2019 at 20:49

    Los únicos regímenes fascistas que existen ahora es Cuba,Nicaragua ,Venezuela,Bolivia,Corea del Norte y no incluyo China aunque es un régimen autoritario pero es un imperio económico al servicio del pueblo basado en el progreso económico y la competividad.

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